Se ahogaron 589 pasajeros y sobrevivieron 11. Los náufragos se salvaron de milagro en medio de los cañonazos y una jauría de tiburones.
Por Chachareros/ con aportes de El Tiempo
Los piratas bandidos que no pudieron hacerse con el tesoro que portaba en su inflado vientre el galeón San José de la sacra armada española deben estar retorciéndose de la envidia en las pailas del infierno, al enterarse de que la armada colombiana lo encontró, por fin, en las profundidades del Mar Caribe con semejante riqueza: 200 toneladas de oro, plata y tesoros coloniales.

Henry Morgan, el bandidazo pirata que azotó los países del Caribe. Acá era un criminal diabólico, para la Corona Británica era Sir Henry Morgan.
Todos esos datos precisos los mantuvo en una montaña de papeles -que luego empezaron a digitarle- el connotado abogado barranquillero Danilo Devis Pereira, representante de una de las partes. Otro barranquillero que ha estudiado todo el historial del San José es el exministro Rodolfo Segovia Salas.
Toda esa riqueza era saqueada, a su vez, por la entonces Corona de España, que tenía a varias de las actuales naciones de Latinoamérica colonizadas. Eran tan descarados los saqueadores que buena parte de las riquezas que se llevaban a la Madre Patria iba todavía en las mismas múcaras y gigantescas ollas de barro de los masacrados indígenas. Por lo tanto lo que hacían los piratas era atracar al ladrón.
De ahí que un pirata como Henry Morgan, un bandidazo de siete suelas, fuera elevado a la categoría de Gran Caballero por la monarquía inglesa. Sir Henry Morgan era llamado en las cortes británicas. Y acá en el masacrado Caribe (sobre todo en Cuba, Panamá, San Andrés, Cartagena, Riohacha) no lo bajaban de “pirata hp”. Siempre la ironía en la historia de todo hombre bueno o malo.
Cañonazos en el Caribe

Británicos, franceses, holandeses, españoles, belgas y portugueses no se atacaban en Europa, porque se tenían miedo entre sí y para no hacerse daño mutuo. El escenario de la mortandad y quemazón era el empobrecido Mar Caribe.
Esta historia se remonta a 1708. Eran momentos en que la Europa estaba hambrienta de riquezas para fortalecer sus máquinas de guerra, los bucaneros. Como de manera cobarde se cuidaban de atacarse entre sí, alistaban en la sombra grupos de piratas, como ahora se alistan comandos suicidas los países que mezclan política y religión, o los sicarios al servicio de servicios de inteligencia de los otros países, o los matones a sueldo de los carteles de la droga. Para España, Morgan era el sucio, sanguinario y terrible pirata al servicio de la Corona Británica. Para los ingleses era un héroe.
Entonces esos piratas de uno y otros países se venían a hacer la guerra en el inmenso Mar Caribe blanco azul como dice la inmortal Amira de la Rosa en su himno a Barranquilla. Aquí venían los barbudos piratas de Holanda, Francia, Gran Bretaña, Portugal y se peleaban las pobres islas del Caribe y se apoderaban de cuanta nave se les cruzara en su ruta.
Como le ocurrió al galeón San José, del reino de España. Hace 307 años, procedente de Panamá, fue sorprendido por varias naves atestadas de piratas que atacaron a cañonazos por todos los costados. El ataque fue tan brutal, que el galeón San José, una de las más sólidas y confiables naves españolas, no pudo resistirlo.
Así, como resultado de la refriega, 589 seres humanos fueron a parar a la panza de la jauría de tiburones que siempre estaba al acecho de estos sucesos para hartarse como nunca. No podían oír un cañonazo, cuando de inmediato estaban merodeando la nave atacada.
Solamente sobrevivieron 11 pasajeros, que se salvaron de milagro. Porque, por un lado, el plomo zumbaba por sus orejas. Y por el otro, blanqueaban las mandíbulas de los insaciables escualos.
Como buen graduado de grumete de la Armada Nacional, el presidente Juan Manuel Santos Calderón fue el primero en enterarse de la buena nueva y sorprendió en la noche del viernes con una noticia esperada durante muchos años: el hallazgo del galeón San José.
Alrededor del galeón San José se ha construido toda una leyenda durante siglos. Según historiadores, se trata de una embarcación del Imperio español construida en 1698 y que terminó hundida frente a las islas del Rosario, cerca de Cartagena, como consecuencia de un ataque de los ingleses en momentos en que venía de Panamá.
Según se dice, esta nave traía un cargamento de oro, plata y joyas preciosas.
Aunque sobre la existencia del San José se han escrito muchas versiones, la leyenda dice que llevaba 11 millones de monedas de oro, miles de lingotes de este mismo metal, barras de plata y esmeraldas, entre otros tesoros.
Siempre se ha especulado con el valor de las riquezas que el San José llevaba a bordo. Algunos creen que esta podría ascender hasta 10.000 millones de dólares. Algunos han dicho que con su valor se podría pagar la deuda externa. Pero el historiador Rodolfo Segovia declaro que “cualquier cosa que se diga sobre su valor es una fantasía.
¿Será verdad tanta belleza?

En las propias múcuras y grandes ollas de barro en donde los indígenas guardaban con tanto esmero sus reliquias, se llevaban las riquezas de América.
Aunque muchas empresas internacionales se disputan desde hace décadas el derecho a reclamar parte del tesoro, arguyendo haber establecido su ubicación, fue una misión científico-militar de la Armada Nacional la que ubicó el buque.
Se conoció que una plataforma con equipo de alta tecnología de la Armada fue la que dio con el paradero de esta riqueza. En esa búsqueda jugó un papel clave el Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas de la Dirección Marítima de la Armada (Dimar).
Las mismas fuentes le dijeron a este diario que el tesoro aún no ha sido tocado, pero que el Gobierno tiene pleno control del barco y del área marítima donde se encuentra.
La Casa de Nariño venía recaudando datos sobre el tema ante la inminencia de este hallazgo.
El Jefe de Estado tenía previsto revelar la noticia este sábado, pero decidió dar una primera puntada el viernes en la noche, cuando contó –sin dar detalles– que el San José fue encontrado tras varios años de búsqueda.
El presidente Santos –con la asesoría directa del Ministerio de Cultura, responsable de tutelar el tesoro– analizaba anoche cómo aplicar el contenido de la Ley 1675 de 2013, que reglamentó en el país el tratamiento que se le debe dar al patrimonio cultural sumergido. El principal punto, sin descuidar otros, es lo relacionado con el manejo que se les darán a las riquezas que están en el barco, lo cual está reglamentado en dicha norma.
Los antecedentes del galeón
De acuerdo con el historiador Segovia, en junio de 1708 venía de Panamá un convoy de galeones españoles, entre los que estaban el San José. Esa nave traía riquezas para la Corona española, la cual sostenía una guerra con Inglaterra.
“Entonces hubo una refriega entre españoles e ingleses, y el galeón San José se dirigió a Cartagena para protegerse y en medio de ese desplazamiento se hundió”, relató Segovia.
El experto también afirmó que en la nave “iban 600 pasajeros”, de los cuales solamente sobrevivieron 11.
Durante el gobierno de Belisario Betancur se avanzó en las condiciones para realizar la búsqueda del galeón San José, pero durante estos años esa misión había sido imposible.
Segovia explicó que el Ministerio de Cultura y el Instituto Colombiano de Antropología e Historia son los encargados de manejar la extracción de lo que haya en el galéon.
El historiador sostiene que los objetos que se encuentren en la nave y que sean únicos “no pueden venderse”, pero el resto sí.
“El tesoro más grande del galeón San José para Colombia es su valor arqueológico”, dijo Segovia.Hasta ahora, lo único que se ha hecho es confirmar el hallazgo de dónde está hundido el galeón San José, pero la tarea para extraerlo puede ser larga. No solo se trata de extraer las riquezas que pueda haber en su interior, sino que su valor arqueológico es incalculable.











