«¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?»
Por Chachareros/País de Madrid
«¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?», esa es la pregunta a la que los colombianos deberán responder ‘sí’ o ‘no’ en el plebiscito del próximo 2 de octubre, para refrendar el pacto con las Farc, después de cuatro años de negociación.
El Congreso de Colombia aprobó este lunes convocar el plebiscito -un trámite-, a petición del presidente, Juan Manuel Santos, que envió los acuerdos a la Cámara el pasado jueves, un día después de que se anunciara de firma oficial el acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc. La consulta había sido una promesa del propio Santos desde el inicio de los diálogos. «La última palabra la tendrán los colombianos», ha asegurado en varias ocasiones.
La batalla por el plebiscito ha llenado de incertidumbre la política colombiana en el último mes. Desde cuando el expresidente Álvaro Uribe, férreo opositor al proceso de paz, aseguró que haría campaña por el ‘No’, la división es total. Los primeros sondeos que se conocieron dieron una igualdad entre los partidarios de apoyar los acuerdos y los que pretenden rechazarlos.
Para que el plebiscito sea aprobado en las urnas bastaría contar con el 13% del censo electoral. Es decir, se necesitaría al menos 4,5 millones de votos favorables a los acuerdos para aprobar o rechazar lo que se ha logrado en casi cuatro años de negociaciones en La Habana. La Corte Constitucional determinó que solo se podrá votar sí o no, por lo que los votos en blanco no contarán.
En caso de que los colombianos apoyen el acuerdo de paz, se le daría validez y el Gobierno podrá tramitar las normas necesarias para implementar los puntos del acuerdo. Una herramienta para esto sería el Acto Legislativo para la Paz, una iniciativa que permitiría incorporar los acuerdos al régimen legal y constitucional, a través de proyectos presentados al Congreso por el presidente. Este mecanismo le otorga al presidente la posibilidad de expedir decretos con carácter de ley. Además, establece un procedimiento especial y transitorio para que el tiempo de legislación sea más breve de lo que normal. Por ejemplo, una reforma constitucional que podría tener ocho debates, podría quedar reducido a cuatro.
Las consecuencias de que el ‘No’ se imponga en la votación del 2 de octubre son inesperadas. Los magistrados de la Corte determinaron que el plebiscito solo tiene carácter vinculante para el presidente, Juan Manuel Santos, pero no para los demás poderes públicos. De esta forma, si ganase el «No», el Gobierno no podría seguir con el acuerdo alcanzado con las Farc, pero tampoco significa que esté acabado: el Congreso tendría facultades para ‘rescatarlo’. Incluso, podría volver a otorgar facultades al presidente.
Gina, al ruedo
Durante un Consejo de Ministros en la Casa de Nariño, el presidente Juan Manuel Santos expresó su deseo de que la ministra de Educación, Gina Parody fuera la encargada de liderar la campaña del «Sí» en el plebiscito por la paz, y así se sume al trabajo ejecutado por el expresidente César Gaviria.
Este deseo lo apoyaron los demás ministros y por esta razón le fue otorgada una licencia a Gina Parody, quien deja su cargo a partir de este martes y en su reemplazo estaría el viceministro de Educación Superior, Francisco Cardona.
Parody estará apartada de la cartera de Educación durante las próximas cinco semanas hasta que se vote el plebiscito por la paz, el próximo 2 de octubre, fecha en la que retornará a su cargo.
La licencia que pidió Parody para regresar a la política electoral, que en su último capítulo le generó una derrota en las elecciones a la alcaldía de Bogotá contra el exmandatario de la capital Gustavo Petro, puede ser un importante aporte en la arena del debate, incluso en la discusión política contra los principales detractores del acuerdo de paz, encarnados en la oposición del Centro Democrático.
Sin embargo, la apuesta resulta riesgosa. Gina Parody es uno de los funcionarios más impopulares del Gobierno. Ha enfrentado escándalos como el de las cartillas para educación sexual, en el que hubo muchas mentiras, pero también quedó en evidencia que el Ministerio de Educación si había promocionado las cartillas.
Pero, al margen de eso, Gina es una mujer de lavar y planchar que no se le arruga al trabajo. Es frentera. Sabe dónde está parada. Sabe de dónde viene y para dónde va. No es una mujer que se deje asustar por el estallido de un triquitraqui ni de la lengua viperina de un opositor al «Sí». Gina, como la ‘Gira, Gira’ , del viejo tango de arrabal, es capaz de todo y de mucho más.













