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Narcisa Turcios: una vida que comenzó y terminó en abril

Por: Francisco Figueroa Turcios

Narcisa Turcios Seba, nuestra amada madre, nació y falleció en el mes de abril.

Abril se volvió sagrado en el calendario íntimo para Narcisa : abrió sus ojos a la vida el 4 de abril 1930, como si la lluvia primera le hubiera dado la bienvenida en Barranquilla, su tierra natal, y cerró su historia en Montería el 23 abril 2021, cuando el mismo mes, generoso y silencioso, nuestro señor Jesucristo la recogió en sus brazos.

Abril vio nacer a Narcisa Turcios y también la despidió, como si el tiempo, por respeto, hubiera decidido no sacarla nunca de su estación. Narcisa , cumpliría el 4 de abril 95 años y el 23 de abril contabiliza cinco años de haber partido, pero sigue intacta en cada recuerdo de sus hijos: Nira, Mabel, Celmira, Lavinia, Oscar , Omar y Francisco Figueroa Turcios.

Foto: Filocaris, Omar, Narcisa , Francisco y Òscar Figueroa Turcios

Hay historias familiares que parecen escritas por la casualidad, pero terminan adquiriendo la dimensión de un símbolo. En la vida de Narcisa Turcios y sus padres Filocaris Turcios y Flor María Seba hay un fenómeno tan extraño como conmovedor: nacieron y murieron en el mismo mes, como si el calendario hubiera decidido cerrar su ciclo exactamente donde comenzaron.

Filocaris Turcios, nació el 11 de diciembre de 1899 y falleció 24 de diciembre del año 1978 en vísperas de Navidad. Flor María Seba, abrió los ojos a la vida un 4 de junio 1899 y también se despidió en junio, el día 19 del año 1974 . Como una herencia invisible, Narcisa, Filocaris y Flor María parecieron cerrar su historia en el mismo portal del tiempo que los vio nacer.

Más allá de la coincidencia matemática, hay algo profundamente humano en estos ciclos. Las familias suelen heredar rasgos físicos, costumbres, apellidos o maneras de hablar; pero en los Turcios quedó también esa misteriosa sincronía con el calendario, una especie de pacto silencioso entre la vida y la memoria. Y quizás por eso abril, junio y diciembre dejaron de ser simples meses para convertirse en estaciones emocionales donde la ausencia y el recuerdo vuelven a sentarse a la mesa familiar.

Pasión por la política …

Narcisa no fue una mujer común. Fue de esas almas inquietas que parecían tener varias vidas en una sola. En la política, por ejemplo, no fue espectadora: fue voz, fue presencia, fue liderazgo en su querido Corozal, tierra también del dirigente Gustavo Dajer Chadid, donde su palabra tenía peso y su convicción abría caminos.

Cuando Narcisa llegó a Barranquilla, encontró en Alex Char no sólo un líder, sino un faro, alguien a quien admiraba y seguir con la fe intacta de quien cree en el progreso de la Capital del Atlántico. Narcisa no solo opinaba: sabía. Dominaba el terreno de la política y el deporte con la solvencia de quien se informa a diario, con disciplina casi sagrada.

La radio y la televisión eran sus aliadas, sus ventanas abiertas al mundo. Desde temprano absorbía cada noticia, cada análisis, cada voz. Y al caer la tarde, como obedeciendo a un ritual inquebrantable, a la una en punto sintonizaba la Emisora Atlántico para no perderse el programa satélite de Abel González Chávez, donde encontraba ese pulso regional que tanto le apasionaba.

Pasión por el deporte…

La radio y la televisión eran sus aliadas, sus ventanas abiertas al mundo. Desde temprano absorbía cada noticia, cada análisis, cada voz. Y al caer la tarde, como obedeciendo a un ritual inquebrantable, a la una en punto sintonizaba la Emisora Atlántico para no perderse el programa satélite de Abel González Chávez, donde encontraba ese pulso regional que tanto le apasionaba.

Ya en la noche, el día no terminaba sin su cita con el deporte: el programa El Alargue en Caracol Radio le ponía el broche final a su jornada, como si el mundo tuviera que pasar primero por sus oídos antes de quedarse en su memoria.

Pero si algo la hacía vibrar era el deporte. Tenía una memoria prodigiosa para los nombres, las hazañas y las historias. En el ciclismo, hablaba con autoridad de la Vuelta a Colombia y evocaba con admiración a su ídolo, Rafael Antonio Niño, como si cada pedalazo suyo aún resonara en el tiempo. No se perdía una sola etapa de las grandes vueltas europeas: el Tour de Francia, la Vuelta a España y el Giro de Italia eran citas sagradas con la emoción.

El fútbol era otra de sus trincheras afectivas. Fiel hasta el último aliento del Junior y la selección Colombia, sufría, celebraba y discutía como una hincha de las de antes. Y cuando miraba hacia Europa, sus colores eran los del FC Barcelona, equipo al que seguía con devoción casi familiar.

Y como buena caribeña, el béisbol también ocupaba un lugar especial en su vida. No perdonaba una visita al estadio Estadio Edgar Rentería, donde en cada juego de los Caimanes se convertía en fiesta y memoria compartida

Pasión por las novelas

Otra faceta entrañable de Narcisa Turcios era su amor por las telenovelas, ese refugio cotidiano donde la vida también se contaba en silencios, miradas y emociones desbordadas. Todo comenzó con Esmeralda, la historia que la atrapó para siempre y le abrió la puerta a un universo del que nunca quiso salir.

Desde entonces, organizaba sus días para no perderse sus novelas favoritas, como si en cada capítulo se jugara una parte del alma. Y cuando apareció el canal Novelas TV, el disfrute fue mayor: Narcisa se daba el lujo de revivir historias que ya había visto, pero que sentía siempre nuevas, porque para ella las emociones no tenían fecha de vencimiento.

La música otra pasión…

El arte y la cultura también encontraron en Narcisa Turcios un territorio fértil. No era una espectadora pasiva, sino una mujer que se dejaba atravesar por la emoción estética, por la palabra viva y el canto sentido.

Y si de música se trataba, y mi hermana Nira se encargaba de convertir los sueños en realidad, llevándola a recorrer ciudades enteras de Colombia con tal de no perderse un concierto. .

Así, Narcisa tuvo el privilegio de ver en primera fila a sus ídolos, de sentir en carne viva la voz de Juan Gabriel, la elegancia eterna de Rocío Dúrcal y la fuerza inconfundible de Vicente Fernández, sus tres grandes amores musicales. En cada canción, Narcisa no solo escuchaba: vivía, recordaba y volvía a ser.

En ese camino, su nieto Jorge Mario Sarmiento fue cómplice entrañable: juntos asistían a eventos musicales y culturales donde él, con orgullo y sensibilidad, hacía las veces de presentador o declamaba sus poesías, mientras ella lo miraba con los ojos llenos de futuro.

Gestora del carnaval…

Foto: Narcisa y Mabel Figueroa Turcios

Narcisa, fue gestora del carnaval de Corozal cuando la palabra gestión no se decía, pero se ejercía con el corazón y el liderazgo. En el barrio San Francisco sembró comunidad, tejió lazos y levantó con su voz y su ejemplo un espíritu festivo que trascendía generaciones.

Su casa no era solo hogar, era punto de encuentro, antesala de comparsas, taller de sueños y de coronas invisibles que luego se harían realidad. Porque ese liderazgo suyo, firme pero amoroso, tuvo eco en sus hijas: Mabel y Celmira, herederas de su carisma y su sentido de pertenencia.

Mabel alcanzó la corona como reina del carnaval de Corozal, mientras Celmira, con la misma gracia y temple, fue virreina. No fue casualidad: fue la prolongación natural de una mujer que entendió que el carnaval no era solo fiesta, sino identidad, memoria y orgullo de barrio.

Así, Narcisa Turcios no solo vivió el carnaval… lo parió , lo cultivó en su familia y lo dejó florecer en la historia viva de San Francisco.

El don de la palabra…

Foto: Raquel Vergara y Narcisa Turcios

Finalmente, Narcisa Turcios era, ante todo, una gran conversadora. Tenía el don de la palabra viva, esa que no se limita a contar sino que revive. Narraba sus historias con pelos y señales, como si cada detalle fuera una pieza imprescindible del recuerdo.

Podía repetirlas una y otra vez, y lejos de perder fuerza, ganaban matices, como si el tiempo no lograra borrar ni un ápice de lo vivido. En su voz, la memoria no era pasado: era presencia. Porque Narcisa no hablaba para recordar… hablaba para volver a vivir.

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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