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Encíclica de Francisco

La gente sensata del mundo debería acoger ya la encíclica ‘Laudato Si’ del papa Francisco.

Por Jorge Guebely

[caption id="attachment_29566" align="alignright" width="385"]3 Papa Papa Francisco.[/caption]

Promover la voz de un líder mundial que advierte con claridad el colapso humano de nuestro sistema social y económico. Aplaudir que un hombre importante habla, por fin, a favor de la vida, no del capital.

Rebate la propiedad privada como derecho intocable y absoluto. El capital no prevalece por encima de la vida del planeta y de los seres que la habitamos. La voracidad destructiva de la cultura capitalista debe ser neutralizada. ‘El gemido de la hermana Tierra se une al gemido de los abandonados del mundo’. Voz similar a la de nuestros hermanos mayores, los indígenas.

Ningún modelo económico debe estimular la muerte de muchos y la vanidad de pocos. ‘Hay que corregir las disfunciones de la economía mundial’. También ‘…los modelos de crecimientos…’ que depredan al medio ambiente y al ser humano. Modelos perversos que sólo velan por la individual acumulación económica. ‘Hay demasiados intereses particulares y muy fácilmente el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común…’.

Los países ricos deterioran a los pobres. En África, la agricultura se descalabra mientras las multinacionales socaban su vientre y promueven guerras. (Cualquier parecido con Colombia es la misma perversidad). Nos destruye la magia del mercado: ‘La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería’.  De mierda brillante y suntuosa, diría yo.

Mientras tanto, los políticos, el veleidoso tercer anillo de seguridad, agencian la debacle. ‘Llama la atención -afirma el papa- la debilidad de la política internacional’. Lo ratifica con ejemplos irrefutables: ‘El sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas se muestra en el fracaso de las cumbres mundiales sobre medio ambiente’.

Sugiere entonces una ‘valiente revolución’ ‘cultural’. Ya nada humano se espera de la política y de los sistemas económicos actuales.

Hay esperanzas cuando un papa enrostra verdades a los depredadores de la tierra. Poco importa si el Instituto Heartland, institución conservadora norteamericana, levanta su bandera contra él. O si el precandidato republicano, Jeb Bush, miembro activo de la élite, repele sus palabras. O si Polonia, país conservador, sigue explotando ferozmente el carbón. O si en Colombia, Uribe y Santos, calígrafos connotados de capitales internacionales, devastan el suelo nacional con multinacionales.

Tantos depredadores pululando nos señalan la propuesta de ‘una revolución valiente’ del papa Francisco. Toca proteger la humanidad y el planeta de las catástrofes planificadas por la avaricia de las élites internacionales y ejecutadas por vergonzosos políticos nacionales.

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