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El Rincón del Búho: Homenaje a los que se fueron

El momento más sensible del acto de los 50 Años de Periodistas de Oro fue el reconocimiento póstumos a nuestros maestros.

Por El Propio Búho

Ernesto McCausland Sojo, Gabriel Forero Sanmiguel, Marco T. Barros Ariza, Carlos Lajud Catalán, Olga Emiliani Heilbron y Roberto Esper Rebaje, fueron verdaderos maestros del oficio.

Cada uno de los seis dejó marcados gratos recuerdos, uno que otro regaño y un mundo de enseñanzas, en la vida de varias generaciones de periodistas de la Costa Caribe y el país, porque nacieron y vivieron con la vocación genética del periodista que, como decía el ya también difunto periodista y brillante escritor Álvaro Cepeda Samudio, “eso no entra por el fundillo mientras se está sentado en las bancas universitaria…eso se aprende en la calle”.

Ernesto McCausland Sojo, Gabriel Forero Sanmiguel, Marco T. Barros Ariza, Carlos Lajud Catalán, Olga Emiliani Heilbron y Roberto Esper Rebaje, fueron verdaderos maestros del oficio, y sus trabajos en prensa, radio y televisión son hoy valioso material de consulta para el periodismo actual, porque, aunque existe la formidable ayuda del gran amigo Google y Wikipedia, nos posible encontrar allí, por ejemplo, todas las deliciosas y urticantes columnas de ‘Morgana’, seudónimo con el cuál escribía su muy leída columna en  El Heraldo, Olga Emiliani Heilbron, la querida Olguita. A ellos también las organizaciones sin ánimo de lucro País Digno y ProDignidad, rindieron este viernes un homenaje póstumo en la Universidad del Norte.

Ernestico McCausland, ‘Ernestico’

Hijo de don Ernesto McCausland Osío –quien fue alcalde de Barranquilla y gerente regional de la Caja Agraria–, y de la ex reina de belleza Miriam Sojo Zambrano, sus amigos, allegados y jefes inmediatos siempre lo llamaron como ‘Ernestico’, por ser hijo único y consentido, y también como un contraste, con el picante humor costeño, por su descomunal estatura, casi dos metros.

Un barranquillero auténtico (nació en 1961 y falleció en 2012), desde muy temprana edad se ‘matriculó’ en la escuela de El Heraldo, bajo la dirección de Juan B. Fernández Renowitzky, y con Olguita Emiliani, asistente de dirección, como maestra de mano firme y voz amorosa cuando se le pasaba la rabieta.

Muy pronto ‘Ernestico’ se convirtió en el reportero estrella del periódico, de la mano de Olguita, quien lo quería más que hijo bobo, a pesar de que con frecuencia era causante de sus rabietas. Sobre todo, por su famosa costumbre de cargar a todos lados un maletín de cuero desgastado por el uso y el maltrato de su gigante propietario. Como se sabía que si el maletín estaba en su escritorio significaba que el dueño estaba por allí cerca, o en el baño, Olguita salía de su cubículo, con el grito de costumbre para todo el mundo, “¡Errrnestico!”. Al tercer grito pegaba un aterrador,”¡me lo sacan del baño, como sea!”.

Lo malo es que ‘Ernestico’ estaba en un cine cercano disfrutando de su segunda pasión: el cine. Cuando llegaba todo jadeante, alguien le avisaba a Olguita de su llegada. Y ella salía con la cabellera mona revuelta a indagarle sobre el informe y las fotos que le había pedido sobre lo sucio que permanecía el Paseo Bolívar.

“Olguita, todavía no la he escrito, porque estoy esperando las fotos”.

“¡Me las vomitas ya!”. Y ese ya era, YA.

Para él aquella fue la mejor escuela, que lo llevó a convertirse en estrella nacional como presentador de telenoticiero QAP; cronista televisivo en Caracol y Telecaribe (su famoso ‘Mundo costeño’, cuya famosa entrevista a Diomedes Díaz es un ícono regional que circula en las redes, lo mismo que decenas de entrevistas y su película del ‘Hombre Drácula’). Murió en 2012 de una penosa enfermedad terminal.

El reportero de la bicicleta

Gabriel Forero Sanmiguel salió de su natal Ibagué (nació allí en 1925 y murió en Barranquilla en 2019), buscando el mar, porque quería ser navegante. Tenía algunas nociones de telegrafista, pero no quería pasarse la vida en ese oficio. Llegó a Buenaventura y se enganchó en el primer barco que encontró, contratado como ‘responsable del telégrafo’. Se enteraba de muchas noticias, porque le quedaba tiempo de sobra. Eso lo indujo a querer ser periodista, y en el primer puerto colombiano que desembarcara, no volvería a poner los pies en un barco, sino en un periódico. Así fue. Encontró trabajo inmediato como telegrafista de El Heraldo. De ahí pasó como locutor del Diario Hablado de Emisora, Atlántico; lo llamaron a Bogotá a leer las noticias en la emisora Nueva Granada, y cuando retornó a Barranquilla, fundó su propia emisora, ‘La Voz de la Costa’, y de inmediato su famoso radioperiódico Forero Sanmiguel Informa ‘FSI’. Con una grabadora del tamaño de uno de esos antiguos televisores, salía a buscar las noticias en una bicicleta, con su ‘equipo de trabajo’ en la parrilla.

Por su noticiero pasaron decenas de periodistas que después fueron connotadas figuras del periodismo nacional e internacional.

Marco T. Barros Ariza, el hombre de las corbatas

Un barranquillero de arroz con lisa a mediodía y noche -nació en 1922 y murió en 2015–, que jamás salió a la calle sin su corbata, porque era el regalo que le traían de todas las partes del mundo sus incontables amigos como Celia Cruz, Daniel Santos, don Antonio Fuentes (dueño de Discos Fuentes), Renato Capriles, don Roberto Esper Rebaje, y tantos otros. Fue corrector de estilo, periodista, locutor de radio y columnista.

Antes de meterse de cabeza al periodismo se desempeñó como jefe de relaciones humanas en el Terminal de Cartagena. Un día, mientras recorría las hilas de un cargamento enorme de café, escuchó una voz fuerte y muy sandunguera. Como desde niño fue un melómano empírico, sabía lo que es una buena voz. Se le acercó al hombre que cantaba, y le dijo: “Oye, muchacho, tú tienes una buena voz, ¿por qué no vamos a visitar a mi amigo Toño Fuentes para que te hagan una prueba de micrófono?”.

“Hombe, compa, déjeme quieto aquí tirando butto”, respondió,

Marco T.  le insistió: “¿Cómo te llamas tú?, no seas pendejo que el miedo se tequita con dos tragos de ron blanco que te den en el estudio”.

“Bueno, compa, mi nombre es Eliseo Herrera…yo de vedda le tengo miedo a esa cosa”, respondió el bracero.

Hasta cuando Marco T. le dijo que aprovechara esa oportunidad, o moriría en ese oficio tirándose bultos al hombro día y noche. Lo convenció. Fueron a visitar a don Toño Fuentes, y tan pronto escuchó el timbre de voz del negro Eliseo en la prueba de micrófono, le dijo: “Muchacho, quedas contratado como cantante titular exclusivo de Discos Fuentes. Mañana mismo te vienes para que ensayes un temita que tengo por ahí para la ‘Sonora Cordobesa’, que era la misma con distintos nombres (Pedro Laza y sus Pelayeros, Pello Torres y sus Diablos del Ritmo, Los Corraleros de Majagual). Lo bueno fue que Eliseo Herrera al día siguiente grabó ‘La matica de mafafa’, que se convirtió en su primer gran éxito musical.

Carlos Lajud Catalán

Es uno de esos homicidios que en Colombia quedan impunes por la corrupción que siempre ha rondado a la rama judicial. Aunque desde el primer día del insuceso ha sido voz populi la autoría intelectual de la muerte de Carlos Lajud Catalán, nacido en el Carmen de Bolívar en 1951, y acribillado por un sicario en 1993 en la calle 73 con carrera 48, a las siete de la mañana cuando se dirigía a emisoras ABC a presentar su cotidiano programa radial de enorme sintonía, por su periodismo frentero, investigativo y sin tapujos. En aquellos tiempos era un fuerte crítico de la administración barranquillera de turno, y de un calanchín que era quien hacía todos los negociados por fuera de los despachos oficiales.

Olga Emiliani Heilbron

Fue una de las genuinas maestras del periodismo, durante quince años trabajando día y noche como asistente de dirección del diario El Heraldo. Se hizo célebre por la forma férrea con que enseñaba a sus ‘alumnos’, por lo general, primíparos recién salidos de las facultades de comunicación y periodismo.

Ella, sin haber ejercido antes el periodismo, llegó a El Heraldo en 1977 de la mano del director Juan B. Fernández Renowitzky, quien la conoció siendo ella relacionista pública de la Universidad del Norte.

Juan B., dueño de un olfato casi que infalible para conocerle la vena periodística escondida en el alma de una persona, le ofreció el triple de lo que se ganaba en Uninorte, y el puesto de asistente de Dirección con amplias facultades.

Poco tiempo después de haber llegado al diario, ya era la jefe temida por todos, pero también querida por todos. Porque después de un grito aterrador, venía la zanahoria: un viaje con buenos viáticos a cubrir un evento en cualquier parte del país o del mundo. En forma simultánea comenzó a escribir su columna semanal con el seudónimo de ‘Morgana’, célebre por sus críticas agudas y su fino humor. Por sus manos pasaron casi todos los periodistas que hoy están en el escenario de los distintos formatos. Se retiró de El Heraldo en 1992. Falleció en 2007.

Roberto Esper Rebaje, un multi-emprenedor

A los 16 años Roberto Esper Rebaje (nació en Barranquilla en 1926 y murió en 2017), montó su primer negocio: ‘Supermercado Robertico, donde usted compra como pobre y come como rico”. Comenzó a irle tan bien, que poco después se convirtió, en forma simultánea, en empresario musical. Viajó a Cuba y contrató a la Sonora Matancera para una gira por varias ciudades de la Costa. Fue la primera vez que la famosa agrupación cubana pisó suelo barranquillero.

Después trajo a cantantes solistas que estaban en el pináculo de la fama. Y, mientras suspendía los ajetreos como empresario musical, compró la ficha para el equipo profesional de fútbol La Libertad.

De ahí le entró el gusanillo de la radio, y montó la “emisora más potente del Caribe Colombiano, Radio Libertad”, y a esa emisora le siguieron sumándose una veintena de estaciones ya no solo en Barranquilla, sino en Cartagena, Santa Marta, Ciénaga, San Jacinto y el Carmen de Bolívar. Todas con altos niveles de sintonía porque ‘Robertico’ no ahorraba un peso para contratar a los mejores locutores, narradores y comentaristas deportivos de la ciudad y la región.

Finalmente extendió su supermercado a tres sucursales, y montó el Diario la Libertad, inaugurado por el entonces presidente de la República, Julio César Turbay Ayala. También fundó el diario La Verdad, y en Bogotá compró el vespertino El Espacio.

Su estrella adorada

Una de las celebridades por quien Robertico Esper sentía especial admiración fue por Olga Chorens, en especial por su bolero inolvidable ‘Mis noches sin tí’.

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