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Miguel Patiño:extraordinaria travesía en el sector salud

Por: Francisco Figueroa Turcios

Hay seres humanos que parecen destinados a recorrer un solo camino. Otros, en cambio, nacen con el privilegio y el compromiso de dejar huella en distintos escenarios de la vida. Miguel Patiño Díazgranados pertenece a esa segunda estirpe.(Serie: Miguel Patiño, la travesía en tres caminos diferentes (1)

La historia de Miguel Patiño, no puede contarse únicamente desde los consultorios donde ejerció la medicina, ni desde los escenarios donde conquistó aplausos como voz líder de Las Estrellas Vallenatas, ni tampoco desde la Asamblea del Atlántico, donde representó los intereses de su comunidad como diputado. Su verdadera biografía se escribe en la suma de esas tres pasiones, unidas por un mismo propósito: servir al ser humano.

Miguel Patiño, el médico…

Miguel Patiño, graduado como médico de la Universidad Libre de Barranquilla, encontró en la ciencia la manera de aliviar el dolor físico. En 1988, cuando muchos médicos apenas comenzaban a descubrir el verdadero significado de su profesión, Miguel Patiño Díazgranados encontró en el Hospital de Repelón el escenario donde empezaría a escribir una de las historias más sobresalientes de la salud pública en el departamento del Atlántico.

Aquel hospital no solo le abrió sus puertas para cumplir el Servicio Social Obligatorio. También le entregó, casi de inmediato, una responsabilidad que pocos profesionales reciben al inicio de su carrera: dirigir la institución mientras, al mismo tiempo, ejercía como médico. Durante quince meses desempeñó ambas funciones, convencido de que administrar un hospital también era una forma de salvar vidas. Fue el primer gran examen de una trayectoria que apenas comenzaba.

En 1989, la Secretaría de Salud del Atlántico lo incorporó para coordinar programas de enfermedades específicas, entre ellas dos de las patologías que históricamente más preocuparon a la salud pública colombiana: la lepra y la tuberculosis. Durante ocho meses recorrió el departamento entendiendo que la medicina no terminaba en un consultorio, sino que también exigía prevención, educación y cercanía con las comunidades.

Desafío mucho mayor…

Foto: Padre Cirilo Swinne y Miguel Patiño

El destino le tenía reservado a Miguel Patiño, un desafío mucho mayor. En 1990 asumió la dirección del Hospital de Soledad, justo cuando el cólera irrumpía como una amenaza que sembraba temor en Colombia. Mientras la epidemia avanzaba, Miguel Patiño comprendió que no había espacio para el miedo. Había que actuar.

Bajo su liderazgo fueron atendidos cerca de 400 pacientes afectados por la enfermedad.El resultado fue extraordinario. Cero mortalidad.

En medio de aquella batalla hubo una historia que marcaría para siempre su carrera. La de Yssmin y su pequeño hijo, Miguel de Jesús, quienes llegaron al hospital al borde de la muerte. Contra todos los pronósticos, ambos sobrevivieron gracias a la rápida intervención del equipo médico encabezado por Patiño.

Aquella gesta trascendió las paredes del hospital. El reconocido periodista Ernesto McCausland encontró en esa historia el reflejo de una Costa Caribe que también sabía vencer la adversidad. La convirtió en un memorable reportaje para el programa Mundo Costeño, de Telecaribe, bajo el título «El cólera en los tiempos del doctor Patiño». Un trabajo periodístico que al año siguiente le otorgaría el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

Al mismo tiempo, el diario El Tiempo reconoció a Miguel Patiño como uno de los personajes destacados de 1991, elevando su nombre al escenario nacional.

Sin embargo, para él los reconocimientos nunca fueron la meta. Su verdadera satisfacción consistía en demostrar que la salud pública podía administrarse con eficiencia y sensibilidad humana. Ese principio volvió a ponerse a prueba en 1993.

Hospital de Sabanalarga, otro desafío…

Foto: Cesar Gaviria, Gustavo Bell y Miguel Patiño

El gobernador Gustavo Bell Lemus le encomendó una misión que muchos consideraban imposible: rescatar el Hospital de Sabanalarga, una institución golpeada por las dificultades económicas, administrativas y asistenciales.

Era, en palabras de quienes conocían su realidad, un hospital internado en cuidados intensivos. Miguel Patiño aceptó el reto.

Durante tres años impulsó una profunda transformación administrativa y financiera, fortaleció los servicios médicos y devolvió la confianza de la comunidad. Lo que parecía un hospital condenado al deterioro terminó convirtiéndose en un modelo de gestión reconocido a nivel nacional.

Aquella recuperación confirmó que su capacidad iba mucho más allá del ejercicio clínico. Más adelante, el gobernador Nelson Polo Hernández lo designó Director Departamental de Salud del Atlántico, justo cuando Colombia comenzaba a implementar la trascendental Ley 100 de 1993.

Era una época de incertidumbre para el sistema sanitario. Desde ese cargo lideró con éxito la puesta en marcha del régimen subsidiado mediante la entrega masiva de carnés de afiliación, acercando los servicios de salud a miles de familias que durante años habían permanecido excluidas.

Pero no se conformó con administrar el presente. Pensó en el futuro. Con el respaldo del entonces ministro de Salud, Augusto Galán Sarmiento, el apoyo de la representante a la Cámara y enfermera Inés Gómez de Vargas, y recursos provenientes del Banco Mundial, logró formular cincuenta y dos proyectos destinados a fortalecer la infraestructura y los servicios de salud del departamento.

Etapas más fructíferas de su vida pública…

En 1997 asumió fugazmente la dirección del Hospital Universitario. Sin embargo, entendió rápidamente que las nuevas circunstancias políticas no coincidían con su visión sobre la salud pública. Al percibir que el gobierno entrante de Rodolfo Espinosa Meola tenía prioridades distintas en ese campo, decidió dar un paso al costado.

Lejos de significar un retiro, aquella decisión abrió una nueva etapa. La Superintendencia Nacional de Salud lo convocó como agente interventor. Su primer gran desafío fue el Hospital Rosario Pumarejo de López, en Valledupar. Tras un exhaustivo diagnóstico, quedó claro que la recuperación de la institución requería un respaldo financiero que el departamento del Cesar no podía garantizar en ese momento. Ante esa realidad, el proceso fue suspendido.

Todavía le faltaba un último capítulo en la medicina. Miguel Patiño asumió entonces el desafío de convertir en realidad la Clínica de la Fundación Adelita de Char, en Soledad. Participó activamente en el desarrollo de un proyecto que nació con una profunda vocación social y que rápidamente se consolidó como una institución exitosa al servicio de la comunidad.

Cuando la clínica pasó posteriormente a manos privadas, sintió que había concluido un ciclo. Se despidió del ejercicio administrativo de la salud con la serenidad de quien sabe que cumplió su misión.Habían transcurrido años de hospitales, epidemias, reformas, rescates institucionales y proyectos transformadores.

Su legado ya no podía medirse únicamente por los cargos ocupados. Se medía por las vidas salvadas, por las instituciones recuperadas y por la esperanza que sembró en miles de familias del Atlántico.

Porque algunos médicos curan pacientes. Miguel Patiño Díazgranados también logró curar hospitales.

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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