Por: Francisco Figueroa Turcios
La ruta no comenzó en un palacio, ni en un recinto oficial donde suelen trazarse los destinos del poder. Comenzó de rodillas.
Antes de ocupar el despacho presidencial, Abelardo de la Espriella escogió el camino de la fe, el silencio y la oración. El presidente electo de Colombia estuvo recorriendo templos sagrados en Atlántico, La Guajira, Sucre y Bolívar. Así nació la Peregrinación de la Esperanza por la Patria Milagro, un recorrido por algunos de los santuarios más emblemáticos de Colombia para agradecer, pedir sabiduría y poner el presente y el futuro de la Nación en las manos de Dios.
Recorrido de la Peregrinación

La primera estación de la peregrinación fue el Santuario del Morro, en Tubará, donde, frente a la imagen de la Santísima Virgen María, consagró su vida, su servicio y el destino de Colombia. Fue un acto de profunda devoción, en el que el poder cedió el protagonismo a la humildad y la esperanza.
Desde allí continuó hacia Riohacha. Ante la Virgen de los Remedios elevó una plegaria por los enfermos, por los médicos, las enfermeras, el personal sanitario, los hospitales y por la recuperación del sistema de salud, una de las mayores preocupaciones que enfrenta el país.
La tercera parada fue la Basílica Menor del Señor de los Milagros, en San Benito Abad, Sucre. Allí la oración estuvo dedicada a la seguridad de Colombia, a la paz, a los hombres y mujeres de la Fuerza Pública y a cada familia que anhela vivir sin miedo ni violencia.

Foto: Lucy Garcìa, Abelardo de la Espriella y Ramiro Arrieta
La jornada concluyó en Cartagena, en el Santuario de San Pedro Claver, el sacerdote que hizo de la defensa de la dignidad humana su misión de vida. Allí, el presidente electo dio gracias a Dios y pidió que su gobierno nunca pierda de vista a los más vulnerables, para que la justicia, la solidaridad y la dignidad alcancen hasta el último rincón de la patria.
Más que un recorrido geográfico, la Peregrinación de la Esperanza por la Patria Milagro se convirtió en un viaje espiritual. Un camino donde cada santuario representó una causa nacional y cada oración expresó el anhelo de millones de colombianos que sueñan con un país reconciliado, seguro, justo y próspero. Porque, como afirmó Abelardo de la Espriella al concluir la primera jornada, cuando un pueblo pone su destino en las manos de Dios, siempre encuentra un motivo para mantener viva la esperanza











