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Francisco Maturana: cuando el destino comenzó con un consultorio y no con una cancha

Por: Francisco Figueroa Turcios

Mucho antes de que el país lo conociera como el arquitecto de una revolución futbolística, Francisco Maturana era un joven chocoano nacido en Quibdó, pero desde temprana edad su familia se trasladó a vivir a Medellín, que tenía una misión muy distinta en la vida: convertirse en profesional.

El futuro, de Francisco Maturana en aquellos años de adolescencia, no estaba dibujado sobre el césped de un estadio, sino entre libros, aulas y la firme convicción de una madre que entendía la educación como el mayor patrimonio que podía dejarles a sus hijos.

La hoja de ruta académica: ser un profesional

La formación académica de Francisco Maturana comenzó en el colegio Marco Fidel Suárez, en Medellìn, donde cursó los dos primeros años de bachillerato. Posteriormente ingresó al Liceo Antioqueño, institución en la que culminó sus estudios secundarios y donde empezó a darle forma a las aspiraciones que marcarían su juventud.

«Lo que tenía claro era que debía estudiar una carrera profesional», recordaría años después Francisco Maturana. Esa certeza no surgió por casualidad. En su hogar existía una regla inquebrantable, impuesta con amor y autoridad por su madre, Hilda García de Maturana, quien ejercía como docente. En aquella casa el estudio no era una opción, sino un compromiso. «En casa se hacía lo que ella decía: ser profesional», resumía el propio Francisco Maturana, reconociendo la influencia decisiva de quien convirtió la educación en el eje de la familia.

Pero si su madre sembró el valor del conocimiento, fue su padre, Marcelino Maturana Serna, promotor de salud, quien orientó el rumbo de su vocación. Acompañándolo en su trabajo y observando de cerca la labor de médicos y odontólogos, el joven Francisco descubrió un mundo que despertó su interés por las ciencias de la salud.

Aquellas experiencias de Francisco Maturana terminaron inclinando la balanza hacia la odontología. La profesión representaba la posibilidad de servir a la comunidad y seguir el ejemplo de entrega que veía diariamente en su padre. Con esa convicción ingresó a la Facultad de Odontología de la Universidad de Antioquia, sin imaginar que ese sería apenas el primer capítulo de una vida destinada a trascender mucho más allá de un consultorio.

En ese momento nadie sospechaba que aquel estudiante disciplinado, formado bajo el rigor de la academia y los principios familiares, terminaría llevando la misma precisión, paciencia y capacidad de observación de la odontología al banco técnico de un equipo de fútbol. El bisturí aún estaba en sus manos; el tablero táctico llegaría después para cambiar la historia del deporte colombiano.

Francisco Maturana: el odontólogo!!!

Francisco Maturana nunca abandonó el fútbol cuando decidió estudiar odontología. Hizo exactamente lo contrario: aprendió a convivir con dos pasiones que parecían incompatibles. Mientras unos soñaban con estadios repletos, él alternaba las canchas con el consultorio, los entrenamientos con los pacientes, las tácticas con los tratamientos odontológicos.

La historia deportiva de Francisco Maturana había comenzado mucho antes de recibir el título universitario. En la etapa formativa integró la Selección Antioquia que disputó el Campeonato Nacional de Ibagué en 1970.

El talento de Francisco Maturana también lo llevó a vestir la camiseta de Colombia en los Juegos Centroamericanos de Panamá y posteriormente en los Juegos Panamericanos de Cali en el año 1971, experiencias que fortalecieron su formación como futbolista.

Maturana, futbolista profesional…

Atlético Nacional 1976: Eduardo Retat, Chumi Castañeda, Gerardo Moncada, Miguel Ángel López, Pacho Maturana y Jorge Olmedo. Hincados: Jorge Peláez, Comanche Salgado, Ramón Bóveda, Eduardo Emilio Vilarete y Raúl Navarro

Sin embargo, para Francisco Maturana el estudio siempre tuvo prioridad. Se graduó como odontólogo en la Universidad de Antioquia y, cuando Atlético Nacional decidió contratarlo como jugador profesional, aceptó con una condición que muy pocos futbolistas se atreverían a imponer.

«Me hicieron un contrato con Nacional bajo la condición de que no podía entrenar sino una vez al día. Ellos entrenaban mañana y tarde, pero yo debía atender mi consultorio en las horas de la tarde.»

Era un caso poco común en el fútbol colombiano. Mientras sus compañeros regresaban al entrenamiento vespertino, Maturana se dirigía al centro de Medellín para recibir a sus pacientes. Años más tarde trasladó su consultorio al barrio Laureles, donde ejercería la odontología durante catorce años. Paralelamente también compartía sus conocimientos como docente de la Facultad de Odontología de la Universidad de Antioquia.

Atlético Bucaramanga 1980: Roberto Vasco, Roberto Frasculli, Francisco Maturana, Wlman Conde, Fernando Castro y Comanche Salgado. Abajo: Gilberto Granados, Diego Onix, Víctor Campaz Nèstor San Juan y Diego Umaña.

La carrera profesional de Francisco Maturana nunca estuvo desligada del balón. Decidió viajar a Bucaramanga para cumplir el año rural sin abandonar el fútbol. Desde allí siguió compitiendo y alcanzó a participar en las eliminatorias rumbo al Mundial de España 1982. Más adelante llegó al Deportes Tolima, con el que protagonizó una destacada participación en la Copa Libertadores.

Pero al regresar a Medellín comprendió que su etapa como futbolista profesional había llegado a su final. «Determino que el fútbol profesional, a nivel de jugador, termina para mí.» La decisión parecía definitiva. Volvió de tiempo completo al consultorio de Laureles convencido de que la odontología sería su proyecto de vida. Sin embargo, el destino volvió a tocar la puerta de una manera inesperada.

Uno de sus pacientes era el peruano Luis Cubilla. Entre consulta y consulta, el experimentado entrenador insistía en que Maturana debía regresar al fútbol. Primero intentó convencerlo para seguir jugando. Como no lo logró, le propuso iniciar una nueva etapa desde los banquillos.

La conversación que cambió la historia…

Francisco Maturana aceptó trabajar en el fútbol formativo. Los resultados fueron inmediatos. Sus equipos no solo ganaban; cautivaban por su manera de jugar, por el orden, la inteligencia y el respeto por la pelota. En 1985 conquistó el primer Campeonato Pony Fútbol dirigiendo a La Floresta, un título que comenzó a convertir su nombre en referencia obligada del fútbol juvenil colombiano.

Después asumió la dirección deportiva de las divisiones menores de Atlético Nacional. Bajo su conducción, todas las categorías obtuvieron sus respectivos campeonatos, un fenómeno que llamó la atención en todo el país y confirmó que detrás de ese odontólogo existía un maestro capaz de formar futbolistas y construir equipos.

El siguiente paso llegó por recomendación del uruguayo Aníbal Ruiz, quien lo impulsó en el año 1986 hacia la dirección técnica del Once Caldas, equipo que alcanzó la fase final del campeonato colombiano y que estuvo integrado únicamente por jugadores colombianos.

Posteriormente, fue contratado por la Federación Colombiana de Fútbol para dirigir las divisiones juveniles y luego la selección nacional. Con Colombia ocupó el tercer lugar en la Copa América de 1987. En 1989 logró con Atlético Nacional el primer título de Copa Libertadores de América del club.

Huellas en la selección Colombia…

Francisco Maturana dejó una huella imborrable en la historia de las eliminatorias mundialistas de Colombia. Bajo su conducción, la Selección cambió para siempre su mentalidad y volvió a competir entre las grandes potencias del continente.

Sus principales logros fueron:

  • Clasificó a Colombia al Mundial de Italia 1990, poniendo fin a una ausencia de 28 años. El cupo lo consiguió tras ganar su grupo y superar a Israel en el repechaje intercontinental.
  • Clasificó de manera brillante al Mundial de Estados Unidos 1994, con la inolvidable campaña que culminó con el histórico 5-0 sobre Argentina en el estadio Monumental de Buenos Aires, uno de los resultados más emblemáticos del fútbol colombiano.

Más allá de los resultados, Maturana transformó la identidad futbolística de Colombia. Implantó un estilo basado en la posesión del balón, la inteligencia táctica y el protagonismo ofensivo, convenciendo a sus jugadores de que podían competir de igual a igual con cualquier selección del mundo. Esa filosofía marcó a toda una generación y convirtió a Colombia en un referente internacional.Además, fue parte del Comité Técnico de la FIFA y actualmente integra la junta directiva de Atlético Nacional. 

Cuando Francisco Maturana asumió la dirección técnica del Once Caldas tomó la decisión más trascendental de su vida profesional. Guardó definitivamente el instrumental odontológico y abrió, para siempre, el tablero táctico. Desde ese instante dejó de reparar sonrisas en un consultorio para empezar a dibujarlas en millones de colombianos a través del fútbol.

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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