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Empobrecimiento de la política

 

Ya es conocido, por casi todos, el empobrecimiento de la política. Ha quedado reducida al pobre ejercicio de ganar elecciones.

El comentario de Elías

Por Jorge Guebely

El malabar ajedrecístico de construir logias, al que llaman pomposamente partido, para conquistar votos. A eso quedó convertida la política.

Los políticos se convirtieron en genios de la papeleta pero torpes en el liderazgo del país. Verdaderos irresponsables con el destino de un pueblo. Torcidos por el deseo de primar. Auténticos insensibles ante el dolor ajeno.

Basta recordar el bombazo del sábado pasado. Allí explotó la pobreza humana de varios políticos. Apenas unos minutos después del estruendo, y estallaron sus irresponsables acusaciones. Poca importancia tenía el dolor de las víctimas. Ningún sentido de solidaridad había porque el egoísmo electoral les hacía agua la lengua. Sólo el apetito de votos y el deseo de aplastar los animaban. No les importaba si caminaban por encima de sangre ajena. Tampoco si tejían mentiras para usufructuar la emotividad ciudadana.

Ni los viejos políticos, ni los jóvenes. Todos amangualados en la misma convulsiva astucia. Un sexagenario expresidente se auto-envió mensajes para despertar fobias. Un joven representante a la cámara por el Huila se lució con desafortunadas declaraciones. Imitó a su jefe. Ya ni los jóvenes políticos piensan. Sólo se dedican a perpetuar las mañas de los viejos.

En política, por ninguna parte aparece la luz de un estadista. Sólo luminosas marrullerías para triunfar por las vías más oscuras. Sólo estrategias electorales para avivar el odio. Hay políticos que hurgan la emocionalidad para atrapar votos empapados de resentimientos. Pavoroso entramado de la infamia social.

Lejos estamos de una política nacional orientada por una conciencian superior. Nunca la hemos tenido. En la política es donde mejor mostramos nuestras miserias tercermundistas. Difícil cultivar un árbol majestuoso en un desierto en donde sólo proliferan las pringamozas. Ningún político superior puede producir Colombia si el único afán es ganar elecciones, gobernar para las élites, favorecer a los campañeros –los que hacen campañas por degradada profesión-, y ahogar a la montonera en discursos emotivos y promeseros.

Hoy por hoy, la política es una enfermedad. Nos toca conocer la naturaleza de ese nuestro malestar para cuidarnos de él. Hoy, más que nunca, hay que aprender política. No para practicarla y prolongar la misma indigencia, sino para superarla. Sustituir la pobre conciencia de político por una conciencia ciudadana, para que no dejemos nuestro destino de seres humanos en manos de comediantes menores. Figuras poseídas por la voracidad de poder sin fundamentos para el poder. Astutos para ganar elecciones y torpes para gobernar.

jguebelyo@gmail.com

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