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La muerte entre risas y disfraces

Un día para los que ya no están, recordar sus gustos, placeres y amores que tuvieron en vida.

Por Allison Guerrero, desde México

No imaginé lo que mis ojos iban a ver y mi cuerpo iba a sentir…¡un frío que abarca el ambiente! y te atrapa como un cuerpo dentro de tu cuerpo. Anteriormente había escuchado que la muerte era fría, pero quise pensar que era un complot con la alocada temperatura de esta ciudad.FullSizeRender (3)

Todos iban al panteón, todos visitaban a sus muertos, mientras ¿yo? Yo solo miraba, escuchaba y sentía, estaba sola sin alguien que entendiera mi desconcierto, era la primera vez que celebraba a los muertos, no sabía si sentir pena, dolor, miedo o felicidad, los mexicanos son felices dándole ofrendas a sus muertos, entonces ¿qué podía hacer una colombiana ese día? Sin ningún doliente dentro de una tumba para ponerle una flor. No lo sabes, hasta que lo vives.

FullSizeRender (4)Yo Lloré a los difuntos y no por obligación o en forma de actuación. Fue, lo digo sin rubor, un llanto sincero y sublime. Cuando llegué a Coyoacán, una de las delegaciones más concurridas del D.F por su variedad gastronómica, que me recuerda a la salitrosa Ciénaga, que me vio nacer en Colombia, habían muchos disfraces de diversos colores y representando diferentes personajes, como Iron man, los Simpson y hasta la llorona, que, no lo niego, me divirtieron mucho. Pero aquellos disfrazados de demonios no me causaban tanta gracia.

Ese día caminar por Coyoacán era imposible, era el primer día de muertos, habían niños, llantos, pataletas y gritos, las circunstancias del lugar nos hacía caminar como zombies, no había espacio, todos iban en filas, fue inevitable sentirme en un ritual o siguiendo un camino sin final, todos actuaban normal, yo estaba tensionada, angustiada, impactada y dije “Que Dios me guarde”.FullSizeRender (7)

En el trayecto un hombre con máscara por poco me besa, pero estaba tan desconcertada que ni la más mínima reacción tuve, sólo lo miré y me alejé, no sabía lo que me esperaba, ahora venía lo que realmente me iba a sorprender.

Llegando al lugar de las ofrendas vi un altar que se posaba con la foto y el nombre de 49 bebés, al alzar la mirada decía en un adorno de flores “Memoria, justicia ABC”. No entendía lo que sucedía, cuando leí el boletín informativo me enteré de que eran 49 bebés que habían fallecido por un incendio ocurrido el 5 de junio de 2009 en una guardería llamada ABC y nunca hubo un culpable, por lo que pedían justicia, no pude evitarlo, mientras leía la información mis ojos se nublaban y mi corazón se arrugaba. En el altar que había sido preparado para ellos se formaba con arena barrosa una especie de tumba en miniatura, del tamaño que podrían ser sus cadáveres, encima una cruz con su foto y  nombre, también había flores, velones, calaveras y el famoso pan de muerto.

Según la cultura de este hermoso país, la vela encendida es el camino que debe seguir el alma del fallecido para llegar al lugar donde se le han puesto sus ofrendas, el pan tiene un sabor muy azucarado y el alma llega para absorberlo por lo que al día siguiente ya no tendría sabor.

Cuando miré a mi derecha vi una calavera en forma de caricatura que decía Nieto (+43) eran los 43 de Ayotzinapa, una masacre que acabó con la vida de 43 jóvenes estudiantes y hoy en día no hay culpables, la calavera representaba a su gobernante Peña Nieto odiado por los mexicanos, entonces pensé en una calavera para Juan Manuel Santos que representara todas las muertes a causa de las Farc, pero después recordé que ésta es una época de paz, donde todos los colombianos estamos esperanzados en que, finalmente, este grupo revolucionario haga el alto el fuego en forma unilateral  y firme la paz con el gobierno.

Al final de mi recorrido vi una ofrenda grande detrás de la iglesia católica y pregunté si el catolicismo también celebraba el día de muertos, cuando me dijeron que sí me pareció extraño, el contraste entre la purificación del alma y un alma que ya no está y que sinceramente no se sabe su destino final, pero este altar sí me dio miedo, entre calaveras había versículos de la Biblia sobre la muerte y la vida, había un esqueleto grande vestido de negro en el centro y a sus espaldas un letrero en grande que decía FAMILIA y nuevamente las velas encendidas.

Finalmente comprendí que el día de muertos es un acto para recordar a tus seres queridos, sentirlos más cerca por un día, un día para sonreír y amar a aquellos que aún están en vida, también es una manera de protesta, es una forma de expresión, es una cultura para compartir, una cultura para los de aquí y los de allá, tanto los muertos como los vivos.

Una cultura en la que todos nos preguntamos ¿los muertos realmente llegan a recibir sus ofrendas? ¿Llegan a llevarse el sabor de lo que antes comían? ¿Llegan a ver a sus seres queridos? No lo sé, ni lo quiero comprobar porque como dice el dicho, hay que dejar a los muertos quietos.

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