ActualidadCrónicasLocalesNacionales

En la Mojana, de la sequía a las inundaciones y El Cisne sigue reseco

El cambio climático ha enloquecido el comportamiento del verano y las lluvias. Antes el campesino sabía con certeza cuando era el tiempo de sembrar y cuál el de la cosecha. 

Por Rafael Sarmiento Coley, Director

Guaranda

Guaranda ahora está bajo el agua.

Cuenta Héctor Rojas Herazo en su bella obra ´´Respirando el verano´´ que en Tolú, su tierra natal y donde vivió su infancia y primera juventud, cuando caían las primeras gotas de lluvia había procesión, ofrecimiento a todos los santos, y júbilo entre el campesinado que de inmediato salía a sembrar en tierras ubérrimas que se extendían hasta Colosó que, al decir de los sabios de la tribu, el “el culito de los Montes de María, era a donde llegaba la savia de la tierra y de los árboles milinerarios”.
Los campesinos de toda esa densa región, hoy departamento de Sucre, recorrían hasta la Mojana a cultivar especialmente el maíz y el arroz, que luego transportaban a lomo de mula hasta los centros de consumo.

El clima está loco, loco, loco

Los viejos campesinos, los sabios de la tribu, sostienen que “hoy todo se ha vuelto loco, por culpa de los terratenientes que arrasaron miles de hectáreas de bosques para convertirlas en pastizales para la ganadería extensiva, que le era más rentable, pero arruinaron la naturaleza”.

En verdad, el clima enloqueció. Hace un par de semanas en este mismo portal publicamos las notas de los chachareros de Guaranda, San Marcos, San Jacinto Cauca, Achí y desde San Benito Aband nos llamó el dirigente político y periodista Manuel Cadrásco también informó al respecto, en donde los habitantes de la Mojana se quejaban por la mortandad de peces, animales de corral y la pérdida de las cosechas por la desesperante sequía.
Y de repente, como si el cielo se hubiese descuajado en la parte alta de los ríos Cauca y Nechí, el caudal subió en un abrir y cerrar de ojo y se desbordó en cuestión de horas. El Cauca se salió de madre y llenó ciénagas, arroyos, caños y lagunas. Lo anegó todo. Guaranda está anegada. La situación más grave la viven unas 120 familias en los populosos sectores de ´Nuevo Horizonte´ y ´Uribe´ (¿Será por Álvaro Uribe o por el general Rafael Uribe? Achí y Tenche están asustados porque sus pueblos también pueden quedar bajo el agua.

El Atlántico, preparado para el invierno

Bajo Cauca en Guaranda

El Bajo Cauca en la Mojana recoge las aguas del Nechí y kilómetros abajo entrega sus aguas al Magdalena-

Son hechos de la naturaleza increíbles. Sucesos atípicos, que bien se pueden presentar de un momento a otro aquí en el Atlántico, y lo que hoy es sequía aterradora con mortandad de peces, babillas y caimanes (como en el caso del Lago del Cisne). Y nada de extraño sería que los niveles del cuerpo de agua subieran de tal manera, que los habitantes de la zona rica, denominada Lago de Caujaral, de repente se vean en aprietos por la vía inundada. Tal como en una ocasión quedaron aislados porque se les cayó el puente. Todo puede ocurrir en este cambio climático que ha enloquecido el sistema de lluvias y sequías.
Porque el cambio es en menos de lo que canta un gallo, como ocurrió en San Marcos, en donde un fuerte aguacero acompañado de un vendaval, destecho 19 casas y dejó en la ruina a unas 25 familias. Es bueno recordar que hace unas semanas los sanmarqueros lloraban por la sequía inclemente. Ahora sufren por los vendavales.

Mataron los manatíes

II_GEOLOGIA

Después de recoger las aguas de todos sus afluentes, el Magdalena se muestra majestuoso e imponente.

En San Benito Abad, el alcalde Pedro Martelo informa que en el corregimiento El Remolino, un verdadero remolino casi acaba con el pueblo, tal como le reportó el secretario de Gestión de Riesgo Julio Naizir –quien visitó la zona de desastre–, hay por lo menos 25 familias afectadas. Lo insólito es que hace dos semanas el Alcalde tuvo que pedir refuerzos policiales porque, debido a la fuerte sequía, la ciénaga de San Benito bajó tremendamente su profundidad, y los pobres manatíes fueron los que llevaron la peor parte, porque, ante la poca profundad de la ciénaga, quedaban a merced de los pescadores que los mataban con arpones, y vendían la carne a precio de oro. Y hay que ver que el manatí que menos pesó, era de 25 kilos.
La situación en la Mojana se agrava porque por todo el centro de esta hermosa y rica región pasa el río Cauca. El llamado Bajo Cauca, que kilómetros arriba de San Jacinto el Cauca, en inmediaciones del último pueblo antioqueño en los límites con Sucre, el superpoblado municipio de Nechí, por donde pasa el río del mismo nombre, que es nutriente del Cauca, y le entrega todas sus aguas, por lo que el Bajo Cauca es un caudaloso río que cuando se crece no hay quien lo aguante. Entonces se va dispersando por caños, arroyos, quebradas, hacia centenarias y bellas ciénagas, lagos y lagunas y caños y arroyos y riachuelos. Kilómetros debajo de Guaranda, Achí, Astilleros y San Cristobal, el Cauca entrega sus aguas al río Magdalena.

Indígenas ingenieros hidráulicos

Bajo Cauca desde Nechí

El Bajo Cauca, desde Nechí, donde recoge las aguas del tributante del mismo nombre, río Nechí.

Precisamente por ser la parte más caudalosa del Bajo Cauca en su marcha final para aportar sus aguas al Magdalena, es que produjo tanto líquido para todo un enorme sistema hidrográfico que los indígenas zenúes  (que denominan toda esa zona el Finzenú, como la parte de lo que hoy es Córdoba era el Panzenú), supieron aprovechar al máximo construyendo canales para la intercomunicación con ciénagas y lagunas, navegar por esas vías, y vivir al compás de la naturaleza. Cuando bajaban las aguas, la tierra quedaba fértil y cultivaban por cantidades, para luego acomodarse al invierno en bohíos en forma de tambos o casas lacustres.
Ya en esta era, hace algunos 40 años, el famoso padre Totana, para evitar que las aguas de ciénagas y caños siguieran inundando todos los pueblos de la Mojana, hizo un boquete con cien campesinos, un pequeño canal para que salieran las aguas al Cauca. Lo malo es que cuando el río se crece, por ese canal, que desde entonces se llama ´La Boca del Cura´ (y todavía existe), se mete tanta cantidad de agua, que lo inundada todo. Hay que taparle la boca al cura.
Ante esas situaciones las Corporaciones Autónomas Regionales son impotente ante el peso descomunal de la naturaleza. Porque llueve mucho o porque no llueve. Es lo que ocurre en el Atlántico. Hay una sequía drástica. La Corporación Autónoma Regional del Atlántico (CRA), está afrontando las situaciones de más riesgo. Por suerte ya había realizado un larguísimo terraplén en el embalse del Guájaro que impidió que las aguas se desbordaran en el invierno, y hoy el espejo de agua no ha reducido su riqueza piscícola para los pueblos de sus alrededores que viven de eso.
En el caso del Lago del Cisne, ya se explicó lo suficiente de que Foro Hídrico contrató los trabajos para sacar 36 mil metros cúbicos de sedimentación, pero por extrañas circunstancias rebajo esa cifra a la mitad, lo que impidió que, en época de lluvias, el lago recogiera mayor cantidad de agua. Y tal vez ahora no se hubiera presentado esta sequía, que muestras los esqueletos de las babillas y caimanes muertos en toda la inmensa zona reseca.

El que no conoce del tema

En la Sierra Nevada, donde viven los mamos, los sabios de la tribu, se habla con una filosofía natural, que enriqueció los cantos de los viejos juglares. Los sabios de la tribu dicen que “el que no conoce del tema sufre de engaño, yo como lo conozco soy mucho gallo”. Esto para contar una experiencia del ingeniero ambiental Víctor Tellez Abuabara, nuestro asesor de cabecera en estos temas.

“El asunto es muy sencillo: cada vez que el Lago del Cisne o Lago de Caujaral se crece, los habitantes del sector urbanístico del Caujaral de asustan y hacen el escándalo mdiático. Y cuando hay sequías insólitas y fuera de lo común como la actual, se aterran por la hedentina de las babillas, caimanes y peces muertos y porque creen que se les va a acabar su paisaje, su principal encanto. Entonces empiezan a buscar culpables, a identificar el chivo expiatorio. Cuando lo más fácil es entender la naturaleza. Esa es la que maneja nuestras vidas”. Y Víctor Tellez Abuabara, momposino, ribereño, hombre tortuga, sociólogo graduado por su paisano difunto Orlando Fals Borda, conoce del tema. No sufre de engaño. Ese sí que es un gallo pesado que le gana a cualquier pollo, por muy gordo que sea.

Sobre el autor

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey
Noticias relacionadas
Arte y CulturaEntretenimientoNacionales

Fundación Cocha Molina lidera ‘Pacto por la Ciudad’ por la salvaguardia del Vallenato

ActualidadCrónicasDeportes

Tarjeta roja como destino: el calvario de Jermein Peña que desarma a Junior

Nacionales

Procaps y Armada de Colombia realizaron jornada de atención humanitaria para comunidades afectadas por inundaciones en Córdoba

Crónicas

Evocando a mi padre, Álvaro Cepeda Samudio

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *