ActualidadCrónicasNacionales

Habrá «diomeditis» para mucho rato

En un conversatorio realizado este sábado en el tertuliadero de la Librería Nacional de la carrera 53 con calle 76 aparecieron más fanáticos de lo que se creía.

Por Chachareros/ fotos Arleth Melizza Becerra

diomedes_diaz_2Siempre se ha creído que Barranquilla es una ciudad meramente salsera. Mentiras. Aquí se le jala por igual al jala jala, al merengue, al merecumbé, al porro, la cumbia, al son montuno, a la música sabanera de acordeón y, como tenía que ocurrir siendo esta la gran capital del Caribe colombiano, al vallenato.

Al margen de que el Binomio de Oro nació y creció aquí. Se formó y se volvió el conjunto de más caché en la música vallenata, y se daba el lujo de presentarse con uniformes elaborados por las más prestigiosas firmas de la moda barranquillera y neoyorquina. Al margen de que fue el primer conjunto invitado a la Universidad de Columbia, en Washington, Distrito Especial, a recibir el premio mundial como el mejor intérprete de acordeón, recibido por Israel Romero.

El escritor Oscar Montes muestra lo último de Diomedes en su vida. A su lado, Rafael Sarmiento Coley, director de Lachachara.co

El escritor Oscar Montes muestra lo último de Diomedes en su vida. A su lado, Rafael Sarmiento Coley, director de Lachachara.co

Al margen de todo eso, decimos que Diomedes Díaz también caló muy hondo en el gusto musical barranquillero.

En el primer conversatorio sobre el libro investigado y escrito (aclaramos esto porque hay escritores cómodos que no investigan, sino que mandan al “negro” a que haga el trabajo sucio), por el colega Óscar Montes, en La Cueva, no hubo tanta participación del público con aportes y observaciones sobre algún detalle de la obra.

Un tema que quedó en el aire

El público llegó graneadito al conversatorio en la Librería Nacional.

El público llegó graneadito al conversatorio en la Librería Nacional.

Definitivamente el autor, ni Rafael Sarmiento Coley, quien lo acompañó como moderador del foro, pudieron responder la inquietud acerca de quién es ese compadre muerto, que deja una mujer viuda y sola con un niño que, cuando va Diomedes a visitarlos, le pregunta con tristeza “padrino, ¿dónde está papá?”, y él se queda mudo porque no tiene en el instante la respuesta, pero de repente se le enciende la chispa y le dice “ahijado, tu papá está en el cielo, a donde lo llamó Dios”.

Algo muy destacable en el libro es que se trata de un formato muy particular. Atípico. Es una biografía novelada. A la cual lo único que le hace falta es un árbol genealógico, algo bastante difícil, si se tiene en cuenta que Diomedes, dicen, tuvo 28 hijos, otros familiares del propio artista aseguran que 62. En todo caso, hacer ese árbol genealógico era tanto como hacer un bosque. Es decir, cada mujer, con sus retoñitos y en el ramaje los antecedentes de la agraciada. Porque, además, a pesar de la fidelidad (entre comillas) que durante 35 años Diomedes respetó (también comillas)  a su primera y única esposa, Patricia Acosta, fueron tantas las mujeres que él conquistó con unos versos, y tantas las que se le tiraban a los pies, que se habla de unas 32 amantes, incluida la difunta Doris Adriana Niño, que para él era un ave de paso. Para ella era una relación que tenía futuro. Pero esa relación tormentosa acabó con su vida.

También a él lo venció la droga

AP,DiomedesAsí como la relación tormentosa de Diomedes por la adicción a la coca, lo llevó a la tumba con los pulmones podridos y un estado físico deprimente, tal como lo refleja la foto del cierre del libro de Óscar Montes, en la discoteca Moy´s de Barranquilla, un día antes de morir en Valledupar.

Decíamos que es una obra atípica porque, además de un relato bien llevado, con un lenguaje claro y preciso, el autor incluye la letra de las principales canciones que hicieron inmortal a Diomedes. Letras que el público, su fanaticada como él se ufanaba en afirmar a cada instante, se sabía de memoria. Y él ni tonto ni perezoso, acosado por las lagunas oscuras de una memoria que ya no recordaba las letras de casi ninguna canción completa porque las neuronas fueron arrasadas por el perico, cantaba la primera frase y le ponía el micrófono al público que entendía aquello como un gesto generoso de Diomedes, cuando no era más que un truco para ocultar la pérdida paulatina de la memoria.

En ese aspecto, el libro es un cancionero, es un relato, y es una biografía completa del personaje, desde cuando nació, hasta cuando lo llevaron a la tumba. Pero también tiene rasgos de una novela con pinceladas de realidad mágica, con episodios como el del niño que comenzó a grabar todas sus presentaciones en los más lejanos rincones del país. Era tanta su devoción, su pasión, que al final Diomedes terminó preguntándole qué hacía él con esos casetes. Y el niño inocentemente le respondió: “Los tengo en mi cuarto allá en el barrio Primero de Mayo de Valledupar”.

Pues desde ese día el niño hizo parte del conjunto. Ya no tenía que pelear por un puesto en alguna flota de buses. Iba en primera fila en el bus del conjunto. Era tan riguroso en sus grabaciones, que terminó corrigiendo a los sonidistas: ponle más brillo al micrófono de Diomedes. Ponle sonido a los bajos de Colacho. No se siente la guacharaca. Y así, hasta cuando Diomedes descubrió que el niño sabía más de lo que todos los del conjunto se imaginaban.

El malo de la película

Pero como nunca falta el malo de la película, uno de los integrantes del conjunto convenció al niño para sacar clandestinamente a la venta en la calle primero  casetes y luego, cuando llegó el CD, aquello se les volvió una mina de oro. Diomedes llegó a saberlo todo, pero se hizo el ciego. Cuando la disquera reclamó, el artista, como Pilatos, se lavó las manos. “No tengo nada que ver en eso, ni ninguno de mis músicos. Es problema de algún vivo que pone una grabadora en uno de los parlantes, y ya”.

Fue cuando la Sony Music decidió grabar en vivo todas las presentaciones de Diomedes, con una consola ultramoderna y, en seguida, a la semana siguiente, estaba en las discotiendas el CD con un sonido de mayor calidad. Lo mismo ocurrió cuando llegó el DVD. Diomedes le producía tanta plata a la disquera, que, para tenerlo contento, por grabar un largaduración en su momento de gloria, llegaron a darle mil millones de pesos de anticipo, fuera de regalías por ventas, que vendrían después.

El Cocha y Diomedes

El Cocha Molina y Diomedes Díaz

En una parte de la obra el autor se sube a lo alto como una tercera voz que relata lo que no se ve y regaña a Diomedes por haber desperdiciado tanto talento por el maldito vicio, bueno, y también por su desordenada vida sexual. En fin, hay tantas cosas buenas en este libro “Diomedes Díaz: vivir más no pude. Historia íntima de sus excesos”. Y también de sus muestras de bondad. Como lo hacía con tanta gente a la que ayudaba con dinero en efectivo. O metiendo a la caseta a periqueros, pordioseros y muchachos de la calle que lo esperaban al momento de entrar a la caseta y le gritaban: “¡Cacique, ayúdenos a entrar!”. Y él se paraba en la puerta de la caseta como un verdadero Cacique, con los brazos en jarra, “o entran todos ellos, o no entro yo”. Y ni modo. Había que dejar entrar a toda esa gentuza.

La abuela vendedora de dulces

O como sucedía con la abuelita que vendía golosinas en una chacita  a la entrada de todas las casetas en donde actuaba Diomedes. Hasta que él se dio cuenta de aquella lealtad, entonces desde ese día también la acolitó. Al terminar la actuación, Diomedes salía sudado, estrujado por su “fanaticada”, pero él se escapaba para ir a abrazar a su viejecita. Le decía al oído dónde sería el próximo toque y que no se preocupara por el transporte, que desde ese día tenía un cupo en el bus del conjunto. Cuando la señora no vendía mayor cosa, Diomedes le preguntaba “cuánto vale todo eso que tiene ahí” (colombianas, bocadillos, fósforos, cicles), ella, con una vocecita penosa le decía, “no Cacique, eso es una bobada, vale 25 mil pesos”. Entonces él le decía “tome, quédese con el vuelto”. Eran 50 mil pesos que hacían brillar los ojos de la incondicional fanática diomedista. Y, como decía el Cacique, ¡se las dejo ahí!

About author

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey
Related posts
ActualidadCiencia y TecnologíaNacionales

Academia de Innovación de Movistar Empresas lanza curso gratuito 'Inteligencia Artificial para potenciar las ventas de tu negocio'

ActualidadReflexión

El Poder Transformador del Periodismo Feminista

ActualidadDeportes

David Alonso Arrasa en el GP de las Américas en Moto3

Arte y CulturaEducaciónNacionales

Obras de recuperación de Bellas Artes avanzan en un 75,16%

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *