Por: Sara Hernández Gómez – Talento Onda Juvenil
“La vida es un músculo con la fuerza suficiente para contraer todo su tiempo histórico”
El libro de los pasajes, Benjamín.
Cuando pensamos en el ser y todo lo que compone su identidad, también debemos pensar en el ser como un sujeto narrativo, y es que “lo que no se cuenta, no existe”, pero, ¿de qué manera contamos?
La acción de contar o narrar es fundamental para la formación de la identidad personal. Cuando contamos sobre nosotros mismos, le damos sentido y orden a nuestras experiencias y creamos una continuidad en nuestras vidas que del mismo modo le aporta coherencia. Sin contar, es decir, sin narrar, nuestra existencia se ve fragmentada en instantes y momentos fugaces que son olvido, es decir, que son nada.
Mirar hacia atrás y reconstruir lo que hicimos, es decir, lo que fuimos. Mirar este momento, y contar lo que es, es decir, lo que somos, nos permite despojarnos de la angustia que existe alrededor del tiempo y la historia. El qué vendrá, se convierte entonces en una preocupación menos. He escuchado alguna vez algo como “vive como si hoy fuera tu último día” ¿Pero qué sería de este último día, o de los anteriores, si no los contaste?
Estas preguntas nos ayudan a situarnos dentro de una historia más grande, comprendiendo nuestro lugar en el mundo y en la historia. Las historias crean vínculos entre las personas, cuando compartimos narrativas, también estamos construyendo comunidades y culturas, transmitimos creencias, valores, conocimientos y desarrollamos empatía y comprensión mutua porque estamos conectados por historias, estamos hilados por uno o varios eventos que de una u otra manera marcan y cambian nuestras vidas. La narrativa es, por tanto, un vehículo esencial para la cohesión social.
De la misma manera, la narración proporciona un sentido y un propósito a nuestras vidas. Ser algo, y ser parte de algo hace posible estructurar nuestras experiencias en forma de historias y encontrar significados en los eventos que de otro modo podrían parecer aleatorios o caóticos. Esta búsqueda de sentido es esencial para nuestra salud mental y bienestar.
En estos tiempos, donde la era digital reduce nuestras experiencias a breves impulsos de información, y datos cuantificables que intentan definirnos o contarnos, la narración actúa como una resistencia y nos ofrece un medio para reconfigurar las piezas en un todo significativo. Contar, narrar, es entonces una forma de contrarrestar la superficialidad y la dispersión de la era digital.
Contar historias es esa invitación sin costo para pensarnos y autoconocernos. Cuando nos narramos, no solo recordamos y documentamos, además, interpretamos y abrazamos nuestras acciones y decisiones. Incluso las historias que son difíciles de contar, justo ahí, en esas que nos hacen un nudo en la garganta, podemos librarnos del dolor y superarlo.
Finalmente, reivindicar la narración, es reconocer su papel central en la construcción de la identidad, la comprensión del tiempo, la creación de comunidad, la búsqueda de sentido, la resistencia a la fragmentación digital, la reflexión y la manera en la que podemos conocernos a nosotros mismos. La narración no es solo una herramienta de comunicación, sino una necesidad humana esencial para vivir una vida plena y significativa.











