EL COMENTARIO DE ELÍAS por Jorge Guebely
Todo evoluciona, crece, se transforma, menos la consciencia del ser humano. Permanece anquilosada en los tiempos de la revolución agrícola.
Evolucionaron nuestros ancestros: bajaron de los árboles, abandonaron las frutas, consumieron carne, descubrieron el fuego, se tornaron bípedos, liberaron las manos, elaboraron herramientas, aceleraron la evolución.
Como sapiens, profundizaron el lenguaje para compartir el presente, inventar el futuro, consolidar la memoria. Construían ser humano, consciencia superior, quizás el superhombre de Nietzsche
Pero el desastre de la revolución agrícola, ocho mil años atrás, congeló el ascenso. La súper producción de alimentos empoderó a los codiciosos. Crearon las clases sociales, esclavos y amos, modelo vigente.
Desde entonces, cunde en la Historia monstruosos gobernantes, entes interesados más en el poder y menos en el ser. Desde el viejo Sargón, pasando por el genocida Nerón, hasta nuestros días llenos de Trump y Putin, de Hitler y Netanyahu…
En semejante aborto histórico, surgió la poesía como antídoto. Se escribió el primer poema épico descubierto hasta ahora. La epopeya de Gilgamesh, rey de Uruk, poderoso y tiránico. Transportado por la fuerza bruta, derribaba bosques sagrados, derrotaba monstruos terrenales o celestiales. Abusaba de su pueblo, ejercía derecho a la pernada, gobernaba brutalmente.
Los dioses, ante el error evolutivo, crearon a Enkidu, personaje transportado por leyes naturales. Los unieron por azar, se reconocieron, trabaron amistad, juntos enfrentaron aventuras. Convivieron un tiempo suficiente para que el rey Gilgamesh sufriera una metamorfosis. Descubrió la clave del oficio, solo se puede gobernar bien con sabiduría, siguiendo las leyes originales del Universo.
Lo certificó Platón en su República, solo los filósofos o sabios son auténticos gobernantes, pues ellos ven el Estado como prolongación de la Naturaleza. Diferente a los gobernantes actuales, los transporta la codicia del poder, la avaricia del tener. Lo ilustró Borges en uno de sus sonetos: “En el Oriente se encendió esta guerra / cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra. / Como el otro, este juego es infinito.”
Estancada la evolución humana, desarrollo de su consciencia, los poderosos se dedicaron a fortalecer la fuerza bruta: armas, bombas, guerras, saqueos, crímenes de Estado… Depredan la Naturaleza, devastan al ser humano, solo por obedecer a la voraz codicia, a la estupidez de mandatarios anquilosados en la bestia.
Preocupados por el inhumano anquilosamiento, consciencias lúcidas del planeta nos advierten la gran hecatombe humana. Lo hizo Einstein: “El desarrollo tecnológico ha sobrepasado a nuestro desarrollo humano. Tenemos misiles guiados y hombres desorientados.” Harari también: “Somos dioses de la destrucción con la psicología de la Edad de Piedra.” ¡Qué lamentable realidad! ¡Qué inmensa tristeza!











