Por Jorge Guebely
La lenta formación de un estado privado y supranacional resulta evidente. Lo fomenta un sistema financiero mundial que pertenece a una élite económica a través del cual realiza sus negocios. Diferentes entidades privadas le sirven de peones y alfiles.
Privada es la ‘Reserva Federal de los Estados Unidos’, esa especie de Banco de la República capaz de imprimir ilimitadamente dinero sin ningún soporte económico y sin ninguna vigilancia estatal.
Privado también el Banco Interamericano de Desarrollo y el Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Europeo de Inversiones…, entidades prestamistas con empréstitos condicionados. Débiles y sumisos quedan las personas y los países endeudados.
Peones y alfiles son los líderes políticos, y cuando éstos fallan, actúan los militares como Pinochet. Banqueros, políticos y militares conforman su astuta vanguardia. El resto lo hace el mercado y los medios de comunicación masiva.
A través de la ONU, organizan el derecho a la paz, a la seguridad, al desarrollo económico y social y a los derechos humanos según sus propios criterios. Con la Otan, alianza militar comandada por generales norteamericanos, penetran los países miembros por razones de seguridad nacional. Su contrapeso, el Pacto de Varsovia, no es más que una maqueta, ambas instituciones se sostienen con los mismos capitales. Las confrontaciones entre dos bandos próximos a una guerra mundial: democracia vs fascismo, democracia vs comunismo, democracia vs terrorismo, constituyen excelentes maniobras de terror con buenos dividendos económicos y políticos.
Las protestas y revoluciones resultan ahogadas por la violencia, porque el poder ya no quiere siquiera escuchar.[/caption]
Pareciera que el proyecto se hallara en retardo. Sólo así se explica que Thomas Piketty propusiera un impuesto global en su reciente y publicitado libro ‘El Capital en el Siglo XXI’. Y que Bill Gates insistiera en la urgencia de un gobierno supranacional para combatir problemas mundiales como el cambio climático. Y que George Soros, sombrío magnates húngaro, reclamara el nuevo orden mundial. Y que Uribe y Santos, tan enemigos internamente, sean tan sumisos e idénticos ante las multinacionales, empresas con escasos aportes y mucha destrucción del tejido social y el medio ambiente colombianos. Y que se acatara respetuosamente el desmembramiento de San Andrés fallado por una corte internacional. Y que la actual reforma del equilibrio de poderes reglamente el derecho de jueces extranjeros a juzgar y condenar a funcionarios nacionales. Saramago nos previno del peligro: ‘El mundo lo dirigen organismos que no son democráticos, como el Fondo Monetario Internacional…’ También propuso una conducta a seguir: ‘Despreciar a quienes nos gobiernan y nos engañan todos los días’.
Por lo menos, fichar a los más infectos y sumisos, propongo yo.
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