Sus mejores años los vivió en Diario del Caribe como Editora General
Por Rafael Sarmiento Coley
La mejor manera de rendir un justo homenaje póstumo a mí querida amiga y colega Lola Salcedo Castañeda es recordar un suceso histórico que vivimos juntos a mediados de los años 70 del siglo pasado. Lola era Editora General de Diario del Caribe y el suscrito Editor Deportivo. A Lola se le metió el tema de ir al estadio conmigo para ver cómo cubre un cronista deportivo esa jornada. Le advertí: no podrás entrar a todos los sitios que tengo que entrar porque está prohibido el ingreso de mujeres. Ella, siempre rebelde, ripostó: » Junior manejado por los nachistas talibanes, nojoda». Bueno, entremos, pués. Era el primer recorrido que haciamos los reporteros para verificar nómina, suplentes, cambios. Ese el momento en que los jugadores están desnudos bañándose o saliendo de las duchas. A esos camerinos del Romelo se accedía por un túnel oscuro y estrecho. Cuando estábamos en la boca del túnel para pasar al camerino se nos ha avalanzado el técnico José Varacka: «Pero, ché, Rafa ¿Te has vuelto loco? ¡Cómo se te ocurre venir al camerino con una mujer en momentos en todos los jugadores están desnudos». Lola se me anticipó: «Profesor Varacka, estoy segura de que usted no ha visto a más hombres encueros que yo». En medio de la algarabía y las protestas de jugadores que se tapaban las partes nobles con toallas, con periódicos y hasta con las manos, al final aceptaron dejarse tomar fotos pero de la cintura para arriba. Al concluir el trabajo el árbitro Mario Canesa gritó desde la boca de salida a la cancha: «señor del Junior les recuerdo que el partido empieza en 5 minutos hoy, no mañana». No hubo más remedio que empelotarse todo el equipo para uniformarse en tres minutos. Sabiendo yo con quién estábamos lidiando, le dije a Lola: Camina siempre delante muy pegada a mi porque estos vergajos se van a querer desquitar. Dicho y hecho. Al llegar a la mitad del túnel, la parte más oscura y tétrica, siento que ya no brazo largo y ágil pasa rosándome la cintura y a mano abierta le agarra, con todas las ganas, la nalga derecha de Lola. Y ella grita: «¡Rafa, dónde carajo estás tú que no pudiste evitar que me agarraran el culo…pero tranquilo, yo sé quién fué». Preciso: al final del túnel Lola estaba como una tigra en celo. Me apartó de un empujón y vi cuando le sopló par de cachetadas al arquero Delménico en medio de la risotada de todos, hasta de Varacka. Después cuando íbamos en el techo del bus de Junior por las principales calles de Barranquilla celebrando la clasificación para la final, le pregunté cómo había deducido que había Sido Juan Carlos: «»¡Ay marica, porque con esa manota me agarró la nalga con la misma fuerza con agarra el balón que intenta entrar a su arco».
Con sangre de tinta

Los hermanos Salcedo Castañeda (Gregorio ‘Guillotín’, Rafael y Dolores mejor conocida como Lola), nacieron en una prestigiosa cuna literaria en Ciénaga, Magdalena, cuyo lucero Guía e imputación fue el talentoso poeta y escritor Gregorio Castañeda Marañón.
Guillotín, el mayor de los tres hermanos, recorrió la selva amazónica y toda su inmensa riqueza acuática. Lo hizo como periodista, escritor, mamagallista y aventurero, hasta cuando un león cansado, regresó a Barranquilla y por un largo tiempo estuvo vinculado a El Heraldo como Editor de un suplemento especial y como caricaturista con el humor cáustico de’Guillotín’.
Rafael, después de desempeñarse como corresponsal de diarios nacionales, viajó a Paris contratado por la Agencia Francesa de Prensa (AFP), de la cual salió pensionado y pasó a México como Editor de una de las secciones de Excélsior. Retornó a Barranquilla y años después murió de cáncer.
Lola Salcedo Castañeda fue la primera perodista tropera que se conoció en Barranquilla. Siempre con sus jeans, camisas anchas de doble bolsillos y zapatos tenis. Nada de tacones. No sé arrugaba ante ninguna noticia o tema por peliagudo que fuera y, menos aún, temía pisar callos o meter el dedo en una llaga putrefacta por la corrupción. ¡Cuánto hace falta en Barranquilla, la Costa Caribe y Colombia petodistas de esa catadura moral! Con posiciones firmes e inamovibles. Con temple si par para rechazar propuestas inmorales que son hoy el pan de cada día en especial en los medios propiedad de grupos de poder que compran periodistas que de manera vergonzante se venden al mejor postor y posan de luchadores contra la corrupción cuando ellos mismos están metidos hasta el cuello en este desmadre moral en el cual ha caído Colombia. Y lo triste es que varias de las congéneres de Lola son la mayor vergüenza del periodismo nacional.











