Es el primer barranquillero en ganar tres etapas y una camiseta en la Vuelta a Colombia (Serie: Historia de un héroe)
Por: Francisco Figueroa Turcios
Álvaro Torres, ex-presidente de la Liga de Ciclismo del Atlántico, echó a rodar los recuerdos de cómo conoció al pedalista barranquillero, mientras don Luis Soto, padre de Nelson ‘Huracán’ Soto, evocó momentos en que él llegó a Barranquilla.
Ambos están sentados en unas sillas de mimbre, de espaldas a una calle angosta del barrio Las Moras (Soledad). Al lado de ellos, sobre el piso de cemento de la amplia terraza, un radio pequeño, con música de fondo, anima la conversación.
Álvaro Torres comienza el ameno diálogo de dos amigos a quienes los une la misma pasión: El ciclismo. «Me acordaba de la figura delgada recostada a la balaustra interior de la zona de seguridad del velódromo. Sereno esperaba el llamado del speaker para iniciar una de las tantas jornadas sabatinas de pista organizada por la Liga de Ciclismo del Atlántico en 2009, en la que participó Nelson», apunta Álvaro Torres.
Don Luis cuenta que llegó a Barranquilla a mediados de 1971 procedente de Manizales. Para subsistir hizo de todo, y en medio de sonrisas sostiene que los 12 pesos que ganaba diariamente, le alcanzaban para “medio vivir”.
Es vehemente cuando se refiere a un deporte que siempre ha sido para el más que una devoción, y expresa su enorme frustración por no haber sido ciclista competitivo.
Álvaro y Don Luis coinciden al referirse a la época en que el ciclismo era adornado por las transmisiones de las cadenas radiales Caracol, Todelar y RCN de la Vuelta a Colombia, cuyos locutores narraban la lucha encarnizada protagonizada por Roberto ‘Pajarito’ Buitrago, ‘Cochise’ Rodríguez, el ‘Ñato’ Suárez, Rubén Darío Gómez, Pedro J. Sánchez, Carlos Montoya, Pablo Hernández, Álvaro Pachón, Miguel Samaca, Alfonso Flórez Ortiz, Severo Hernández, Miguel Sumaca y otros tantos ciclistas que en las décadas del 60 y 70 eran nuestros ídolos.
El frente de la casa está protegido por el follaje de dos árboles de mango de cinco metros de alto por dos de ancho cada uno, sembrados hace mucho, que impiden la filtración de los rayos del sol cuando este comienza a ocultarse y, por consiguiente, hace que la tarde sea más bien fresca.
Don Luis no duda un solo instante en afirmar que el deporte fue lo mejor que le pudo pasar a su hijo. «Desde la vez que lo llevé al velódromo a presenciar un campeonato nacional de pista en el año 2009, supe que era esa la fórmula para evitar los problemas que casi a diario se le presentaban. Si no era por una cosa, era por otra, pero siempre vivía en medio de la incertidumbre por las quejas constantes de mis vecinos», recalca Don Luis Soto.
Inicio de la carrera
Nelson Soto comenzó a practicar el ciclismo con una vieja bicicleta “panadera”, de color negro, propiedad de su padre. Con ella se arrimó al velódromo y encontró, desde entonces, a una persona que ha sido importante en la proyección internacional que hoy día tiene: José “Pepe” Caballero.
Es el mismo forjador de relumbrantes ciclistas de nuestro departamento, caso Gabriel Díaz, Jonathan Marín y Rodrigo Barros, quienes representaron a Colombia en campeonatos mundiales de pista en la categoría mayores, todos formados en un escenario que hoy día sufre la más grave tragedia desde su nacimiento en 1992 al ser desahuciado como escenario deportivo de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 2018, sin conocerse la razón cierta de tan descomunal y desacertada decisión que acaba con la vida de un recinto deportivo que ha encumbrado nuestro deporte en el ámbito internacional.
Alto, de piernas y brazos largos y contextura delegada, comenzó o rodar por la pista de 250 metros, 7 metros de ancho y una curvatura de radio de 20.140 grados sin temor alguno.
El vértigo, cuando salía de los peraltes para afrontar las dos rectas con una inclinación de 9 grados y una longitud de 45 metros cada una, era lo más alucinante en sus entrenamientos diarios en el escenario que se convirtió en su segunda casa. Su biotipo, más acorde a la ruta que a la pista, lo fue inclinando a pruebas de semifondo como el scratch y la prueba por puntos, aunque en la velocidad le iba bien.
«No todo fue fácil para Nelson. La falta de implementos y no tener recursos para participar en las carreras no doblegaron su sueño llegando, inclusive, a correr con bicicletas que prestaban personas que veían en él una figura promisoria del ciclismo colombiano», recuerda ‘Pepe’ Caballero.
Cada día que pasaba mostraba su talento. Sin embargo, aún no había sufrido el rigor de un deporte que no vaticina los momentos críticos a los cuales diariamente están expuestos por lo arriesgado que es su práctica. Y sucedió en un campeonato nacional de pista en Pereira cuando una aparatosa caída lo mantuvo inerme por un tiempo.
“El dolor y las laceraciones en todas partes del cuerpo me alejaron de los entrenamientos, y para colmo de males no hice el recorrido entre Pereira y Manizales, que es un tramo que pensaba transitar en homenaje a mi padre, que es de esa ciudad”, recuerda Nelson en medio de la nostalgia reflejada en su rostro. Los tropiezos son necesarios para labrar la ruta del triunfo, fue la conclusión que sacó de caída en el nacional de pista en Pereira.
Nelson Soto marca un hito en ciclismo de la Costa Atlántica al ganar tres etapas en la edición 67 de la Vuelta a Colombia, que sin duda será el de una carrera llenas de triunfos.















