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Julio Cesar, con la tula; los niños, sin los libros

El Gobernador de Sucre, Julio Cesar Guerra Tulena puso un eslabón más a la cadena de hechos en los que dirigentes hacen negocio con dineros del Estado y luego, si son descubiertos, simplemente, lo devuelven como si nada hubiera pasado.

Por: Jorge Sarmiento FigueroaEditor General

Julio Cesar GuerraAl curtido político sabanero, de 80 años, Julio Cesar Guerra Tulena, cuya tierra originaria (San Andrés de Sotavento, Córdoba, un respetable resguardo indígena que terratenientes como los antepasados de los Guerrera Tulena, por poco exterminan), la Contraloría lo halló culpable de sobrecostos en la compra de textos escolares, que, para colmo, se perdieron en buena parte antes de llegar a manos de los niños de grados primero a octavo de educación básica primaria.

Según el informe presentado por el ente de control el pasado 8 de enero, las presuntas irregularidades constituirían un detrimento patrimonial de más de $828 millones, en un contrato de $1.500 millones.

Es decir, a quien llegó incluso a ser Presidente del Senado de la República, se le dieron rubros del erario para que como Gobernador suscribiera un contrato público para adquirir textos escolares que serían repartidos a los niños de los estratos más vulnerables. Pero el dirigente consiguió que una empresa editora le vendiera al mil por ciento del valor real, pasando el costo unitario de cada libro de 7 mil pesos ¡a $70 mil!.

En vista de que la Contraloría se percató del sobrecosto, el Gobernador se presentó de inmediato a las oficinas de este ente y entregó 725 millones de pesos en efectivo, con lo cual consideraba que quedaba a paz y salvo con su posible irregularidad. Pero el hallazgo ya fue presentado al Presidente de la República, Juan Manuel Santos, quien deberá determinar si la conducta es válida para suspender, e incluso, destituirlo de su cargo, toda vez que se configura en un acto de corrupción.

Julio Cesar Guerra1Inclusive, la Contraloría ya hizo saber que “por concepto de la pérdida de material bibliográfico, se eleva en esta providencia un detrimento patrimonial en la suma de $103 millones”.

Si bien la defensa jurídica del Gobernador tiene argumentos con jurisprudencia en casos similares en los que dirigentes devuelven el dinero para no ser sometidos a fallos condenatorios, como lo hizo el alcalde de San Onofre, Nelson de Jesús Pineda, quien devolvió 600 millones de pesos para que a su vez le devolvieran el puesto, o como hizo Alejandro Char en el Atlántico para que no lo inhabilitaran cinco años para contratar ni ejercer cargos públicos, este caso de Julio Cesar Guerra Tulena representa un duro golpe de opinión pública porque se trata de la educación infantil en uno de los Departamentos con mayor índice de analfabetismo del país, con muchas necesidades básicas insatisfechas.

Según se afirma en los corrillos políticos de Sucre, quien en realidad parece que gobierna la primera oficina departamental es una hija del Gobernador, debido a la avanzada edad del dirigente. Por fortuna ella sí pudo tener en su época la educación que requería, con textos impresos en las mejores editoriales y a precios cómodos.

Podría decirse que Julio César Guerra Tulena, médico de profesión y político de oficio, es el último Mohicano, en el seno de esta tradicional familia que ha dominado el panorama político sucreño durante más de setenta años. Como lo hicieron los primeros inmigrantes árabes que llegaron a estas generosas tierras, aprovecharon su mayor conocimiento de los negocios y del manejo del dinero. De esa forma, casi todas estas familias se hicieron a extensas haciendas prestándole dinero al interés al pobre campesino quien, al final, se veía obligado a entregar la parcela por la deuda. Gracias a la usura acumularon grandes fortunas. Y como en esos tiempos cualquiera que tuviera plata para importar la mayor cantidad de alambre de púes podía cercar más cantidad de tierras baldías y luego escriturarlas a su nombre, no había cómo competirles. Para terminar de aplastar al resto de la sociedad, se metían a la política y arrasaban con todas las credenciales de elección popular, con toda la burocracia de su jurisdicción y con todos los contratos públicos. Esa fue la fórmula que permitió a estas castas como los Guerra Tulena, los Martínez Simmans, Los García. Pero, sobre todo, los Guerra Tulena, que tuvieron en Juan al primer cacique. Luego siguió José, reemplazado de manera vergonzosa por Joselito Guerra De la Espriella, quien tristemente se quemó muy joven en la política por andar de escándalo en escándalo.

El que no sepa esta historia, simplemente tiene que leer Los funerales de la Mama grande, del Nobel García Márquez, cuya historia se desarrolla justamente en las sabanas de Sucre.

Julio César, educado en las mejores universidades, quiso ser como el primer Julio Cesar, el emperador romano, amo y señor de todo lo que se movía en su entorno. De enorme estatura, una barba siempre recortada, perfumado, elegante, era el centro de atracción del sitio a donde llegaba. Y se cuenta que más de una decena de hermosas mujeres cayeron ante sus coqueteos.

Pero, inevitablemente, se puso viejo. Se le olvidaban las cosas.  Y fue por eso que de manera forzosa tuvo que darle paso a una de sus hijas para que gobernara en cuerpo ajeno.

¿Será que en vísperas de elecciones, los ciudadanos de la Región Caribe no se percatan de hechos como este en los que candidatos que fungen como hombres y mujeres probos son en realidad de una calaña capaz de robarle incluso la educación a los hijos de la comunidad?

Sería hilar muy delgado, pero se rumora que en estos días el sector de los Guerra Tulena acudió a una reunión en una finca con el candidato al Senado el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Y quien llevó el peso de la palabra fue la exministra de comunicaciones María del Rosario Guerra De la Espriella, sobrina de Julio César. Pero ocurre que Julio Cesar ha insistido en declararse Liberal, partido que lo eligió Gobernador hace 3 años. Y, por lo tanto, moral y políticamente, debería apoyar la reelección del Presidente Santos, por lo que nada de extraño sería que sus allegados presionen para que el Gobierno Nacional no toma cartas en el asunto. En esas condiciones el Gobernador Guerra Tulena, pese a su precaria credibilidad pública, saldría de su madriguera a buscar muchos votos para la reelección del Presidente Santos. Para eso es el último Mohicano.

Y pensar que el Jefe del Partido Liberal, Simón Gaviria (hijo del ex Presidente Cesar Gaviria), salió rampante con su cara de «Simón el bobito» a decir que la renovación del «trapo rojo» estaba en hombres como Julio Cesar Guerra Tulena.

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Practicante del periodismo desde niño, comunicador de profesión, artista por vocación. Email: jorgemariosarfi@gmail.com Móvil: 3185062634
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