En la era del posconflicto es la hora de la educación y la gaita en aquella promisoria tierra en donde se da en abundancia todo cuanto se cultiva.
Por Chachareros/Usaid
Juan Ruiz hoy estuviera haciendo morir de la risa a los ‘monos’ de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo (Usaid, por sus siglas en inglés United State Agency for International Development).
Sembrador de yuca, ñame, ajonjolí, batata, auyama, Juan contaba que cuando en los Montes de María la Alta había tigre de dos metros de largo y serpientes “que tenían la cabeza en Ovejas y el rabo en Morroa, yo me atravesaba toda esa montaña a media noche solitico, apenas con la candela de un tabaco prendío en la boca”.
José de Los Santos y él fueron los más prestigiosos curanderos de culebra que hubo en la región, mucho antes del curandero del Piñal, de Clemente Arroyo y Olimpo Olivera.
Ya de todos ellos, como de los Gaiteros de San Jacinto de Toño Fernáandez y Juan Chuchita no queda sino la leyenda, que es lo que ahora tratan de recoger grupos interdisciplinarios reunidos por la Usaid, dentro de su admirable labor de desarrollo social, con la Fundación Saldarriaga Concha en convenio con la Fundación Transformemos.
Estas entidades continúan trabajando en el proceso educativo de 363 estudiantes montemarianos, que en el primer semestre del año 2017 culminaron el proceso de alfabetización en ciclo 1 (grados 1º a 3º de la educación básica primaria) con el Sistema Interactivo Transformemos.
Durante el primer proceso de alfabetización en zona de posconflicto ha logrado cero deserción de estudiantes, pese a las circunstancias de vulnerabilidad; es por esto que motivados, por la gran recepción y ganas de transformar, se dio continuidad a los estudios de 336 montemarianos que hoy adelantan el segundo ciclo (grados 4º y 5º de la educación básica primaria).
Por invitación de los estudiantes de ciclo 2 de Los Palmitos municipio del departamento de Sucre en la Institución Educativa Santa Rosa de Lima, se llevó a cabo el primer encuentro cultural y gastronómico, que reunió a los 363 estudiantes, visibilizando la base de la identidad para vivir la historia y la cultura como conciencia colectiva y de perdón, en el goce de una canción, baile, copla, plato típico y otras expresiones culturales que los unió como uno solo, en los mismos ritmos y sabores de la vida que se perciben en similares ideales, amor, amistad, aceptación, paz y reconciliación.
Confirmando que en las antiguas zonas de conflicto pueden ponerse en marcha procesos educativos formales de calidad, regionalizados y haciendo uso de las nuevas tecnologías como la implementación del Sistema Interactivo Transformemos que es diseñado teniendo en cuenta las características culturales, sociales, geográficas y económicas de la población, respondiendo a las necesidades de las comunidades, buscando fortalecer sus potencialidades, recuperando elementos de una cultura diversa que habita en un contexto rico, por sus circunstancias históricas, literarias, musicales y turísticas.
En definitiva, la educación incluyente y de calidad nos da como resultado, el cultivar los valores ciudadanos y la apropiación de la riqueza cultural, que se vio afectada por el conflicto armado. Esta es una zona rica en una gama cultural que incluye la música, el baile, la posición, el repentismo, la sabiduría ancestral para curar algunas enfermedades con la flora y fauna de la región. Son poblaciones unidas por el cordón umbilical de dos tubérculos, (yuca y ñame), una música (la gaita), la gastronomía y las ganas enormes de vivir.











