Por: Francisco Figueroa Turcios
En la memoria del fútbol colombiano existen sociedades silenciosas que terminaron dejando huella sin hacer demasiado ruido.
Una de ellas fue la que construyeron Julio Comesaña y Alfredo Arango, dos hombres que el destino reunió en tres camisetas distintas y que juntos terminaron escribiendo páginas imborrables en la historia del balompié nacional.
De los cuatro clubes en los que militó Comesaña en Colombia como futbolista, coincidió con Alfredo Arango en tres: Millonarios, Junior de Barranquilla y Unión Magdalena. Una coincidencia que con el paso de los años terminó convirtiéndose en una especie de hermandad futbolera marcada por títulos, vestuarios compartidos y batallas deportivas
“Con Alfredo Arango estuve en Millonarios 1972, Junior 1977 y Unión Magdalena 1980. En dos oportunidades tuvimos el privilegio de salir campeones: Millonarios (1972) y Junior (1977)”, recuerda Comesaña, evocando dos títulos que quedaron grabados en la historia de ambos.

Foto: Dulio Miranda, ‘Jopa’ Berdugo, Rafa Reyes, Juan Carlos Delménico, Julio Comesaña, Óscar Bolaño y ‘Orejita’ Núñez. Abajo: Camilo Aguilar, Eduardo Solari, César Lorea, Alfredo Arango y La Bruja Verón.
Aquella primera consagración con Millonarios en 1972 los unió en la capital, bajo el peso de una camiseta acostumbrada a exigir campeonatos. Cinco años después, el destino volvió a reunirlos en Junior de Barranquilla, donde fueron protagonistas de la primera estrella rojiblanca en 1977, una conquista que transformó para siempre la identidad futbolera de Barranquilla.
Alfredo Arango, nació en el barrio Pescaíto en Santa Marta, el 16 febrero 1946. Falleció el 20 diciembre 2005,. Fue campeón con el Unión Magdalena (1968), Millonarios (1972) y Junior (1977). Militó en los equipos Unión Magdalena, Millonarios, Junior y Atlético Bucaramanga.
Al cumplirse 20 años del fallecimiento de Alfredo Arango, Julio Comesaña tiene intacto los recuerdos con el futbolista samario. La primera experiencia de jugar juntos fue en Millonarios.

Foto: Otoniel Quintana, Chonto Gaviria, Arturo Segovia, Pelé González, Mene Segrera y Òscar Villano. Abajo. Alejandro Brand, Alfredo Arango,,Willington Ortìz, Julio Gòmez y Julio Comesaña
«Conocí a Alfredo Arango en el año 1972, en Bogotá jugamos juntos en Millonarios y en ese equipo no era titular ni tenía mucha participación. Tuvimos una relación buena pero no muy cercana. Era silencioso, no mantenía conversaciones largas. No sé cuál sería su comportamiento con los más cercanos.
Era respetuoso y cumplía con los requerimientos profesionales en el equipo. Un jugador con un gran talento, organizador de juego con una gran condición técnica que le permitía ser muy preciso con el balón. Tenía buen remate con pelota quieta o en movimiento y buen pasador. Físicamente un privilegiado. Muy fuerte muscularmente y sabía manejar sus brazos y manos para protegerse de las marcas y sacar ventajas» destaca Julio Comesaña sobre la vivencia de haber jugado en Millonarios con Alfredo Arango.

Foto: Millonarios 1972: Gabriel Hernández, Chonto Gaviria, Delio Maravilla Gamboa, Tizón González, Senén Mosquera y Òscar Villano. Abajo: Julio Comesaña, Alfredo Arango, Julio Gómez, Apolinar Paniagua y Eduardo Guilio
Los astros se unieron y Julio Comesaña volviò a jugar con Alfredo Arango, cinco años más tarde en Junior en el año 1977.
» En Junior lo conocí en su máxima expresión. Futbolista y fue brillante junto a Ramón Veron. Como compañero igual que en Millonarios. Excelente aunque no era efusivo ni andaba hablando todo el día, pero lo vi más feliz que en Bogotá.
Si uno le hablaba él respondía pero no iniciaba una conversación. Lógicamente que en su ambiente y con sus cercanos debería ser más expresivo. Lo definiría como un analítico – emprendedor » recuerda Julio Comesaña sobre la experiencia de jugar en Junior con Alfredo Arango.

Unión Magdalena 1980: Miguel Gasparoni, Adolfo Del Risco, Julio Comesaña, Pedro Brito, Pedro Blanco y Carlos ´Pañaña´ Barreto. Abajo: Adolfo Del Risco, Alfredo Arango, Oswaldo Redondo, ´Alcatraz´ García y Rolando Tovar.
Unión Magdalena fue el tercer club donde volvieron a jugar juntos Julio Comesaña y Alfredo Arango…
Luego llegaría el capítulo con Unión Magdalena en 1980, ya con la experiencia acumulada de quienes habían conocido la gloria y también el desgaste del oficio. Más que simples compañeros de equipo, Comesaña y Arango terminaron siendo sobrevivientes de una generación que ayudó a moldear el carácter competitivo del fútbol colombiano.
» Tres años después fuimos compañeros en Unión Magdalena y allí estaba en su ambiente pero sus cambios en su personalidad no aparecían. Siempre igual y con saludo que era “ que hubo cuadro”. No expresaba con facilidad sus sentimientos. Siempre lo recuerdo con cariño y respeto» sentencia Julio Comesaña sobre la experiencia de jugar con Alfredo Arango en el Unión Magdalena.

Alfredo Arango, hizo parte de la ilustre dinastía Arango. Su padre José Del Carmen y sus tíos Carlos, Rubén y Rafael complementan la dinastía, que al igual que la de los Valderrama son orgullo de Pescaíto y también de los colombianos.
Los expertos lo definían como un jugador inteligente con solvencia para constituirse en el líder del medio campo. Su vocación goleadora fue uno de sus grandes atributos como volante creativo. Sobre su estilo de jugar, Alfredo Arango siempre sostuvo que era innato y que jamás copia a su padre o sus tíos. «Yo nunca traté de imitar a mi papá ni a mis tíos. Aunque los veía jugar, especialmente a mi tío Carlos, nunca pensé aprender su fútbol, porque en ese momento no me interesaba ser futbolista», puntualizaba.
Hoy, cuando el fútbol colombiano mira hacia atrás para reconstruir su memoria, los nombres de Julio Avelino Comesaña y Alfredo Arango aparecen enlazados por algo más profundo que las estadísticas: compartieron vestuario en tres clubes históricos, celebraron títulos con Millonarios y Junior de Barranquilla, y dejaron la huella de una generación que entendía el fútbol como lealtad, sacrificio y sentido de pertenencia.
En tiempos donde las camisetas cambian con rapidez, su historia sigue recordando que las verdaderas sociedades del balón no solo ganan campeonatos: también permanecen intactas en la memoria colectiva de la gente











