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La perra ‘parlante’ de TikTok

Bunny, una sheepadoodle famosa en internet, ha llamado la atención sobre una nueva área de estudio dentro de la cognición animal: el uso de la tecnología de asistencia para la adquisición del lenguaje.

por Emma Madden

Alexis Devine afirma que desde el principio supo que Bunny, su cachorra sheepadoodle, estaba destinada a hablar.

Devine, una artista y diseñadora de joyas de 40 años de Tacoma, Washington, había estudiado minuciosamente libros sobre cognición, comunicación y entrenamiento canino en los meses previos a la llegada de Bunny.

A través de su investigación, se encontró con la página de Instagram de una logopeda llamada Christina Hunger, que estaba documentando cómo su propia perra, Stella, comenzaba a desarrollar un vocabulario en inglés.

Stella tenía un tablero de sonido en el piso conformado por botones circulares, cada uno de los cuales hacía sonar una palabra cuando se lo presionaba. Al tocar algunos botones con las patas y en el proceso formar oraciones poco estructuradas, Stella supuestamente estaba comunicándose en inglés.

Hunger, de 27 años, había trabajado durante varios años con tecnología de asistencia —en particular, con dispositivos de comunicación alternativa y aumentativa (CAA)— para ayudar a los niños no verbales a adquirir vocabulario y comunicarse sin hablar.

Durante mucho tiempo fue una práctica común entre patólogos del habla restringir el vocabulario en los dispositivos CAA de los niños, bajo la noción de que demasiadas palabras podrían abrumarlos. Sin embargo, la opinión generalizada entre los expertos en comunicación se ha ido decantando en favor de permitir que los usuarios de los dispositivos demuestren sus propias capacidades, dándoles tantas palabras para jugar como sea posible.

Uno no asumiría que un bebé no tiene vocabulario si no hubiera pronunciado su primera palabra a los 12 meses, razonó Hunger. Entonces, ¿por qué debería aplicarse esa lógica a aquellos que simplemente son incapaces de hablar, ya sea un niño que sufre de catatonía o una criatura desprovista de los órganos necesarios para el habla, como un perro?

nger comenzó a experimentar. La mayoría de los dispositivos CAA eran demasiado costosos o no aptos para uso canino, por lo que optó por la opción más barata que pudo encontrar en línea: un paquete de cuatro botones sonoros con respuesta grabables.

ver video en Instagram: www.instagram/lachacharaco

La caja llegó a su casa de San Diego una semana después que Stella. Hunger decidió que un botón que dijera la palabra “salir” sería el mejor punto de partida en cuanto a los paseos y los entrenamientos en casa. En cuestión de pocas semanas, Stella ya presionaba de forma regular y rutinaria el botón para que la dejaran salir.

Devine había leído sobre Stella en el blog de Hunger. Así que cuando Bunny apareció en octubre de 2019, su primer botón —“salir”— ya estaba esperándola junto a la puerta.

Devine comenzó a entrenar a Bunny con botones que encargó en Amazon.Credit…Ruth Fremson/The New York Times

Los perros han aprendido muchos trucos desde que se cree fueron domesticados por primera vez, hace unos 20.000 años. La mayoría puede responder a comandos básicos como “sentado” y “quieto”. Pueden recordar términos como “premio” y “salir”. Algunos han demostrado tener una capacidad parecida a la humana para captar rápidamente los nombres de nuevos objetos y recordarlos para su futura recuperación.

“Es posible que la domesticación haya afectado las posiciones del cerebro de los perros para que puedan interactuar y socializar mejor con los humanos”, dijo Claudia Fugazza, investigadora del Departamento de Etología (comportamiento animal) de la Universidad Eotvos Lorand en Budapest, Hungría. “Probablemente estén más predispuestos a interactuar con los humanos como interlocutores sociales”.

Todo esto es para afirmar que está claro que los perros pueden seguir una amplia gama de señales sociales humanas. Pero más allá de películas y programas de televisión, los dueños de perros rara vez han afirmado que sus mascotas poseen la capacidad de hablar.

“Bunny puede decir 92 palabras actualmente”, dijo Devine durante una llamada de Zoom en abril, en la que su perra estaba bien ubicada dentro del encuadre y se mezclaba con la alfombra peluda debajo de ellas. Bunny tiene casi 2 años ahora y su adquisición del lenguaje podría competir con la de un niño pequeño (un típico niño de 2 años puede utilizar al menos 50 palabras con facilidad).

Según Devine, Bunny puede utilizar los botones de su tablero de sonido para formar frases de cuatro palabras. Puede hacer preguntas. Puede —y a menudo lo hace— pedirle a la gente que se calle o, como dice su botón, “calma”.

“Durante mucho tiempo, Bunny hablaba casi exclusivamente de popó”, dice Devine. “Pero los niños pequeños también lo hacen, ¿no?”.

Con 6,6 millones de seguidores en TikTok y 818.000 en Instagram, Bunny se ha convertido en la imagen del movimiento canino CAA de Hunger. “Alexis es increíble en las redes sociales”, dice Hunger, quien tiene casi 800.000 seguidores en Instagram, la mayoría de los cuales parecen estar allí por el contenido canino.

La mayoría de los perros (y sus dueños) que participan en esta área —y hay muchos; basta con buscar el hashtag #hungerforwords— no tienen la impronta de Bunny en las redes sociales. Los transeúntes la reconocen con frecuencia en los paseos. “Hubo un caso en el que un carro hizo un giro en U en el tráfico y se detuvo en medio de la calle y bajó la ventanilla para saludar”, dijo Devine. ver video aqui : https://www.tiktok.com/@whataboutbunny?referer_url=https%3A%2F%2Fwww.nytimes.com%2F&referer_video_id=6951391492527181062&refer=embed&lang=es

A principios de 2020, aproximadamente 6 meses después de que Bunny aprendiera a “salir”, Devine fue contactada por Leo Trottier, un desarrollador de productos que trabaja en la industria de las mascotas. Esperaba que pudieran trabajar juntos.

En 2016, Trottier, un doctorando con una maestría en Ciencias Cognitivas, presentó CleverPet, la primera consola de juegos para perros. Pero tras un intento fallido para recaudar fondos para el producto en Kickstarter, abandonó el proyecto.

Tres años más tarde, cuando Trottier descubrió el trabajo de Hunger, vio una oportunidad de colaboración. Mientras Hunger y Devine usaban simples botones de sonidos pregrabados que habían encontrado en Amazon, Trottier desarrollaba FluentPet, un dispositivo CAA diseñado para perros y buscaba evaluadores de la versión beta (Hunger había firmado un contrato editorial con HarperCollins al momento del lanzamiento de la versión beta de FluentPet, por lo que rechazó la solicitud de colaboración de Trottier).

Trottier contactó a Federico Rossano, un profesor en la Universidad de California en San Diego, para que lo ayudara —en palabras de Rossano— a “mejorar la ciencia” del producto.

Rossano, un investigador de la cognición que ha trabajado ampliamente con una variedad de especies, se mostró escéptico al principio. Sin embargo, en definitiva, vio una oportunidad para estudiar la capacidad de los perros de desarrollar habilidades similares al lenguaje de una manera sistemática y rigurosa, con el potencial de extraer resultados de un grupo de participantes completamente diferente a cualquier otro al que hubiera tenido acceso antes.

Al mismo tiempo, Devine, cuyo negocio de joyería había decaído de forma significativa durante la pandemia, obtuvo el incentivo adicional de convertirse en una influente afiliada del producto, lo que significaba que recibiría más del ocho por ciento de cada venta de FluentPet realizada a través de un enlace de referencia al sitio web desde su cuenta de Instagram.

En junio del año pasado, Trottier y Rossano iniciaron They Can Talk, un proyecto de investigación y foro en línea para los participantes. “Inicialmente, pensamos que solo tendríamos algunos participantes del área de San Francisco y San Diego”, dijo Rossano. Pero tras que comenzaron los confinamientos a principios de 2020 y la popularidad de TikTok aumentó, miles de personas aburridas en sus casas comenzaron a preguntarse si su mascota también podría hablar como Bunny.

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