Crónicas

'El Piragüero' no tiene todavía su carro e' raspao

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En la tercera crónica de los «hombres de hierro», un vendedor sueña con conseguir su propio carro de raspao.
Por: Francisco Figueroa Turcios
«Me está ocurriendo como cuando uno hace un crédito bancario para comprar una vivienda: la termina pagando tres veces. La diferencia es que al final, si hay final, es que la casa queda a nombre del titular; en cambio a mí, no hay la mínima esperanza que el carro termine siendo mío».
Carlos ‘El Piragüero’ Hurtado, lleva 15 años pagando el alquiler de su carro e’ raspao. No ha tenido la fuerza económica para comprarlo, mucho menos para mandar a fabricar uno nuevo. Debe pagar 5 mil pesos diarios por el alquiler y ya sacó sus cuentas: jamás podrá comprar uno con el fruto de su trabajo.
Las cuentas raspadas
«Al día de hoy fabricar un carro de raspao está costando 1 millón de pesos. La bicicleta en Ciclo-Martínez cuesta 150 mil pesos, el corta hielo en Maicao está en 300 mil pesos y el caparazón del carro lo fabrican en 550 mil pesos. Sume y le da 1 millón de pesos. Para mí es mucha plata».
Además de pagar  5 mil pesos diarios debe responder por el mantenimiento del carro; como lleva 15 años usando el mismo carro, últimamente le ha tocado sacar plata de la venta para arreglarlo. «La semana pasada se me partió el caballo y me tocó pagar 20 mil pesos. Cada día le sale un achaque».
‘El Piragüero’ de Nueva York 
Carlos lleva 36 años ganándose el pan de cada día vendiendo raspa’o por las calles de Barranquilla. Todos lo conocen con el apodo de ‘El Piragüero’ desde que salió la canción de la autoría de Ramón Rodríguez, interpretada por el Conjunto Clásico con la voz de Tito Nieves. En esa canción se le hace un homenaje a los puertorriqueños – o ‘boricuas’ – que venden raspa’o.
Un verano en Nueva York es buenísimo para vender raspao, los ‘piragüeros’ se preparan especialmente para esa época del año. En Barranquilla parecería ser mucho mejor, considerando que en esta ciudad hace mucho calor casi todo el año. Pero Carlos vuelve a sacar cuentas y a las cosas le salen nubarrones.
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«A este negocio hay que invertirle. Tiene gastos fijos que suman 32 mil pesos diarios. De arrancada el  banderazo del alquiler que son 5 mil pesos; medio bloque de hielo,15 mil pesos; cada tarro de esencias (llevo cuatro con sabores a tamarindo, limón, cola con leche y maracuyá) lo prepara mi mujer, sale por 3 mil pesos, es decir que son 12 mil pesos; el pote de ‘Lecherita’, 8 mil pesos; y finalmente, entre vasos y pitillos, 3 mil pesos.Hay que darle duro para sacar el billete de la inversión para llevar algo a casa».
Ruta fija
Carlos vive en el barrio Ciudad Modesto. Al amanecer se dirige al Barrio Abajo, a recoger el carro de raspao. Luego, la primera parada de su ruta diaria es en las instalaciones de Coldeportes. «Casi siempre hay deportistas entrenando, yo aprovecho para hidratarlos». Luego sigue al Colegio Nacional de Comercio, en el primer recreo de los estudiantes; luego se traslada a la sede de El Espectador y de allí, como a la una de la tarde, aparece vendiendo en el colegio Sagrado Corazón. A las dos termina el recorrido en el colegio El Nuevo Prado.
OLYMPUS DIGITAL CAMERA«Si logro vender todo me regreso a entregar el carro; sino, me toca el puerta a puerta tocando la corneta para que salgan los pelaos a comprarme. Y si al final no termino de vender, por la lluvia o porque no hay pelaos en la calle, me ‘enhueso’ con el hielo, la plata se me convierte en agua».
El sueño de ‘El Piragüero’
A los 76 años, Carlos quiere tener su propio carro de raspao. Difícil que lo obtenga con el sudor de su frente, si lleva 36 años trabajando y no lo ha podido comprar porque lo que gana es para solventar los gastos de  su familia.
A su edad debe empujar el carro por las calles de Barranquilla y, aunque le quemen los soles caniculares, siempre pide que no llueva para poder vender. Este no es un verano en Nueva York.
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