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Otro misterio alrededor de la vida de los Kennedy

Investigadores privados aseguran que John John, el hijo del asesinado presidente de Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, está vivo y vive camuflado junto con su esposa,

Por Chachareros/TN/Ricardo Canaletti

Sí, aunque José Saramago ponga en boca de Caín que “ya estoy cansado de esa cháchara de que los designios de Dios son inescrutables”, no queda duda de los misterios de ciertos sucesos que carecen de explicación alguna por sus coincidencias, por los hilos invisibles que los amarran y por la repetición exacta de personajes, su sangre fría para matar y su trágico final.

Por estos días, en medio del reguero de muertos que deja a su paso por todos los rincones del mundo el Coronavirus, sin duda alguna fermentado por mentes criminales y siniestras, salta a los primeros planos de las plataformas digitales series como ‘Matarife’ y un interesante video sobre el mito que sigue vivo acerca del magnicidio del presidente de Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, (ocurrido en las calles de Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963), la reaparición de una versión según la cual su hijo John John Jr., muchos años después, planeó una falsa muerte junto con su novia, para perpetrar un plan meticuloso para desentrañar el submundo criminal que se mueve por debajo de las entrañas de los estadounidense, hombres multimillonarios, con todo el poder del mundo, intocables, e inmunes a toda acusación sobre conspiraciones del tamaño de planear el asesinato de un Presidente de la República, fomentar y hacer que el Estado se embarque en guerras que benefician a esos criminales del submundo gringo, y mantener activa algún tipo de trama mafiosa, como el mercado subterráneo de las drogas sicotrópicas, en donde los capos cargaladrillos colombianos sirven de imbéciles mulas, les ponen el polvo en las calles de las principales ciudades norteamericanas y europeas, y ‘las subterráneas fuerzas del mal’ son las que se llevan casi todo el dinero que produce ese sucio negocio. A Colombia y demás países cultivadores y exportadores solo les quedan los cementerios y las fosas comunes llenas de muertos, y los matarifes capos criollos matando a diestra y siniestra para mantenerles el negocio a la mafia negra gringa y las narices empolvadas a los ‘periqueros’ de allá.

John John Jr., el único hijo barón que tuvieron Jacqueline y John Fitzgerald Kennedy .El segundo hijo fue la pechichona Caroline.. A Jonh John se le recuerda por la histórica foto a sus cuatro años de edad saludando, al estilo militar el paso del cadáver de su padre.

Coinciden estos extraños episodios con la actitud inexplicable de un policía que le pone la rodilla en la nuca a un indefenso ciudadano negro simplemente por la queja de una sicópata empleada de un almacén que se asustó porque vio al moreno parado frente a su vitrina, y, como casi todo hombre de su raza, se le abultaba ‘algo’ en las partes genitales y ella, ‘ingenuamente’, pensó que se trataba de un arma para cometer un asalto.

Asesinato cruel y cobarde que, por supuesto, generó una de las pocas enormes revueltas de la sociedad civil de Estados Unidos de cabo a rabo en el país. Fue de tanta crudeza y violencia la reacción de negros y blancos, que hasta el propio presidente Donald Trump, a pesar de que siempre vive con cara de ‘machote’, se aculilló, y, por primera vez en muchos años, un presidente del país supuestamente más poderoso del mundo, se escondió en lo más profundo del bunker de la Casa Blanca, en donde no entra ni un cohete de los marcianos, ni una ojiva atómica.

De Cuba a Colombia

Todos los indicios conducen a que fue la mafia siciliana la responsable del magnicidio de John F. Kennedy, y se sindica a Sam Giancana de haber dirigido las operaciones como autor intelectual.

La trágica historia de Colombia con la marihuana primero, y luego con la coca, comenzó cuando Estados Unidos legalizó la fabricación, comercialización y venta libre del alcohol. Cuando era una actividad ilícita, era una de las enormes fuentes de fortuna de las mafias sicilianas e irlandeses asentadas en Estados Unidos. Cuando se legalizó el licor, como los cerdos a comer el estiércol del barril, buscaron otra fuente de fortuna. Fue entonces cuando se les apareció la virgen con el negocio de la marihuana, la coca y la prostitución, para lo cual establecieron, como la base de sus operaciones, la isla de Cuba, presidida entonces por un títere puesto por la mafia gringa.

Empezaron a montar hoteles, casinos, moteles y tráfico de droga de manera casi pública, sin Dios ni ley.

Uno de los más sanguinarios jefes de la mafia siciliana que trasladó sus cuarteles de mercenarios y subalternos de operaciones fue Sam Giancana. Según sus biógrafos, hijo de inmigrantes italianos, poco se conoce de la vida de este matón que estuvo vinculado con los complots, contrabandos y asesinatos más resonantes en la historia criminal de los Estados Unidos.

Se sabe que comenzó como sacamicas de otros capos. Fue hombre de Capone. Dicen que mandó matar a Marilyn Monroe y que participó del crimen de John Kennedy.

En 1923, Sam “Mooney” Giancana era un chico de 15 años al que le gustaba pasearse por Chicago con alguna chica colgada del brazo. Llevaba un puñal en la cintura y un revólver en cada bolsillo del sobretodo negro, abrigo que le quedaba tan grande que no se le veían las manos.

Su padre, Antonio, un siciliano que vendía frutas y verduras en la calle con su carro, le decía a todo el mundo que su hijo era una desgracia, que él no había criado a un “matoncito” y que su familia era honesta y trabajadora. Al fin, lo echó de casa. Pero “Mooney” volvió. Antonio, al verlo, se preparó para darle una nueva paliza con su cinturón. Cuando se acercó, “Mooney” lo rodeó y apoyó un puñal en la garganta de su papá. “Desde ahora, vas a hacer lo que te diga. Nunca olvides que te perdoné la vida. Si lo olvidás, te mato.”

Asesino de la mano negra

A esa edad, Sam Giancana se convirtió en el jefe de su familia y, además, en un asesino de la Mano Negra, una banda mafiosa que en Chicago comandaba Joe Espósito.

Por esos años escuchó por primera vez el nombre de Joseph “Joe” Kennedy, el padre de quien sería presidente del país. La Banda Púrpura, un grupo violentísimo de la mafia judía de Detroit, quería matarlo porque no le había dado su parte en un negocio de contrabando de licor. Kennedy, desesperado, acudió a Espósito, es decir a la Mano Negra, que hizo una llamada y así le salvó la vida.

A los 21 años Giancana pasó a la banda de Al Capone y se lo señala como uno de los matones que participaron en la Masacre del Día de San Valentín, el 14 de febrero de 1929, donde siete gángsters rivales de Capone fueron acribillados en un depósito de Chicago.

Cuando Capone fue a la cárcel, ya en 1931, “Mooney” se unió a Murray Humphreys, un experto en operaciones sindicales. Como la ley seca (la que impedía fabricar, comercializar y consumir bebidas alcohólicas) estaba por terminar y el contrabando de licor dejaría de ser negocio, la Cosa Nostra buscaba nuevas posibilidades.

Humphreys le mostró la importancia de controlar a los trabajadores ya fuera por medio de la violencia o por la amenaza del despido. Podían disponer de la cuota sindical y, a la vez, los empresarios les pagaban para evitarse problemas con los trabajadores. Todo esto les daba el poder de dirigir los esfuerzos de los obreros en apoyo de cualquier proyecto, por ejemplo, manipular elecciones.

Maten a Castro

Giancana, que cada vez era más fuerte en Chicago, se relacionó personalmente con los socios de Nueva York, “Lucky” Luciano, Meyer Lansky y Frank Costello. A propuesta de Lansky, invirtieron en Cuba. Pronto la isla se convirtió en la puerta de entrada de droga hacia los Estados Unidos. Hasta la CIA se asoció al negocio de la heroína y al blanqueo de las ganancias que luego se usaba en sobornos políticos.

El éxito de la revolución de Fidel Castro en 1959 fue un gran problema financiero para los hombres de la Cosa Nostra. Todos perdieron millones. Se dijo que la CIA le pidió a Giancana que preparase un plan para envenenar a Fidel y, también, que entrenase a los anticastristas que querían retomar el poder.

Giancana estaba metido en estos asuntos cuando un pedido de auxilio lo hizo olvidar momentáneamente a Cuba. Era Joe Kennedy, el viejo contrabandista de whisky, que quería que sus antiguos amigos lo ayudasen para que su hijo John (JFK) ganara la presidencia del país en las elecciones de 1960. Sam, loco de ambición, puso dinero y dirigió a los sindicatos. Al final JFK llegó a la Casa Blanca y “Mooney” y toda la mafia creyeron que eran dueños de un presidente.

Kennedy se convirtió así en uno de los Presidentes más jóvenes que ha tenido Estados Unidos. Llegó a la Casa Blanca a los 43 años, apenas un año mayor del menor de todos.Theodore Roosevelt, el hombre que le robó a Colombia el Estado de Panamá. en noviembre de 1903. Fue un robo descarado  sin disparar un matasuegra.

Pero entonces Joe ya no atendió más el teléfono, JFK dejó de recibir a sus enviados y su hermano Robert, secretario de Justicia, inició una campaña antimafia. Sam se sintió traicionado.

Amistades peligrosas

Cosa Nostra se había interesado en JFK en muchos sentidos. Por medio de productores de cine como Joseph Shenck y figuras como el cantante Frank Sinatra, ligados a Giancana y al mafioso de Nueva York Carlo Gambino, los Kennedy disfrutaban de fiestas y reuniones en Hollywood y de la compañía de hermosas actrices.

Los turbulentos romances de Marilyn Monroe con JFK y con su hermano Robert Kennedy, con Frank Sinatra como Celestino, encomendado por Sam Giancana.

Marilyn Monroe frecuentó a JFK y luego a Robert Kennedy, pero en 1962 ambos la evitaban. “No soy un pedazo de carne”, gritó ella. En la cima de su fama, la actriz vivía un caos emocional. En julio amenazó con destapar su relación con los hermanos y, además, los secretos políticos que ambos le confiaban en la alcoba. Al parecer, ninguno de ellos podía mantener la boca cerrada en la intimidad con una mujer, lo que provocó una insólita competencia entre la CIA, el FBI y la mafia para ver quién tenía más micrófonos ocultos en las casas de las amantes de los Kennedy.

Giancana, que llamaba a Sinatra “ese cafishio”, le ordenó que invitara a Marilyn al hotel Cal Neva, en el lago Tahoe. Sinatra la convenció diciéndole que estaría Robert Kennedy y le mandó su avión privado. La noche del sábado 26 de julio de 1962, la emborracharon y la drogaron. En una habitación se tomaron unas fotografías donde se la veía desnuda en la cama haciendo poses. Estaba con unos hombres cuyos rostros no se distinguían, salvo el de “Mooney”.

Marilyn Monroe y Frank Sinatra

Al otro día, humillada de la peor manera, Sinatra le recomendó tener la boca cerrada sobre los Kennedy y la chantajeó con las fotografías.

Pero “Mooney” no estaba conforme. Hombres de la CIA le dijeron que el sábado 4 de agosto Robert Kennedy iría a verla a su casa de Los Ángeles para romper definitivamente con ella. Sam, según contaron sus familiares 30 años después en el libro «Fuego Cruzado», planeó asesinarla e implicar a Robert.

Mandó cuatro hombres a lo de Marilyn, un asesino de Kansas, otro de Detroit, al mando de su matón de confianza, “Needle” Gianola. Cuando Robert se fue por la noche, entraron, la sujetaron y le aplicaron un supositorio con veneno.

El plan de Giancana falló. La versión dice que Robert Kennedy se fue luego de una violenta discusión con Marilyn, que ya había tomado sedantes y alcohol, pero antes de retirarse hizo que los hombres del servicio secreto borraran todo rastro de su paso por la casa de la actriz. Oficialmente se dijo que Marilyn se suicidó con barbitúricos. El forense, para comprobarlo, pidió un examen de las vísceras. Le contestaron que se habían destruido “por accidente”.

JFK

La pareja más famosa en los años 50 y 60 en el mundo de las revista del corazón lo fue, sin duda, la conformada por la fotógrafa Jacqueline Lee Bouvier (su nombre de soltera), y John Fitzgerald Kennedy.

Quince meses después de la muerte de Marilyn, JFK fue asesinado en Dallas y la larga sombra de Giancana apareció sobre el atentado. El gángster solía hacer un singular comentario cuando alguien hablaba del único detenido, Lee Harvey Oswald. Sam decía: “Como Zangara”.

En 1933, el italiano Zangara fue arrestado por matar al alcalde de Chicago, Anton Cermac. Se dijo que Zangara era un fanático político y se descartó una conspiración. Pero Zangara era un contrabandista endeudado con la mafia y dispuesto a poner la cara para cualquier cosa si así se lo ordenaban.

Oswald afirmó que era un “chivo expiatorio”. No pudo declarar más. Fue asesinado, mientras se encontraba detenido, por Jack Ruby, el dueño de un cabaret con contactos con la mafia. Nadie pudo explicar jamás cómo hizo Ruby, quien era un mercenario de emergencia de Giancana y estaba condenado a muerte por un cáncer prostático, para burlar la guardia y llegar hasta Oswald mientras lo trasladaban.

Giancana había sido mencionado por la prensa en casi todos los asuntos sucios de la política estadounidense de esos años. Tanta publicidad disgustaba a sus socios de la Cosa Nostra. Por su seguridad, “Mooney” se fue a México en 1966.

Recién en 1974, por una investigación del Congreso sobre los lazos de la CIA con el hampa, Sam fue deportado. Hizo una declaración insustancial y quedó libre, aunque fue citado nuevamente.

La noche del 19 de julio de 1975 “Mooney”, de 67 años, estaba en su casa de Chicago. Freía salchichas con ajo en una sartén y fumaba un puro. El asesino le apoyó el revólver calibre 22 en la nuca y disparó. Sam fue hacia adelante y luego hacia atrás, boca arriba. Se esforzó por respirar, pero sólo tragó su propia sangre. El asesino puso el cañón en la boca y volvió a disparar. Luego lo colocó en el mentón y tiró cinco veces más. No se encontró ninguna entrada forzada y se pensó que el asesino, tal vez, estaba invitado a cenar. Un mensaje profético para los ‘Mooney’’ Giancana colombianos que se ufanan de estar cubiertos con teflón, tarde o temprano se les aparece el diablo con una pistola que traspasa ese teflón y todo lo que tengan encima. Y entonces se les acaba la fiesta en medio de los ríos de sangre. Entonces aparecen las verdaderas historias como la de la muerte de ‘Ñeñe’ en Brasil, dizque en un atraco para robarle un reloj Rolex, cuando,  según fuentes de la DEA, Hernández había acordado con esa agencia la vía más segura (Brasil), para esquivar a ‘sus amigos’ colombianos que ya lo habían sentenciado a muerte por varias razones, para entregarse a la agencia antidrogas estadounidense, para cantar como el pájaro cardenal que nunca se cansa, en procura de rebaja de pena y cambiar de vida bajo otro nombre. Le fracasó el plan.

 

 

 

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