Por: Francisco Figueroa Turcios
Antes de que Lionel Messi se convirtiera en leyenda, antes de los Balones de Oro, de las noches mágicas en el Camp Nou, de los títulos con Barcelona, de la Copa del Mundo y de los récords que parecían imposibles, hubo un hombre que caminó detrás de él sin reclamar protagonismo. Ese hombre fue Jorge Horacio Messi.
Su historia no está escrita con goles ni trofeos. Está escrita con sacrificios silenciosos, madrugadas, viajes, preocupaciones económicas y decisiones tomadas con una sola certeza: creer en su hijo cuando todavía el mundo no sabía quién era Lionel Messi.
Jorge falleció en la madrugada de este sábado 8 de agosto de 2026, a los 68 años, después de enfrentar una larga enfermedad. Con su partida se va una figura fundamental en la historia personal del considerado uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos.
El viacrucis de Jorge Messi…

El drama de Jorge Messi fue mucho más que conseguirle a su hijo un lugar en un equipo de fútbol: fue una carrera contra el tiempo, contra las limitaciones económicas y contra la incertidumbre de saber si aquel niño diminuto, pero extraordinariamente talentoso, podría crecer con normalidad.
Primero, una precisión: no se trataba de una enfermedad de las glándulas de crecimiento, sino de una deficiencia de hormona del crecimiento, diagnosticada cuando Lionel Messi tenía alrededor de 10 años. El tratamiento consistía en inyecciones de hormona de crecimiento.
Jorge Messi era trabajador metalúrgico y tenía cuatro hijos. El tratamiento de Lionel suponía un gasto que la familia difícilmente podía sostener: distintas fuentes sitúan el costo alrededor de 900-1.000 dólares mensuales. Durante un tiempo, el seguro o la cobertura laboral ayudó, pero esa posibilidad se agotó.
Y ahí comenzó el verdadero calvario. Lionel jugaba en Newell’s Old Boys, donde ya había mostrado condiciones extraordinarias. Pero el problema no era futbolístico. Los clubes podían ver al pequeño Messi driblar y marcar goles, pero también veían el compromiso económico que significaba hacerse cargo de un tratamiento prolongado y costoso.
River Plate llegó a interesarse por el muchacho, pero tampoco asumió el costo del tratamiento. ESPN señala que varios clubes argentinos se mostraron reticentes precisamente por el gasto que implicaba tratar su deficiencia hormonal.
Jorge entonces comenzó a tocar puertas. No estaba buscando simplemente el mejor contrato para su hijo. Buscaba un club que le permitiera continuar el tratamiento que necesitaba para crecer. La situación se hizo todavía más angustiosa cuando Newell’s dejó de asumir regularmente el tratamiento. Según testimonios atribuidos al propio Jorge, el club realizó algunos pagos, pero finalmente dejó de hacerlo.
.En Barcelona comenzó otra batalla...

La historia tomó otro rumbo cuando los contactos argentinos con vínculos en España permitieron que el talento de Messi llegara a oídos de personas relacionadas con el fútbol de Barcelona. Jorge decidió entonces cruzar el Atlántico con su hijo.
En 2000, Lionel, con apenas 13 años, llegó a Barcelona para realizar una prueba. Allí apareció otro capítulo dramático: el club catalán tampoco tenía inicialmente claro si asumiría aquella apuesta. Pero después de verlo jugar, Carles Rexach quedó convencido de que aquel pequeño argentino tenía algo diferente.
El famoso episodio de la servilleta nació precisamente en medio de esa incertidumbre: ante la necesidad de tomar una decisión, Rexach dejó por escrito el compromiso de Barcelona con Messi. Y esa firma informal terminó cambiando la historia del fútbol. la condición que podía cambiarlo todo.

Barcelona no solamente estaba adquiriendo a un futbolista. Estaba aceptando una responsabilidad que los clubes argentinos habían evitado asumir: financiar el tratamiento médico que Lionel necesitaba. Messi ha explicado posteriormente que Barcelona fue el club que le ofreció pagar aquel tratamiento, una de las razones fundamentales por las que terminó marchándose a España.
Durante sus primeros años en Barcelona, el niño continuó con las inyecciones de hormona de crecimiento. ESPN recoge que el tratamiento implicaba inyecciones nocturnas y que el costo rondaba los 1.000 euros mensuales según los reportes de aquella época, aunque las cifras exactas no fueron confirmadas oficialmente por el club o la familia.

Fue un proceso silencioso. Mientras los compañeros entrenaban y soñaban con convertirse en futbolistas profesionales, Messi tenía otra rutina al llegar la noche: una inyección más. Y Jorge estaba detrás de todo aquello. No había estadios llenos. No había Balones de Oro. No había Copas del Mundo. Había un padre intentando conseguir que su hijo pudiera crecer y continuar jugando al fútbol.
Con el tratamiento, Messi terminó desarrollándose físicamente. Una fuente de la época señala que pasó aproximadamente de 1,40 metros a 1,69 metros durante aquellos años de tratamiento. Pero quizá lo más importante fue que Barcelona no solamente ayudó a resolver un problema médico. Le abrió la puerta al lugar donde su talento podía convertirse en una profesión.
Por eso, cuando se habla de la historia de Lionel Messi, aquella servilleta de Barcelona suele aparecer como el documento que cambió el fútbol. Pero antes de esa servilleta hubo algo mucho más poderoso: un padre que se negó a aceptar que la falta de dinero pudiera decidir el destino de su hijo.Jorge Messi no sabía que estaba llevando a Barcelona al futuro mejor jugador de una generación. Solo sabía que tenía un hijo con un talento extraordinario y un problema de salud que había que enfrentar.
Y siguió tocando puertas. Newell’s no pudo. River no pudo. La familia no podía. Entonces apareció Barcelona. Años después, cuando aquel niño levantó la Copa del Mundo con Argentina, ganó el Balón de Oro y se convirtió en una leyenda universal, detrás de cada trofeo parecía asomarse la sombra de aquel padre que había recorrido oficinas, hablado con dirigentes, buscado ayudas y finalmente cruzado el océano para salvar el sueño de su hijo.
Antes de que Lionel Messi conquistara el mundo, Jorge Messi tuvo que conquistar algo mucho más difícil: la posibilidad de que su hijo pudiera crecer, jugar y seguir soñando.
Jorge Messi nunca pareció interesado en convertirse en protagonista de la historia. A diferencia de otros padres de grandes figuras deportivas, mantuvo un perfil reservado y alejado de los reflectores. Se ocupó de buena parte de los asuntos profesionales de Lionel, especialmente durante sus primeros años, mientras procuraba que su hijo pudiera concentrarse en lo que mejor sabía hacer: jugar al fútbol.

Pero detrás de cada fotografía levantando una copa había otra historia, menos visible. La de un padre que madrugaba. La de un padre que trabajaba.
La de un padre que acompañaba. La de un padre que tuvo que tomar una maleta y cruzar el Atlántico porque creyó que el sueño de su hijo merecía una oportunidad.La historia de Lionel Messi también puede contarse desde los grandes estadios, desde las finales y desde los millones de aficionados que aprendieron a pronunciar su nombre.
Pero también puede contarse desde un automóvil detenido frente a unos niños que esperaban un autógrafo. Desde allí, Jorge Messi parecía decirle a su hijo algo que sería mucho más importante que cualquier consejo futbolístico: Nunca olvides de dónde vienes. Nunca olvides a la gente que sueña contigo. Hoy, mientras el mundo despide al padre de Lionel Messi, el fútbol recuerda al hombre que estuvo detrás de la leyenda sin necesitar ser leyenda.
Jorge Horacio Messi no marcó goles en los grandes estadios. No levantó trofeos. No recibió Balones de Oro. Su victoria fue otra. Ayudar a que un niño pudiera cumplir el sueño que parecía imposible. Y quizás esa sea la manera más profunda de entender su legado: cuando el mundo entero vio a Lionel Messi levantar los trofeos, Jorge vio siempre al niño al que alguna vez llevó de la mano a entrenar. Detrás del mejor futbolista estaba un padre. Y detrás de aquella zurda que maravilló al mundo, hubo también un hombre que creyó en ella cuando todavía nadie podía imaginar hasta dónde llegaría.
Que descanse en paz, Jorge Horacio Messi.











