El bicicrós colombiano tuvo en Stephanie Coymat su más bella y exitosa embajadora en los años noventa.
Por Andrés Salcedo
La exitosa deportista y madre de familia, vive desde hace varios años en los Estados Unidos.
Stephanie inició su carrera deportiva a los diez años. Por esa época, un reportero local le preguntó cómo se
imaginaba su futuro en las pistas, y ella, con infantil desparpajo, respondió que cuando terminara su carrera en
el bicicrós empezaría a practicar el motocrós. La respuesta alarmó a sus padres que consideraban peligrosa esa
disciplina.
El destino le ha dado cumplimiento a los deseos de la pequeña Stephanie que, en los Estados Unidos, vuelve a
causar sensación en las pistas, esta vez, como se lo había prometido a sí misma, en las de motocross. Sin ir muy lejos,
este año se impuso en la clásica Peace River 2020 y gracias al puntaje que obtuvo en los torneos en los que representó a
la tradicional Escuela Hare Scrambles la reputada institución le otorgó la medalla de oro de campeona.
En este momento, su figuración en el listado del motocrós norteamericano es importante: ha ganado cuatro de las
catorce competencias en que ha participado. Y, como si fuera poco, su hijo Bruno, de apenas seis años, ya participa
en torneo oficiales infantiles de motocrós.

Dueña de incontables títulos nacionales y notables logros en campeonatos mundiales, su fantástico desempeño sobre la bicicleta y su singular belleza nórdica facilitaron la escogencia del nombre con que la bautizó la prensa: “la
princesa del bicicrós”.














