El exnotario, exdiputado y excongresista de origen guajiro, pero ‘nacionalizado’ currambero, deja una enseñanza en la política local.
Por Rafael Sarmiento Coley

El fallecido dirigente político José Daníes Pana con su esposa y compañera de toda la vida, Betty Echeverría.
En los períodos en los cuales el riohachero residente en Barranquilla desde muy joven, José Manuel Daníes Pana ejerció como Diputado a la Asamblea del Atlántico, cuando se conocía que habría un debate próximo convocado por el entonces joven fogoso político conservador, las gradas se llenaban.
Había sido un avezado estudiante, pese a su militancia en las Juventudes del Partido Conservador, activista en los motines de los grupos de izquierda. Era de un verbo incendiario, efervescente e histriónico.
Por ello, cuando llegó a la Asamblea, de la mano del no menos exaltado en sus discurso de corte greco-currambero, Roberto Gerleín Echeverría, fue una verdadera sensación. Su punto de arranque es que, siendo él un riohachero de piel morena, vestía de blanco de pies a cabeza (medias, zapatos, pantalón, camisa, camisilla e interiores, y bañado en colonia Jean Mary Farinna que la abuela wayuu le enviaba por cajas de desde Puerto López, la cuna del contrabando de La Guajira).

Lo de Daníes y Betty fue como el ‘Amor en los tiempos del cólera’, actualizada, porque fue en tiempos del Covid-19.
Fueron famosos sus debates a varios proyectos de desarrollo presentados por gobernadores de turno. José Manuel Daníes Pana no usaba discurso escrito, ni papelógrafo, ni papelitos sueltos en sus guayaberas blancas ‘cuatro puertas’ (con cuatro bolsillos). Las gradas, más que estar pendientes de su discurso, veían, atónitas, absortas, el movimiento de manos, brazos, cabeza, torso y cintura del orador en un estado de éxtasis, de contorsionista al mejor estilo de los pastores ‘cuáqueros’ que introdujeron en varios países de América un sector de la iglesia protestante de Inglaterra.
Nadie espabilaba. Nadie pronunciaba una palabra. Se podría decir que nadie respiraba, por escuchar absortos las intervenciones de Daníes Pana.
Era todo un verdadero espectáculo ‘en la gallera donde lo pusieran’, como decía Roberto Gerlein Echeverría, de su mejor amigo y coequipero político, su verdadero ‘pana’, y, para colmo de males, esposo de una querida pariente del Senador Gerlein, Betty Echeverría de Daníes, natural de Juan de Acosta y jefe política por muchos años de toda esa zona cotera y costera. Betty era la ‘Mama Grande’ de Juan de Acosta, Santa Verónica, Piojó, Hibácharo. Con un manejo muy ameno, cordial, siempre con la solución a la mano para los problemas de la gente, y, tanto Betty como José Manuel, unos ‘amigueros’ de esos que a cada regreso de un viaje le traen regalo hasta al gato de la casa. Por lo que fue una época en que las salas de estar de algunos periodistas eran lo más parecido a una galería con cuadros traídos de Francia, España Holanda.
A su paso por el Congreso, Daníes Pana dejó historia. Lo llamaban, de manera guasona, ‘El Palomo Blanco’, porque se presentaba con sus vestidos de corte inglés y corbata azul índigo para que no quedara duda que era fervoroso militante del Partido Conservador. También en el Capitolio, ‘Pulmón de la Democracia’, se hizo famoso con sus debates en los cuales sus manos parecían las aspas de un abanico, el puño de mano golpeaba con sonoridad el pupitre, se doblaba hacia la izquierda y a la derecha y luego parecía que iba a caer de bruces sobre el escritorio, pero, no, era para llenar sus pulmones de aire con el fin de que sus frases sonaran más fuertes.
Donde no le fue muy bien fue en su corta labor de Notario de Barranquilla. Porque al cabo de algunos meses la Notaría no daba ni para pagar la nómina. ¿Por qué?, “muy sencillo—dice uno de los asesores del exsenador Roberto Gerlein—, Daníes era tan buena gente, que no cobraba por los servicios que prestaba la entidad a su cargo. Ganga que alcanzó pronta fama entre toda la fanaticada del excongresista, que en masaba acudían a realizar todos sus trámites notariales “donde el Pana José Manuel, donde no se paga un chivo. Ese sí que es un verdadero ‘Pana’. Eso no es de los que dicen ‘paga ahí lo que puedas’. Nada de eso. De entrada, como buen ‘pana’, te decía, hombe, usté es mi amigo, nomejoñe’”.
Por ese perfil bonachón, simpático, humano y leal, llegó a convertirse en una especie de alter ego del senador Roberto Gerlein. Lo acompañaba en todos sus actos políticos, púbicos o privados. Es tanto el cariño que llegó a tenerle Roberto Gerlein a José Manuel, que este viernes, cuando murió, se prohibió hablar del tema en casa gerleinista.
Sin embargo, Roberto Gerlein, sabiendo de la gravedad que venía sufriendo su gran amigo (una isquemia en los intestinos, a sus 73 años bien vividos y comidos), preguntó de manera insistente sobre el estado de salud de José Manuel. En una de esas tantas preguntas le dijeron que estaba algo grave. Y de inmediato hubo que llamar al médico para a Roberto Gerlein le dio un soponcio por las condiciones de su ya cansado corazón.
El fallecimiento del excongresista, exdiputado y exnotario José Manuel Daníes Pana, causó “una profunda consternación en nuestra colectividad”, según expresó el presidente del directorio nacional del Partido Conservador, Omar Yepes Alzate.
Este portal periodístico hace llegar su más sentida voz de condolencia a la señora esposa de José Manuel Daníes Pana, exalcaldesa de Juan de Acosta, exdiputada y Secretaria General del Partido Conservador, Betty Echeverría de Daníes; a sus hijos Benny, Ruth, Dany y Juan Carlos; a sus nietos Daniel, Isabella, José Manuel, Nina, Victoria, Nicolás y demás familiares. Paz en su tumba.
El diputado y próximo vicepresidente de la Asamblea del Atlántico, Federico Ucrós lamentó el fallecimiento de Danies Pana, a través de su cuenta de Twitter.











