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Hernando `Nando` Santos: del trabajo rural a la vocación docente

Por: Francisco Figueroa Turcios

Hay historias que no comienzan en las aulas, sino en la tierra áspera que se mete bajo las uñas y deja huellas que ni el tiempo borra. La de Hernando Rafael Nando Santos Moreno nace allí, en el campo, donde el sol cae sin tregua y el trabajo no admite pausas ni dudas.

Desde muy joven, Nando Santos caminó al lado de su padre, José Silvestre Santos entre surcos y jornadas interminables. Pero mientras sus manos aprendían el rigor de la tierra, su mente empezaba a dibujar otros horizontes. No fue una revelación repentina, sino un cansancio profundo, casi silencioso.

El día en que sus manos sangraron por el esfuerzo, comprendió —sin necesidad de testigos— que su destino no estaba anclado al campo. En voz baja, como quien le habla al futuro, se prometió estudiar, convertirse en profesional, cambiar el rumbo.

El anhelo de Nando Santos tenía nombre propio: ingeniería civil. Soñaba con levantar estructuras, con transformar espacios, con construir algo más que caminos de tierra. Sin embargo, la vida —caprichosa y dura— le atravesó una pérdida temprana: la muerte de su padre José Silvestre en el año 1973 cuando apenas cursaba quinto de bachillerato. Aquella ausencia no solo dejó un vacío emocional, sino también un peso que debió aprender a cargar.

«Mi madre, Ana Cristina Moreno quedó frente de la prole: 10 hijos. Noe Manuel, Nancy del Carmen, José Manuel, Alcira, Silvio Tulio, Esther María, Antonio Julio, Edilberto Rafael, Hernando Nando Manuel y Edgar Emiro Santos Moreno., por los que era difícil acceder a una profesional en una universidad privada» destaca Nando Santos.

En medio de la incertidumbre, la familia se convirtió en su primer sostén. José Manuel Santos, hermano le tendió la mano con 60 mil pesos para sacar la libreta militar, ese documento que, en muchos rincones de Colombia, abre puertas o al menos evita que se cierren. Fue un gesto pequeño en apariencia, pero decisivo en su camino.

Luego llegó el llamado desde Barranquilla. Su hermana, Esther María Santos, atenta y práctica, quiso saber hacia dónde apuntaban sus sueños. Nando, sin titubeos, respondió: ingeniería civil. Pero la realidad volvió a imponerse: en la Universidad del Atlántico no existía ese programa en ese momento. Y así, como quien se ve obligado a cambiar de ruta sin dejar de avanzar, eligió estudiar física y matematica.

Lo que pudo parecer una renuncia terminó siendo una revelación. Entre números, fórmulas y teorías, Nando encontró una nueva forma de construir: no con cemento y ladrillos, sino con conocimiento. Descubrió que enseñar también era edificar, que cada estudiante podía convertirse en una obra en proceso, en una estructura que se levanta con paciencia, disciplina y fe.

«Al recibir la noticia que no había la Facultad de Ingeniería Civil, tuve que echarle mano al plan B, elegí estudiar licenciatura en Física y matemática. En la Universidad del Atlántico donde no era fácil acceder y lo hice con un alto puntaje. Los 60 mil pesos que me regalo mi hermano José Manuel decidí tomarlos para viajar a Barranquilla para cumplir el sueño de ser un profesional y aplace sacar la libreta militar » recuerda Nando Santos sobre su incursión en la Universidad del Atlántico.

Con el tiempo, aquel joven que huía del campo terminó sembrando en otros. Se convirtió en docente, en guía, en voz que orienta. Su historia dejó de ser la de un sueño truncado para convertirse en la de una vocación encontrada.

» Me gradué como licenciado en Física y matemática el 6 de agosto de 1980.Y un mes más tarde, es decir el 6 de septiembre comencé a laborar en el Colegio María Inmaculada .

Dos años más tarde pase al cargo de coordinador y en el año 1994 asumí un nuevo reto profesional como rector donde permanecí hasta cuando salí pensionado el 21 de febrero 2021, Fue una experiencia laboral que me siento satisfecho porque desempeñé todos los cargos con responsabilidad y pasión por trasmitir mis conocimientos» reseña Nando Santos sobre su experiencia laboral.

Y así, entre pizarras y lecciones, Nando Santos entendió que hay caminos que no se eligen, sino que se revelan. Porque a veces la vida no te lleva a donde querías construir… sino a donde eres necesario para levantar a otros.

Después de pensionado volvió al campo

Hay historias que no se cuentan en línea recta, sino en círculos, como si el destino tuviera la costumbre de devolvernos —con otros ojos— a los lugares de donde quisimos escapar.

Cuando joven, Nando Santos llevaba entre ceja y ceja una promesa íntima: estudiar, convertirse en profesional, dejar atrás las manos agrietadas del campo que alguna vez le sangraron bajo el sol inclemente. La tierra, para él, era sinónimo de sacrificio prematuro, de jornadas largas y silenciosas que no parecían conducir a ningún sueño. Y entonces partió, con la convicción de que su vida estaría lejos de surcos y cosechas.

Los años hicieron su trabajo. La disciplina, los libros y la ciudad le dieron forma a ese proyecto que había sembrado en su juventud. Nando se convirtió en lo que soñó ser. Pero la vida, que nunca firma contratos definitivos, guardaba una ironía paciente.

Fue después de la jubilación, cuando el ruido de las obligaciones se apagó, que una voz cercana —la de su esposa, Nelly Pérez— sembró una nueva inquietud. No era una imposición, sino una sugerencia cargada de afecto: volver a la tierra, pero esta vez desde otro lugar. Así nació “Villa María”, una pequeña finca que no representaba el peso del pasado, sino la reconciliación con él.

Allí, donde antes hubo rechazo, hoy hay calma. Donde hubo cansancio, ahora hay contemplación. Nando no regresó al campo como quien retrocede, sino como quien entiende que la vida no siempre es huida, sino también retorno.

Y en esa parcela bautizada con nombre de hogar, se escribe una de esas ironías hermosas que solo el tiempo sabe redactar: que a veces, el destino no nos aleja de lo que somos, sino que nos da la vuelta completa para que, al final, aprendamos a abrazarlo.

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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