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La especie más educada de la deshumanización

Por: Jorge Guebely 

Colombia se llena de profesionales y el país se desmejora. Abundan los títulos preuniversitarios, universitarios, posuniversitarios y crece la degradación. Se afinan las especializaciones, doctorados y posdoctorados, y los colombianos no afinan su humanidad. No funciona humanamente la educación.

Por el contrario, aumenta la codicia, el mordisco. Por todas partes el grito de sálvese quien pueda, crujen dientes devorando víctimas. Los más educados resultan tan brutales como los más brutales de la especie, tan salvajes como los más salvajes de la Historia. Los más instruidos se destacan como los más adictos al poder, al origen de todos los infiernos en la tierra. Los más inteligentes se convierten en instrumentos de la peor crueldad: Heidegger de Hitler; el poeta Alberti, de Stalin.

Enorme el desastre educativo si el sistema educa para la ruina del ser, si es arma moral del poder, de izquierda o derecha. Si en vez de crear nuevos seres humanos crea nuevas fieras tituladas. Si en vez de fomentar la libertad de consciencia, fomenta la nueva consciencia de rebaño.

Desastrosa nuestra educación colonial, nuestra premodernidad educativa tercermundista. Catequizaba para un dios ideologizado, una mampara religiosa para consolidar el poder del español y del latifundista local. Nos llenó el país de seminarios y monasterios, de curas y monjas. Muchos de ellos y ellas, sin sangre en el corazón, sin un Cristo en la mirada.

Peor desastre, la educación del relato liberal. Instrumento eficaz para crear profesionales capitalistas, mercaderes del conocimiento universitario. Erradicó el dios de los cielos para instaurar el de la tierra, el dinero. Nos liberó de los sacerdotes, pero nos esclavizó con los profesionales marchantes. Nos cambió las cadenas.

Peligrosa voracidad del profesional capitalista, se deleita con la insaciable acumulación hasta convertirse en brillante cascarón. Lo aprendió en la Universidad, institución fracasada, tampoco sirvió para humanizar al profesional, sirvió para convertirlo en mercader ilustrado.

Triste decadencia, el conocimiento universitario no orienta los destinos del país; por el contrario, reproduce su miseria. En su interior, solo competencia, dentelladas, artilugios, grupos de fuerza, politiquería… Todo por el poder económico y político. Nada se parece tanto al Congreso Nacional como un recinto universitario.

Hasta hoy la educación no ha servido para crear seres humanos libres como lo soñaba Epíteto. Tampoco para despertar consciencia como lo creía Joseph Ernest Renan. Hoy, el sueño de María Montessori sigue siendo un sueño: “La primera tarea de la educación es agitar la vida, pero dejándola libre para que se desarrolle”. Hoy, la educación liberal solo forma mercaderes voraces de la información académica, la especie más educada de la deshumanización.

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