Este escritor bogotano, seleccionado en 2017 como una de las figuras literarias latinoamericanas menores de 39 años, fue uno de los invitados al XVI Carnaval Internacional de las Artes.
Por Jorge Sarmiento Figueroa
A Felipe Restrepo Pombo el teclado del computador le quemó las manos cuando recibió la noticia de Bogotá 39. Era mayo de 2017, estaba escribiendo su segunda novela, Ceremonia (Grupo Planeta, 2021), gozaba de una reputación con peso específico en el periodismo cultural y en su primera incursión literaria (Formas de evasión, Grupo Planeta, 2016), que había logrado publicar un año antes. Pero ser seleccionado en esa lista lo paralizó.
“Durante varias semanas no pude escribir, no pude hacer nada. Me preguntaba cómo se puede hacer una lista de escritores menores de 39 años por el hecho de que Gabo sí logró publicar Cien años de soledad a esa edad”, se ríe con ironía en un intento de protegerse, de evadir esa presión.
El colmo de lo irónico es que Felipe comenzó en el periodismo en la revista Cambio, al lado de García Márquez, a quien le aprendió los secretos que ahora se le convierten en exigencia.
Esas íntimas ceremonias de creación, donde se paralizan los dedos y se producen los partos de personajes e historias, fueron los temas de conversación entre este bogotano de 44 años y el escritor Efraim Medina en el XVI Carnaval Internacional de las Artes, en una charla perteneciente a la serie de actividades con las que esta fiesta de la reflexión rindió homenaje al gran mago cataquero.
Jorge Sarmiento Figueroa: ¿Qué lo sacó de la parálisis?
Felipe Restrepo Pombo: Lo que me salvó fue mi formación de periodista. Uno cuando es periodista tiene que entregar los contenidos y luego ya ver cómo quedan, no me puedo quedar dándole vueltas a la idea de que tiene que ser perfecto. Gracias a eso me liberé como escritor.
Jorge Sarmiento Figueroa: ¿Qué otras cosas le suceden en ese cruce de periodismo y literatura?
Felipe Restrepo Pombo: Ambos caminos se han cruzado en mi vida de forma natural. Estudié literatura, pero empecé a los 19 años en el periodismo con Gabo, que siempre estaba interesado en que le contáramos historias. Formas de evasión, mi primera novela, nació a partir de una historia periodística en la que descubrí que había demasiada ausencia de datos como para cumplir con el rigor de la realidad. Duré ocho años creándola mientras seguí haciendo crónicas y entrevistas.

Felipe Restrepo vive entre México y Bogotá. Se dedica a la literatura, a la asesoría editorial y a la dirección de contenidos en una empresa de medios digitales. Es su primera visita a Barranquilla, se le percibe emoción sin llegar a la parálisis por participar en el Carnaval Internacional de las Artes. “Para mí, una de las cosas más locas del oficio de escritor es que tú escribes un libro en solitario, en tu casa, o en tu lugar de trabajo y, cuando ya sales y lo publicas y hay gente que lo lee y lo comparte contigo, a mí me parece que es ahí cuando cobra vida, cuando todo cobra sentido. Y deja de ser una cosa muerta, se vuelve realmente una creación. Eso hace que sea genial estar con un público que quiera reflexionar contigo sobre lo que escribes. Que mis libros les suscite algo, bueno o malo, pero algo le suscite”.
En efecto, durante la charla sobre sus ceremonias de creación, Felipe desentrañó cómo construye las escenas, su manera de describir personajes y de crear ritmo, ambientes, jugando con las herramientas que comparte por igual en el periodismo narrativo y en la literatura. Y no es que se salte de un lado al otro sin importar las diferencias entre la ficción y la realidad, sino que comenzó desde tan joven a dar esos saltos que ya las reglas básicas de lo veraz y lo verosímil le resultan automáticas. “Hice mucho tiempo crónicas y perfiles periodísticos cumpliendo de manera radical con todo el rigor de la investigación, de la verificación de datos, y también con la preocupación de narrar, de contar. Y aunque siempre pensé en la literatura, ella solo llegó con una historia que no pude reportear. Si la hubiera logrado contar desde el periodismo, no habría tardado ocho años”.
Ocho años de vueltas solitarias en el que las dudas se lo iban tragando, “escribiendo, borrando, editando, cambiando”, dándole forma a los seres que hoy le permiten crear con el lenguaje nuevos universos en los que se mueve como vio que lo hacían los magos, hallando entre la realidad y la ficción sus propias formas de evasión. En 2021 presentó su segunda novela, Ceremonia, con la cual vino a rendir homenaje a su maestro de maestros, en el Carnaval Internacional de las Artes.












