Carlos Ischia fue el mejor ´ocho ocho´ en el historial de Junior.
Por: Javier Castell

Carlos Ischa, el mejor volante misto de Junior
No pudo ser mejor el número que los identificó-los identifica aún con los cambios en el lenguaje futbolero-. Hacia adelante muy cerca del 10, el creador, y hacia atrás muy cerca del 6, el recuperador. Por eso tienen muchas de las características de uno y otro.
Rueda de auxilio le dijeron, o le dicen, porque están disponibles para colaborarles a los de atrás y a los de adelante. Quitan, inician, conducen, asocian, acompañan, llegan y en algunos casos también anotan. Otros los bautizaron todocampistas. Y, realmente, les queda muy bien esa nominación. Su hábitat es todo el campo. Voy a mencionar los mejores que he visto en la historia de Junior. Dos con más énfasis en la calidad técnica y juego asociado. Y otros tres con un perfil más físico pero sin reparos técnicos, por supuesto.
Empiezo con los primeros. Carlos Monsalve. Aquel «gordito» que protegió el balón como nadie, que hizo del pase corto toda una religión, tenía todo el virtuosismo del 10, pero la humildad para ayudar en otras zonas. Iniciaba desde atrás, manejaba los tiempos requeridos de la jugada, se juntaba con los de arriba. Y su especialidad, hacer «túneles», nos deleitó. Inolvidable aquellos 7 que hizo ante News alls Boys en un enero de aquellos años en donde se hacían amistosos internacionales.

Sergio ´Flaco Cierra
Luego, Sergio «el flaco» Cierra (sí, con C). El todocampista con más goles que vi en Junior. Él, después, lo ratificó en todos los equipos en los que actuó en Colombia. Maestro del tiro libre. En un cuerpo donde no sobraba el músculo, él lo adiestró para el pase, para no colisionar, pensando y ejecutando más rápido. Y no quedarse estacionado en un solo lugar. Un ocho con alma de delantero. Ahora, sigo con los otros tres, quizá los que más concuerdan con la idea que tiene el imaginario colectivo del «clásico» volante ocho.
En su orden, de atrás hacia adelante. Jorge Bolaño. El Junior tuvo al más joven e impetuoso Bolaño. Su vitalidad superaba algún desordenado movimiento colectivo. A veces sin pausa, pero emocionante su despliegue, su recuperación y su conducción a máxima velocidad. Aparte de su muy buena técnica para el toque. Y con la personalidad heredada de Óscar, su padre, para llegar al Junior y muy rápido apoderarse de la titular, hasta cuando su brillante progresión futbolística (incluida la Selección Colombia) lo llevó a Europa.
Eduardo Solari. La síntesis de aquel Junior campeón de los «obreros»: Esfuerzo e inteligencia táctica. Equilibrio. Llenaba todo el campo por su ordenado andar y por su extraordinaria reserva física. Y mejoraba su ida y vuelta con sus zancadas largas. Y, por muy «serio» que siempre nos pareció su juego, a veces se tomaba un recreo e improvizaba jalar la pelota con la suela del zapato derecho y la levantaba con el izquierdo para entregarla por encima de la defensa rival aún con el balón en el aire.
Y, en mi opinión, el más «ocho ocho»: Carlos Ischia. Despliegue total. Entrega absoluta. Ida y vuelta interminable. Contagiaba con su generosa lucha y sus palabras de ánimo. Para Ischia, disputar un balón era todo un compromiso, suponía que en esa jugada se podía empezar a ganar el partido. Su gregarismo lo llevó a anteponer la lucha y el auxilio para sus compañeros, a sus virtudes más creativas que expuso en sus equipos en Argentina. Poseía un enganche que engañaba cuando pasaba a funciones de atacante. Le faltó el gol para acercarse a la excelencia.
PD: no podría quedar tranquilo si con lo que he leído y escuchado de amigos y familiares no dejo una mención al barranquillero Joaquín Pardo y al uruguayo Eliseo Álvarez: dos mediocampistas ocho formidables











