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José Saramago, tan colombiano

Por Jorge Guebely
Ilustración de portada: Turcios

Nunca Saramago tan colombiano como hoy, ni su “Ensayo de la lucidez” tan nuestro como ahora, ni su literatura tan reveladora como siempre.

Nunca nuestro pueblo tan lúcido como la noche del cacerolazo contra el mediocre y elitista gobierno Duque. Noche cuando nuestra derecha, tan derecha, inventó hordas violentas de venezolanos dispuestas a desvalijar condominios. Como en Saramago, su vieja y pavorosa estrategia política: crear terrorismos para paralizar incautos y neutralizar voluntades ciudadanas.

Nunca una mayoría colombiana tan lúcida como cuando eligió a Petro. No por ser una cima política, -nuestra política carece de cimas, abunda en simas-, ni por ser el óptimo ser humano, sino el menos contaminado de la contienda electoral. Presidente capaz de conversar con jóvenes en vez de sacarles los ojos, de poner el ejército en labores humanitarias en vez de exigirle tancados de sangre inocente, de comprar tierras para campesinos humildes en vez de destazarlos con sierras de paramilitares, de dialogar con ejércitos irregulares en vez de avivar guerras inacabables sin importar las vidas de jóvenes populares en todos los bandos.

Como en Saramago, la derecha, amenazada en sus privilegios, inventa infames estrategias para neutralizar la lucidez popular. Multiplica execrables asesinatos, robos violentos, confusión general, para sembrar desesperanzas. Para someter un pueblo, reenviarlo a la ceguera, a su perpetua miseria material y humana.

Insuficiente la primera estrategia, una bomba estalla en las páginas de la novela. Otro ardid para acusar a los enemigos del sistema, para que los medios de comunicación se deleiten en el escarnio público. Artificio similar a la bomba mediática contra Petro: explosión y explotación de un hijo corrupto, arribista, formado en las grandes podredumbres barranquilleras. Las mismas que encumbran a Margarita Cabello, la procuradora, y trituran a Aída Merlano, la traficante de votos.    

Pavoroso bombazo del fiscal Barbosa, capaz de opacar el difícil y complicado cese al fuego con el ELN, de ignorar la creación del Comité Nacional de Participación. Institución incluyente, dinámica y plural; creada para dialogar la guerra con todos sus directos implicados: víctimas y victimarios, civiles y militares, campesinos y citadinos.

No es atractiva la paz para la extrema derecha, ni para la derecha, ni para varios personajes del centro. Como gusanos humanos, se alimentan de las heridas sociales. Poco importan los muertos, los de la bomba en la novela, los de la guerra en Colombia, no son sus muertos. Todo vale con tal de conservar los ofensivos privilegios, lo afirma uno de los personajes de Saramago: “Quien quiere los fines, también debe querer los medios”.

jguebelyo@gmail.com

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