Por El Propio Búho
https://youtu.be/9ely8rv8VlA?t=15
El senador del Polo Democrático, periodista, guionista y escritor Gustavo Bolívar Moreno alertó al país sobre el aterrador peligro que se esconde debajo de las reformas tributaria y laboral, con las cuales se apretará más el cuello a las clases media y media baja y a los sectores más pobres de Colombia.

Asegura que es una irresponsabilidad del actual gobierno, por cuanto es un claro desafío a la paciencia y ‘aguante’ de los colombianos, quienes podrían generar protestas tan fuertes como las de Chile, Bolivia y Ecuador. Lo que pareciera indicar que lo que se pretende es volver a la guerra. Un plan que solo puede caver en una mente psicorrígida, después de haber causado tanto derramamiento de sangre en masacres, crímines selectivos contra defensores de los derechos sociales y los todavía insepultos ‘falsos positivos’. En realidad, observando todo ese panorama, tal vez no haya ningún psiquietra que logre descifrar lo que tiene Uribe en la cabeza que va a terminar con el cablerío de nervios cruzados que tiene Duque en el cerebro.
Bolívar Moreno es el célebre autor de los guiones de telenovelas de alta sintonía como ‘Sin tetas no hay paraiso’, ‘El Capo’, ‘Pandillas, guerra y paz’, ‘Los Victorinos’, y ‘Tres Caínes’, entre otras, así como varias novelas.
Están jugando con candela

Es increíble que el actual gobierno que preside Iván Duque Márquez y algunos de sus ministros, como el de Hacienda Alberto Carrasquilla, se hubieran quedado en una capsula del tiempo hace mínimo 100 años, cuando los periódicos se hacían en plomo derretido en unos dinosaurios llamados linotipos; el telegrafista de Aracataca, don Gabriel Eligio García Martínez, todavía trabajaba con el sistema de telegrafía inventado por el estadounidense Samuel Finley Breese Morse, y la radio estaba en pañales.
No han caído en la cuenta del advenimiento y la furia que han causado en el mundo las nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (¿Será que el ministro del MinTIC no habrá tenido tiempo de que el poder de las comunicaciones cambió de manos?).


Porque es verdaderamente lamentable que no podían, en estos tiempos, meter dos goles de penal, con el concubinato de un Congreso sumiso y harto de mermelada, a sabiendas de que estaban desafiando de manera irresponsable la inteligencia y la dignidad de una comunidad mejor informada que ellos.
Una comunidad que, tan pronto estuvieron los proyectos en alguna página de Internet, la agarraron los jóvenes y adultos menores de 60 años, y empezaron a divertirse con toda suerte de burlas contra los autores de semejantes atentados contra la paciencia de un pueblo.

Son dos proyectos que le meten la mano a los colombianos hasta lo más hondo de los bolsillos, y aprietan el cuello a la gente pobre hasta quitarles casi el último aliento de vida. Y, claro, el mecanismo de defensa salta enseguida.
Después acusan a los ‘vándalos’
Lo más grave de todo es que Duque ni Carrasquilla preveen, o no les importa un pito, que esa intensa visibilización a través de las redes sociales es lo que exacerba los ánimos de toda la sociedad civil que, es apenas obvio, sale a las calles a protestar con furia. No es para menos. Entonces vienen los discursos altisonantes en contra de los «organizadores de esas protestas que se convierten en una turba en la cual se camuflan los violentos y vándalos amantes de crear el caos y el desorden social».

Ya se ha visto lo que sucedió en Ecuador y Chile, y lo que acaba de pasar en donde el cara de bobo Evo Morales, que salió más avispado que muchos presidentes que hay por aquí cerquita, que además de robarse miles de millones de dólares de las riquezas naturales de su país y los maneja a través de múltiples cuentas en el Banco del Vaticano y varios paraísos fiscales, intentó como cualquier carterista, raponearse los votos de su opositor para ganar «de manera abrumadora» en la primera vuelta, convencido de lo duro que era ganar en la segunda ronda, por el desprestigio que ya alcanzó a colarse por las redes sociales con entrevista al propio secretario financiero del Vaticano.

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