ActualidadCrónicasDeportes

Junior: ocho títulos en el bendecido mes de Diciembre!!!

Por: Francisco Figueroa Turcios

El 16 de Diciembre se convirtió en fecha bendecida para Junior: de los ocho títulos logrados en el último mes del año por el cuadro Tiburón dos fueron ese día. (Serie Bendecido Diciembre para el Junior (3 ))

El 16 de Diciembre 2018, Junior ganó la octava estrella y ahora el 16 de Diciembre 2025 alcanzó la undécima.

Diciembre no es un mes: es una costumbre. En Barranquilla huele a pólvora temprana, a brisa salada que baja por la Vía 40, a villancicos que se confunden con tambores. Y cuando el calendario marca el día 16, la ciudad deja de mirar el pesebre y vuelve los ojos al césped. Porque para el pueblo rojiblanco, diciembre no sólo anuncia Navidad: anuncia estrella.

Diciembre: el mes que se volvió destino

Ocho de las once coronas de Junior de Barranquilla han llegado en el último mes del año. Desde aquella primera gesta del 14 de diciembre de 1977 hasta la más reciente del 16 de diciembre de 2025, el club convirtió el calendario en una cábala y la cábala en identidad.

El 16 se volvió cifra sagrada: en 2018 cayó la octava estrella; en 2025, la undécima. Dos golpes de autoridad en la misma fecha, como si el tiempo quisiera repetir la escena para que nadie olvidara el libreto.

Los junioristas volvieron a gritar campeón en el fútbol profesional del colombiano. Junior orientado por Alfredo Arias se consagró vencedor de la Liga BetPlay 2025-II, alcanzando su estrella número 11 tras imponerse 1-0 en la gran final frente a Deportes Tolima, el martes 16 de diciembre de 2025.

Diciembre es la estrella navideña. Es el aguinaldo anticipado. Es el carnaval que comienza antes de febrero.

16 de diciembre de 2025: la revancha y la consagración

La noche en el Metropolitano fue una síntesis del semestre. Junior venció con contundencia a Deportes Tolima y ratificó en Ibagué lo que ya era una evidencia: el mejor equipo del cuadrangular no necesitó disfrazarse de favorito para ser campeón.

Bajo la conducción del uruguayo Alfredo Arias, el conjunto tiburón alcanzó la estrella número once tras imponerse en la final de la Liga BetPlay 2025-II. Para Arias no fue sólo un título: fue una reivindicación. Después de intentarlo sin éxito en el fútbol colombiano con Deportivo Cali, Independiente Santa Fe y Deportivo Independiente Medellín, el destino le tenía reservada la consagración en Barranquilla.

En su país ya sabía lo que era levantar trofeos con Montevideo Wanderers y Peñarol; en Ecuador celebró con Emelec. Pero esta estrella tuvo acento caribe y sabor a desquite.

Arias se convirtió, además, en el segundo técnico uruguayo campeón con Junior, después de Julio Comesaña, tricampeón rojiblanco y nombre inseparable de las grandes gesta El listado de técnicos campeones con Junior es el siguiente: 1977 (Juan Ramón Verón), 1980 (Josè Varacka). 1993 (Julio Comesaña), 1995 (Carlos Piscis Restrepo), 2004 (Miguel Àngel López, 2010 ( Diego Umaña), 2011 (José Eugenio Hernández), 2018 ( Julio Comesaña), 2019, Julio Comesaña), 2023 ( Arturo Reyes) y 2025 ( Alfredo Arias).

El grupo de la muerte y el hombre vestido de rojo

Junior no tuvo un camino cómodo. En el cuadrangular semifinal compartió zona con Atlético Nacional, América de Cali y nuevamente el DIM. Era el grupo de la exigencia máxima, el laboratorio donde se templó el carácter.

Allí emergió la figura de José Enamorado. En la final marcó tres de los cuatro goles decisivos de la serie y en todo el torneo fue determinante: ocho tantos que lo consagraron como goleador del equipo en la Liga BetPlay II. Enamorado no sólo fue eficaz; fue oportuno. Se vistió de Papá Noel con guayos y convirtió cada desborde en un regalo anticipado.

En la final Junior fue contundente: ganó al Tolima categóricamente en el estadio Metropolitano 3-0 y en Ibagué ratificó su supremacía bajo la batuta de José Enamorado quien marcó tres de los cuatro goles anotados por el cuadro Tiburón.

Recordemos que Junior en el cuadrangular semifinal se potenció tras clasificar en el grupo A de Atlético Nacional, América y Deportivo Independiente Medellín. Por su parte el Tolima ganó con facilidad el grupo B al tener rivales como Santa Fe, Atlético Bucaramanga y Fortaleza.

La prensa nacional reconoció la superioridad rojiblanca. El periodista Carlos Antonio Vélez subrayó que Junior fue el mejor de los cuadrangulares y el mejor de la final, legitimando un logro que comenzó con bajo favoritismo y terminó en celebración incontestable.

«Junior fue el mejor de los cuadrangulares y de lejos el mejor de la Final… eso legitima su logro. En el segundo torneo fue 5 y sobre el papel llegaba con poco favoritismo. Así es.. Tolima, mas regular durante en año, pagó la novatada de su Director Técnico Lucas González.. atacó mucho pero mal y no defendió bien. razones de una caída aparatosa» resaltó Carlos Antonio Vélez, periodista de Antena 2 y Win Sport.

Una tradición que viaja

Hay un dato que alimenta la épica: nueve de los once títulos de Junior fueron conquistados en condición de visitante. Bogotá, Medellín, Cali, Manizales e Ibagué han sido testigos silenciosos de celebraciones ajenas. El Tiburón aprendió a morder lejos de casa, a silenciar estadios y a convertir el viaje en rito de iniciación.

En 2025, Ibagué fue el último escenario de esa costumbre. El campeón ratificó fuera lo que había anunciado en casa.

Los ocho títulos alcanzado por Junior en el mes de diciembre se registraron así: 1977 ( primer título, el 14 Diciembre), 1980 ( segundo título el 17 Diciembre), 1993 ( tercer título el 19 Diciembre), 2004 ( cuarto título el 21 Diciembre), 2011 ( Quinto título el 21 Diciembre ), 2018 ( octavo título el 16 Diciembre); 2023 ( décimo título , el 13 de Diciembre) y 2025 ( Octavo título el 16 de Diciembre).

Diciembre: fe, fútbol y carnaval

El 16 de diciembre de 2025 quedó tatuado en la memoria colectiva. Ocho títulos en diciembre no son casualidad: son relato compartido. Cada estrella levantada en ese mes ha sido una extensión de la Navidad barranquillera, un preludio del carnaval, una confirmación de que en esta ciudad la alegría tiene calendario propio.

Cuando el árbitro señaló el final, no sólo terminó un partido: comenzó otra celebración larga, de esas que se cuentan por generaciones. Junior volvió a ser campeón. Y diciembre, otra vez, cumplió su promesa. Porque en Barranquilla el pesebre tiene once luces. Y ocho de ellas se encendieron en el mes más bendito del año.

El ranking de mayor títulos alcanzados en el fútbol profesional colombiano Junior aparece en el cuarto puesto con 11 títulos. Atlético Nacional es el líder con 18 títulos, escoltado por Millonarios con 16 título y América con 15 títulos.

La década de 2010 fue más que un periodo exitoso: fue la consolidación de una identidad competitiva. Cuatro de las once estrellas que hoy adornan el escudo de Junior de Barranquilla llegaron en esos años, confirmando que el club no vive sólo de nostalgias setenteras o hazañas aisladas, sino de ciclos sólidos y bien construidos.

Con la instauración de los torneos cortos —Apertura y Clausura— el campeonato se volvió vertiginoso, exigente, menos indulgente con los errores. Y fue allí, en esa dinámica moderna del fútbol colombiano, donde Junior encontró en diciembre un territorio natural. Cinco veces levantó la estrella en el Torneo Clausura (Liga BetPlay II), cinco navidades teñidas de rojo y blanco.

El dato no es decorativo: ningún equipo ha ganado más títulos en diciembre en esta modalidad. En el Clausura, Junior lidera con cinco consagraciones, seguido por Atlético Nacional con cuatro. La estadística respalda lo que la memoria popular ya sabía: cuando el año se apaga, el Tiburón suele encenderse.

Así se cierra el círculo. Una década prolífica. Un formato que exige contundencia. Un mes que se volvió costumbre victoriosa.

Porque si algo dejó claro Junior en la era de los torneos cortos es que sabe administrar el tiempo, resistir el desgaste y golpear en el momento justo. Y en el fútbol colombiano moderno, cuando diciembre baja el telón, hay un equipo que aprendió a quedarse con la última palabra.

En esa década Junior ganó títulos en los años : 2010, 2011, 2018 y 2019..

En las décadas de los años 1990 y 2020, Junior ganó dos títulos. En la década de los años 90 obtuvo los títulos en los años 1993 y 1995. En la década de los años 2020 logro los títulos en los años 2023 y ahora en el 2025.

En las décadas de los años 1940, 1950 y 1960, Junior tuvo una seguía de títulos. A partir del año 1977 la afición juniorista gritó voz en cuello: campeones!!!

Y si se mira con lupa la era de los torneos cortos, el dato adquiere una dimensión mayor.

Desde que el calendario del fútbol colombiano se partió en Apertura y Clausura, el mes de diciembre dejó de ser simplemente el cierre del año para convertirse en territorio estratégico. Allí, en el Torneo Clausura —hoy Liga BetPlay II—, Junior de Barranquilla construyó una hegemonía silenciosa pero contundente: cinco estrellas navideñas que lo convierten en el club más ganador de esta modalidad en el mes definitivo.

No es un detalle menor. En el formato donde todo se decide en seis meses y los márgenes de error son mínimos, Junior aprendió a administrar la ansiedad, a llegar afinado al remate del calendario y a convertir diciembre en su zona de confort competitivo. Mientras otros se desgastan, el Tiburón acelera.

En esa carrera lo sigue Atlético Nacional con cuatro coronas en Clausura. Pero la estadística coloca a Junior en la cima cuando el año agoniza y el país enciende luces navideñas.

Cinco estrellas en torneos Clausura no son coincidencia: son método, carácter y tradición. Son la confirmación de que, en la era moderna del fútbol colombiano, cuando el campeonato se decide bajo la presión del cierre anual, Junior sabe encontrar su mejor versión.

Diciembre no sólo es un mes bendito en la historia rojiblanca. Es, en la modalidad de torneos cortos, el escenario donde el equipo aprendió a reinar. Sin duda que Junior es el equipo con más estrellas obtenidas en el mes de Diciembre en el Torneo Batplay II con cinco títulos. En títulos en Torneo Clausura lo escolta Atlético Nacional con 4 estrellas.

Hay futbolistas que acompañan los títulos. Y hay otros que los precipitan como el caso de José Enamorado. En la conquista de la undécima estrella de Junior de Barranquilla, el extremo no sólo desequilibró defensas: inclinó el destino. Aquella noche de diciembre no celebró únicamente un equipo; celebró a un jugador que entendió que las finales no se juegan, se asumen.

En un semestre de caminos ásperos y rivales de jerarquía, Enamorado eligió el escenario mayor para convertirse en determinante. Ocho goles en la Liga BetPlay II, tres de ellos en la serie definitiva, lo instalaron en el centro del relato.

José Enamorado se constituyó en el goleador de Junior en la Liga Betplay II con 8 goles. A Enamorado lo escoltaron Steven Tití Rodríguez con 7 tantos; Brayan Castrillón y Guillermo Paiva con 6 dianas.

Jesús Rivas, Didier Moreno y Joel Canchimbo se hicieron presente con tres goles. En el Torneo Liga Betplay II, ocho jugadores de Junior se hicieron presente en la tabla de goleadores en el recorrido del Junior para alcanzar la estrella 11.

Y hay un detalle que termina de explicar la estirpe de este campeón: Junior aprendió a coronarse lejos de Barranquilla…

De sus once títulos, nueve los levantó en territorio ajeno. Tres veces silenció a Bogotá; tres veces hizo enmudecer a Medellín; celebró también en Cali, en Manizales y, recientemente, en Ibagué. El Tiburón desarrolló una vocación casi romántica por la hazaña visitante, como si necesitara el ruido en contra para afilar los dientes.

En 1977, cuando conquistó su primera estrella fuera de Barranquilla, comenzó a forjar esa identidad nómada. Décadas después repitió la escena en distintas plazas del país. No le incomoda el estadio hostil ni el coro adverso; al contrario, parece crecerse en la incomodidad. Donde otros sienten presión, Junior encuentra carácter.

Hay algo profundamente simbólico en esa tendencia: el equipo que representa la alegría caribeña ha sabido imponer su fiesta en patios ajenos. Ha convertido la cancha rival en pista de carnaval. Ha transformado el silencio contrario en combustible propio.

Porque este Junior no sólo gana: conquista. No espera que la historia lo abrace; sale a buscarla donde sea necesario. Y quizá por eso sus estrellas brillan distinto. Nacieron lejos del puerto, pero regresaron siempre a él para quedarse.

Barranquilla los recibe cada vez como hijos pródigos que vuelven con la copa en alto. Y mientras el resto del país apaga sus luces, en la Arenosa se enciende la celebración. Porque si algo ha demostrado el Tiburón es que no necesita su casa para ser campeón: lleva la casa en el corazón, y el corazón late fuerte, incluso —y sobre todo— cuando juega de visitante.

De los once títulos que ha ganado Junior, nueve   los obtuvo en condición de visitante: tres en Bogotá (1977, 1995 y 2019) y tres en Medellín ( 2004 , 2018 y 2023 ) . Con uno título aparecen en las ciudades de Cali (1980) , Manizales (2011) e Ibagué ( 2025)

Y entonces Barranquilla vuelve a hacer lo que mejor sabe: creer.

Creer como se cree en los milagros pequeños, en la brisa que alivia el calor de diciembre, en la promesa de un año mejor. Porque aquí el fútbol no es un pasatiempo: es una liturgia popular. El estadio es catedral abierta al cielo caribe, la camiseta rojiblanca es hábito cotidiano y cada estrella bordada es un salmo que se canta a todo pulmón.

En los barrios del suroriente y en las terrazas del norte, en el mototaxista que pita celebrando y en la abuela que reza antes del penal, Junior es un idioma común. Une generaciones, reconcilia discusiones, detiene el tráfico y acelera el corazón. Cuando el equipo gana, la ciudad entera se siente reivindicada; cuando pierde, sufre como se sufre en familia. Así se vive la fe verdadera: con devoción incondicional.

Ocho títulos en diciembre no son sólo estadísticas: son capítulos de una tradición que atraviesa clases sociales, credos y edades. Son la prueba de que en Barranquilla el calendario también se mide por estrellas. Mientras el país enciende luces navideñas, los barranquilleros encienden bengalas rojiblancas y abrazan desconocidos como si fueran hermanos de sangre.

Porque aquí el fútbol es una religión sin templos cerrados, con procesiones que desfilan por la Murillo y plegarias que se elevan desde el Metropolitano hasta el cielo tibio del Caribe. Y cuando Junior levanta la copa, no sólo celebra un club: celebra un pueblo que se reconoce en su pasión, que encuentra en el balón un motivo para resistir, para soñar y para seguir creyendo.

En Barranquilla, diciembre no termina el 31. Termina cuando la última garganta deja de gritar campeón. Y esa fe, la fe rojiblanca, no se apaga jamás. Los junioristas tendrán una navidad feliz, con este tremendo aguinaldo anticipado!!!. La undécima estrella.

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
Noticias relacionadas
ActualidadCrónicasDeportes

Tarjeta roja como destino: el calvario de Jermein Peña que desarma a Junior

Crónicas

Evocando a mi padre, Álvaro Cepeda Samudio

ActualidadCrónicasDeportes

Edgar Sánchez, el médico que creció en la tribuna y se quedó en el corazón del Unión Magdalena

ActualidadArte y CulturaCrónicas

Turcios: cuando el mar se volvió trazo en la infancia de un caricaturista universal

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *