Arte y Cultura

La visita

Selección de Cuentos del escritor Giulio Puccini titulada ‘Los pares no pedidos son los menos ordenados’. La publicación de los cuentos es inédita para LaCháchara.co

Por Giulio Puccini

La vida como policía – al menos la mía – es solitaria, pero no muy difícil. Para desayunar un café bien fuerte y una dona del día anterior. El almuerzo es una de las mejores partes del día, si bien no es la más emocionante. Suelo almorzar con mi compañero, Bill Higgins, pero hoy él tuvo que atender un pequeño robo que hubo, al parecer de un carro, y yo tendré que patrullar las calles solo… y almorzar solo. Hoy no será interesante el almuerzo. Aun así, no he salido de la cama y ya tengo todo esto en mente. Iré por la dona, antes de que se haga tarde.

Siempre resultan más sabrosas cuando están frías. El primer mordisco es un espectáculo de sensaciones. El segundo suele ser aún mejor, pero, cuando lo di, vi el horario marcando el retraso en mi muñeca. Salí corriendo y terminé la dona de un mordisco, justo antes de entrar a la ducha. Ciertamente, una dona húmeda no tiene buen sabor.

Me puse mi usual uniforme. Una ojeada en el espejo. La barriga nunca cabe en él, por lo angosto que es el espejo y lo grande que es la panza. En el ombligo – justo en el abismal ombligo – había una gigantesca mancha marrón, cuya procedencia desconozco. Cambié mi ropa tan rápido como pude y no noté que la camisa que había tomado era muy pequeña para mi gordo cuerpo. Volví a buscar, pero no encontré nada. De seguro la había dejado donde mi prima, Clara; pasaré por allá antes de entrar.

La patrulla ha estado funcionando bien, a diferencia de otros días. La sirena me ayudó a evitar todo el tráfico y, tras unos minutos de haber salido, he llegado. Al parecer el timbre se dañó y tuve que golpear un largo rato. Mi prima siempre tarda en abrir.

– Maldita sea -dije por lo bajo- ¡Clara! ¿Qué te ha pasado?

– ¿Tengo algo raro, Eustace? – balbuceó.

– ¡Claro que tienes algo raro! Tu rostro parece una… mejor me ahorro los comentarios ¿Ha sido ese cabrón de nuevo?

Hizo algo cercano a asentir con la cabeza, pero el miedo coronaba sus pensamientos.

– ¿Dónde está? – grité, y mi prima solo pudo responder con un ligero salto.

– Ha… ha salido al trabajo – tartamudeó.

Miré a mi alrededor. Era un hombre bastante común, nada sobresaliente, difícil de reconocer. Al fin logré verlo, guiado por la mirada tímida de Clara. Estaba hablando con Mr. Times – le digo así por su costumbre de leer únicamente el Times before it runs out, como dice él -; me acerqué a largos pasos, pero lentos; mi contextura no me permite mucha más agilidad.

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Mr Times

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