El ex-alcade de Manatí hoy ve con los ‘ojos del alma’: una retinopatía diabética lo llevó a la ceguera.
Por Francisco Figueroa Turcios
Evaristo Olivero Pimienta, considerado como uno de los mejores alcaldes que ha tenido Manatí (Atlántico), fue víctima de la enfermedad científicamente denominada retinopatía diabética, (produce daños en los vasos sanguíneos de la retina, ocasionando la ceguera), que le produjo en un abrir y cerrar de ojos la pérdida total de la visión.
Evaristo creó un estilo propio trabajando de la mano de la comunidad, por lo que no era un alcalde de escritorio, sino metido en el barro con los líderes para solucionar los problemas, de allí que fue elegido en dos periodos: 1998-2001 y 2008-2011.
El avatar diario para satisfacer las necesidades de los pobres, lo llevó a olvidarse de su propia vida. El 25 de septiembre 2010, cuando regresó a su apartamento de una larga jornada laboral en su segunda administración como alcalde de Manatí, el destino le tenía una letal sorpresa. Se acostó tranquilo con el cansancio propio de su estilo de trabajo, pero a las cuatro de la madrugada de aquel fatal día un fuerte dolor en los ojos lo despertó. Padecía una hemorragia subconjuntival por lo que tenía los dos ojos llenos de sangre.
«Entré en pánico al observar que mis ojos estaban llenos de sangre, pero lo que jamás imaginé que sería la cuota inicial para perder la visión.Yo sufría de diabetes, enfermedad que se convierte en un enemigo silencioso. Uno piensa porque ve perfectamente, se olvida de realizarse con periodicidad, eso es lo que sucedió en mi caso, que jamás fui a un oftalmólogo», relata Evaristo Olivero, mientras por su ojo derecho, y no por los dos, lentamente salen lágrimas de tristeza.
El 9 de octubre 2010, solicitó una licencia para retirarse temporalmente del cargo de alcalde de Manatí, para atender los asuntos de su enfermedad, pero al final no pudo culminar su periodo. En los últimos seis años ha sido operado en cuatro oportunidades, pero hasta el momento la batalla la ha perdido, porque se fue la luz de sus ojos.
Confía en un milagro
Es un hombre de fe, aunque reconoce que no es fanático de ir todos los días a misa, es un hombre de Dios por lo que confía en un milagro.
«Le oro a Dios para que me brinde la posibilidad de volver a ver. Es dificil perder la visión, es una tragedia tanto para uno como para la familia. Hubiera preferido un cáncer que perder la visión. Cuando perdí la visión me deprimí y permanecí durante muchos meses encerrado en mi cuarto. Uno se achicopala», expresa.
La familia, encabezada por Etilvia Sanjuanelo, esposa de Evaristo, y los habitantes de Manatí, han sido pilares fundamentales en la motivación para que él vuelva a creer en la vida.
«En este momento difícil de mi vida he sentido el respaldo de mi familia y de la gente de Manatí. Muchos lideres me han motivado para que aspire nuevamente a ser alcalde, pero la experiencia de Apolinar Salcedo Caicedo en Cali no me motiva en volver a la política activa, pese a que yo me he mantenido vigente apoyando a los candidatos de mi partido», reseña.
Pero, dentro del juego de la política, Evaristo reconoce que no tuvo correspondencia de sus amigos en Manatí cuando quería que su hijo Evaristo Olivares Jr, continuara su legado de servicio a la comunidad.
«En dos oportunidades mi hijo Evaristo quiso a través de la alcaldía de Manati continuar con proyecto político donde el eje principal es el servicio a la comunidad, pero no hubo esa correspondencia de gratitud. Las dos veces fue derrotado. Así, es la política», lamenta Evaristo Olivares, quien hoy ve con los «ojos del alma» y confía en la misericordia de Dios.














