Libardo, nació con el brazo derecho incompleto. Es una leyenda viva de la fotografia en Colombia.(Serie:´Ojos de águila)
Por: Francisco Figueroa Turcios
Libardo Cano Delgadillo es un ejemplo admirable de superación humana, así lo califica Juan Gossaín. Para él nunca hubo una limitación por haber nacido con el brazo derecho incompleto, pues con la mano izquierda logró hacer hasta lo inimaginable para tomar excelentes fotografías.
Libardo, evoca la época cuando era muy joven y aprendió a capturar imágenes con una cámara de rollo, utilizando su única mano.
Desde muy niño le tocó afrontar los avatares de la vida. Primero el bullying de los niños vecinos del barrio Los Almendros en Girardot, su tierra natal. Luego la burla de los compañeros en el colegio. «Nació mocho». «Le falta una mano», le decían a Libardo. «Yo me hacía respetar, me convertí en un excelente boxeador, pese a mi limitación física. Cuando los desafiaba a pelear, ellos pensaba que tenían ventaja porque poseían los dos brazos, pero yo los sorprendía con un gancho a la mandíbula. Pude noquear a más de uno», recuerda Libardo Cano.
Además del bullying, Libardo tuvo que afrontar en su niñez la pobreza de sus padres (Libardo y María Luisa), por lo que desde temprana edad debió trabajar vendiendo dulce en los buses.
Cuando Libardo tenía trece años llegó a Barranquilla acompañado de sus padres, en busca de un mejor futuro. Continuó vendiendo dulces en los buses aquí en la capital del Atlántico. Cuando terminaba la jornada laboral se quedaba en el Parque Surí Salcedo, porque le llamaba la atención la fotografía. Se ganó la confianza de los fotógrafos por lo que le enseñaron cómo manejar una cámara fotográfica y cuáles eran los trucos para tomar una buena foto. A partir del momento en que consideró que podía manejaba con destreza la cámara fotográfica, Libardo decidió que sería la profesión de su vida.
Trabajó con el diario El Heraldo y fugazmente en el Diario La Opinión (Cúcuta). Sin duda en Barranquilla fue donde desarrolló gran parte de su excelente trayectoria fotográfica, donde logró convertirse en un ícono de esta profesión.
El entonces director de El Heraldo, Juan B. Fernández Renowitzky, hombre de enorme sensibilidad humana, le asignaba retos enormes, para motivarlo. 1989, lo envió por primera vez a cubrir un reinado de Cartagena. La asistente del Director, la difunta Olguita Emiliani, con su voz templada y ronca de tanto fumar Marlboro, le gritó desde su guarida-oficina: «¡mira Juan B. vas a cometer el más grande error de tu vida, nos van a volver papilla con las fotos de este reinado!».
Juan B. respondió: «No importa. Será al revés. Nosotros les daremos sopa y seco a los demás con un fotógrafo de un solo brazo». Y así sucedió. ‘El Mocho’ Cano fue la estrella de ese reinado. Por simple curiosidad, todas las aspirantes a señorita Colombia querían posar para él. Por el atractivo de verlo accionar y hacer piruetas para manejar una compleja cámara con lente y gran angular.
Y el debut de Libardo en el Concurso Nacional de la Belleza, fue triunfal: Atlántico obtuvo la corona con Liseth Mahecha Arévalo. Liseth, representó al municipio de Soledad, logró convertirse en la Señorita Atlántico. Luego, durante el Concurso Nacional de la Belleza, se impuso como Señorita Colombia. Y como si fuera poco, al llegar al Miss Universo de 1990, obtuvo el título de Primera Princesa universal.
Libardo Cano tuvo el privilegio de acompañar al periodista Fabio Poveda Márquez en representación de la casa editorial El Heraldo, en el mundial de Fútbol Italia 90, hecho que para él fue un orgullo el haber estado en evento más importante del planeta fútbol.
«Cubrir un mundial de fútbol es sueño que tiene todo fotógrafo en el mundo. Esa experiencia para mi es uno de los hechos más significativo en mi carrera profesional», señala Libardo Cano, quien no oculta la alegría por haber asistido al máximo certamen mundialista.
El momento màs amargo en el Mundial Italia 90, fue que no le pudo tomar la foto al gol de Freddy Rincon a la Selecciòn de Alemania en el històrico empate 1-1: a èl le correspondiò cubrir el arco de René Higuita.
El fotógrafo Jairo ‘Gancho’ Buitrago lo bautizó con el remoquete de ‘El Mocho’ Cano. «Jairo nos puso apodo a todos los fotógrafos . Él tenía la chispa para hacerlo. De los fotógrafos es uno de mis grandes amigos», reseña Libardo Cano. quien tiene una lucha titánica para vencer la diabetes.
¡La diabetes ataca!
Libardo Cano no sospechaba que la diabetes era un enemigo oculto y que por los estrés de las agotadoras jornadas laborales, no lo pudo descubrir a tiempo. Hace siete años, le tuvieron que amputar la pierna derecha ante la agresividad de la diabetes.
«Ahora quedé parejo: mocho de la mano derecha y mocho de la pierna derecha», apunta Libardo mientras jugábamos una partida de dominó.
Recientemente le amputaron el dedo grande de la pierna izquierda para evitar que la diabetes hiciera estragos en la otra extremidad.
Libardo habla pausado. Se toma su tiempo para procesar lo que va a decir. Cuando habla lo hace por ráfagas para romper el silencio.
«El corre que corre de mi profesión, descuidé mi salud. No pude detectar mi condición de diábetico.Ya no hay tiempo para lamentarse», reconoce Libardo Cano, quien, a pesar de todo, le sonríe a la vida desde el centro geriátrico donde ahora reposa como esos elefantes cansados de tanto recorrer selvas.
Hace seis años está interno en el Hogar Geriático ‘La Roca’, donde recibe un excelente servicio, acompañado por el afecto de su familia. Él se ha ganado un espacio protagónico porque es un gran jugador de dominó y en las tardes en las jornadas lúdicas canta rancheras, especialmente las de Antonio Aguilar y Javier Solís.
Amigos
Libardo Cano tiene claro que que gracias a su profesión logró grandes amigos. En el ranking de amigos aparecen Gabriel García Márquez, Juan Gossaín, Rafael Sarmiento y Jairo ´Gancho´ Buitrago.
» Con Gabriel García Márquez logré una gran amistad. Él admiraba mi trabajo.Siempre fue muy afectuoso conmigo. Guardo excelente recuerdos de Gabo» señala Libardo
«Con Juan Gossaín es un amigo especial. Compartimos grandes y largas jornadas noticiosas. Nos entendiamos a la perfección. Periodista y fotógrafo deben hacer un sólo equipo», acota
«Rafael Sarmiento ´El Buho´ un gran amigo. Siempre me hizo respetar cuando algunos colegas me querían ridiculizar», reconoce Libardo Cano.
A los 77 años de edad, Libardo ´Mocho´Cano es un hombre feliz pese a la adversidad de la vida de no contar sin un brazo y una pierna que lo tiene postrado en una silla de rueda. Ahí está Libardo. Recordando a quienes fueron sus pupilos en El Heraldo, en donde llegó a ser editor fotográfico y jefe de fotografía. Por cierto, no estará demás que Marco Shwarzt, quien hizo sus pininos en el periodismo al lado de Cano, ahora convenciera a los directivos de dicho diario para hacerle un homenaje en vida a quien mucho le sirvió a dicho matutino. Que no esperen que se muera. ¿Para qué homenajes póstumos? Es una amable idea por Juan B. Fernández Noguera, don Arturo Fernández Renowirzky, doña Rosario Pumarejo de Fernández (a quien Cano le hizo muchas de las fotos de su album). Como decía Diomedes Díaz: «¡Se las dejo ahí!».


















Francisco. Buenos dias. Soy la hija de Libardo Cano, Rosa Patricia Cano. Lamentablemente parte de la noticia relacionada con mi padre y sus inicios no corresponde a la realidad. Él nunca tuvo que vender dulces en los buses., ni vivió en Barranquilla tan joven. Mis abuelos tenían sus recursos y trabajaban los dos en la ciudad de Bogotá. Mi padre a la edad de 15 años decidió irse de la casa paterna a aventurar con su hobbie que hasta el momento era la fotografía y fue asi que llegó a trabajar en prestigiosos periódicos de Cali y Bogotà. Pero esa vida aventurera de él lo hizo recorrer varias ciudades y venir a trabajar a Valledupar y luego Barranqiilla donde el periódico El Heraldo le dio la oportunidad de yrabajar. Allí se ganó a pulso su espacio como fotógrafo de deportes y luego como jefe de fotógrafos. La diabetes y luego el alzhaimer empezaron a jugarle una mala pasada y es así que hubo que amputarle una pierna para salvar su vida. En verdad agradezco que deseen hacerle un homenaje en vida porque él dedicó muchos años de su vida al periodismo fotografico a pesar de su particularidaf que nunca fue limitación. Me siento orgullosa de mi padre. Mil gracias