Por Jorge Guebely
«Quien conoce la Historia oficial, desconoce la realidad», dije al profe Olmedo Polanco quien insertó mi apreciación en uno de sus interesantes relatos históricos del Huila.
Cultiva ignorancia con informaciones falsas impuestas por el poder político, artificio empobrecido solo para brillar imágenes de poderosos. Sirve para exagerar hechos inanes del vencedor y desacreditar los de los del vencido. Historia ideologizada sin sensibilidad humana.
Rechazo la Historia de presidentes, generales y monarcas; también lo hacía Howard Zinn, buen historiador norteamericano. Creo más en la Historia contada desde el corazón de un pueblo, desde lo cotidiano a lo universal. Confío más en la Guernica de Picasso, las esculturas de San Agustín, los versos de Whitman. Encuentro más verosimilitud en La Vorágine para conocer la explotación de los caucheros de la Amazonía; en Cien años de soledad, para revivir la Historia colombiana.
Mientras el poder oculta sus vergüenzas y ensalza sus mentiras, el arte los devela. Disciplinas opuestas: el arte para ser arte debe ser sincero y profundo, la política para ser política deber ser hipócrita y banal. –Todo por mantener una actitud ética y patriótica, me barrieron del ambiente político-, declaró Rivera.
Angustias, miedos, esperanzas… torbellino de sentimientos y pensamientos en las obras de Arte, verdadera Historia del ser humano. Basta recordar a Balzac, un conservador, describió desde dentro y universalmente la sociedad francesa posterior a la caída de Napoleón. Lo hizo con visión crítica, develó sus falsos esplendores y sus verdaderas miserias. Sus personajes eran creíbles en lo social, económico, político y moral. Ninguna caricatura ni sumisión ante personajes poderosos, la marquesa de Beauséant apareció elegante y decadente.
Los lectores de Balzac ven y viven la lucha brutal por el poder; los desmanes del dinero, la farsa del estrato social, la manía de las apariencias, la entronización del arribismo… fuerzas rectoras de la vida cotidiana capitalista. Descubren las leyes, pavorosas telarañas donde se cuelan las grandes moscas y quedan atrapadas las pequeñas.
En sus páginas, resuena la hipócrita aristocracia con sus parásitos sostenidos por deudas, apariencias e intrigas. También el ascenso de la burguesía con sus personajes corruptos tan evolucionados hoy. En Papá Goriot, Vautrin aconseja al joven Rastignac: -Hay dos caminos abiertos ante ti: el camino de la mediocridad honesta o el del éxito sin escrúpulos-.
Marx, quien leía novelas en vez de Historia, en carta a Engels, dijo: -Balzac, a pesar de ser políticamente reaccionario, ha descrito con una penetración más profunda que todos los economistas, los mecanismos del capitalismo en la sociedad francesa-. Tenía razón, describió seres humanos, no muñecos patrióticos.











