Opinión

La droga no tiene por qué marcar más nuestra identidad

El narcotráfico sigue marcándonos como país ante los ojos del mundo. Solo nosotros mismos como sociedad podemos romper el paradigma.

Por Soledad Leal

narcotráficoIlusos nosotros, nos indignamos cuando nos califican de narcos, y creemos haber superado el fenómeno del narcotráfico sin darnos cuenta que estamos inmersos en la plenitud de sus efectos, ya que seguimos reproduciendo ampliamente los imaginarios y las memorias de ese reciente y tenebroso reinado.

Estuve con mi hija hace pocas semanas en Cuba y mi gran sorpresa fue que antes de hablar de las conversaciones de paz (que no les suscitaban mucho interés y ni sabían de ellas), lo primero que nos preguntaban era sobre “El Capo” y “Sin tetas no hay Paraíso”, novelas que han tenido una gran acogida en esa isla.

Mi hija, por su parte, vive en Canadá a donde viajó por dos razones fundamentales: buscar la oportunidad clara de construir sus sueños y establecerse con el amor de su vida, hoy, su esposo. Ahora vive allá como residente legal y trabaja duro en sacar adelante su proyecto tecnológico de emprendimiento. Sin embargo, las preguntas constantes de sus amigos giran en torno a “Narcos” la serie que Netflix puso en el aire y que tiene una vasta audiencia en América del Norte.

Nos negamos a ver esa realidad de las que nos creemos inocentes, aún cuando somos los primeros en ver y apoyar estas series interminables de “El señor de los cielos”, El Capo 1, 2 y 3, El Cartel de los Sapos, y tantas otras que Caracol y RCN siguen produciendo y pautando sencillamente porque son buen negocio: tienen “rating” aquí y se venden bien en el exterior. ¡¡Doble ganancia!! Y ante eso no importa la imagen del país ni de los colombianos, que en total complicidad seguimos apoyando estas narcoseries.

Aquí dejo el testimonio de una colombiana en Canadá, en la que explica a sus amigos de una sociedad liberal porqué odia la cocaína:
“Empecé a ver Narcos porque todo el mundo hablaba de ello. Un poco reticente al principio, porque sería otro programa que retrata a Colombia como un agujero de mierda y a Escobar como un ‘rockstar’. Esta serie, por una parte, ha hecho un buen trabajo recreando la historia y logrando que Escobar se vea como el pedazo de mierda que era. ¿Filántropo? (como lo han querido pintar en varias de estas producciones) ¡No! Incluso el lado americano de la historia es interesante para ver. Sin embargo, me encuentro hablando de eso todo el tiempo.
Estoy en el episodio IV (o V?) y no he visto hasta ahora el otro lado de la historia: El lado de la población civil, el miedo en las calles, el «toque de queda», la imposibilidad de moverse libremente y de viajar entre ciudades, el temor de quedarse hasta tarde en la calle, conviviendo siempre con el miedo. Se puede ver en la serie los “sicarios”, no les importaba si había personas inocentes en el camino a su objetivo. La gente moría sin razón y destruyeron miles de familias.
Yo era entonces demasiado joven para recordar esta historia correctamente, pero sí recuerdo el miedo. Me había olvidado un poco de él. Ahora puedo imaginar a mis padres tratando de criar a dos niños en un ambiente así. Sin saber si iba a haber un futuro para nosotros. Y todavía se las arreglaron para proporcionarnos una infancia feliz y creo que finalmente todo resultó bien para nosotros. Colombia –en general- era un país con gente sin esperanza, y ahora eso –afortunadamente- ha cambiado un poco para los niños.
Sentí que tenía que hacer esta declaración, porque me preguntan sobre este tema todo el tiempo. Escobar murió, lo mataron como y el país celebró su muerte. Pero no terminó ahí. Empezó algo que su muerte no podía parar y todavía hoy estamos luchando en contra de eso. También ahora saben por qué estoy tan en contra de la cocaína. La cocaína mata».

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