Desde los albores de la República, después de vencidos los españoles, esa palabreja desaparece y aparece en nuestra sufrida Constitución Nacional. Ojalá que a Santos no se le dé por otro período.
Por El Búho, colaborador de lachachara.co
Bolívar y Santander se disputaron la Presidencia de la nueva República, entre ellos, casi durante 30 años. Bolívar se reeligió cuantas veces le dio la gana, llevando siempre como vicepresidente a Santander, para tenerlo amarrado debajo del sobaco. Hasta cuando el pueblo se aburrió y casi lo saca a sombrerazos de la Presidencia.
Cayó, de la manera más injusta, en desgracia ante las masas, que al final, cuando el egregio general Bolívar, afligido, demacrado, solo y casi como una caricatura de su grandeza, salió de Bogotá en medio de los gritos de “¡Longaniza, Longaniza, Longaniza!”. Bolívar no merecía ese final. Pero así es la historia.
Y a partir de ese mal comienzo de la República con tantas disputas y reyertas, con intentos de asesinato contra Bolívar en aquella noche septembrina, Colombia ha marchado al vaivén de los huracanes políticos, hasta cuando llegó el llamado “cartagenero genial”, Rafael Núñez, y se las ingenió de manera magistral para ocupar la Presidencia de la República durante cuatro períodos (desde 1880 hasta 1890), hizo la nueva Constitución (que rigió durante 100 años, hasta cuando en 1991 los Constituyentes hicieron la que nos rige).
Cuentan los historiadores que, cuando terminaron de redactar el último artículo de la Constitución de 1886, Núñez salió al balcón de su casona en el barrio El Cabrero de Cartagena, y con voz firme y fuerte dijo: “La Constitución ha muerto ¡Viva la Constitución!”. Por esas ironías de la vida, esa Constitución de 1886 ingeniada, luchada, parida y anunciada por Núñez, no lleva su firma como Presidente. Ese honor le correspondió a Francisco Javier Zaldúa, Presidente de la República en 1892.
Fracasaron los reelegidos
El primer Presidente que intentó la reelección en el siglo pasado fue Alfonso López Pumarejo. Ya había sido Presidente en el período 1934-1938. Lo reemplazó Eduardo Santos Montejo, con una altísima votación porque el Partido Liberal estaba viviendo la euforia de haber terminado en 1930, con Enrique Olaya Herrera, la hegemonía conservadora durante 30 años. Entonces López Pumarejo, quien para muchos ha sido uno de los mejores presidentes que ha tenido Colombia con su “revolución en marcha”, se le metió en la cabeza que quería continuar su obra.
Contra las advertencias de que no le iría bien en un segundo mandato, fue candidato y ganó. Pero al poco tiempo ya estaban las protestas, las reacciones, las críticas, un teniente loco le dio un golpe de Estado en Pasto y lo mantuvo encerrado en un cuarto. Al final, Alberto Lleras, el entonces apaga incendios, fue llamado a concluir el período de López Pumarejo.
Se produjo la división liberal entre Jorge Eliécer Gaitán y Gabriel Turbay. Se les metió por el medio el conservador Mariano Ospina Pérez y ganó. En 1948 se produce el magnicidio de Gaitán y es el momento de mayor violencia que jamás haya vivido Colombia. El Palacio Presidencial casi lo queman. En medio de las balas los dirigentes liberales fueron a Palacio y le aconsejaron a Ospina Pérez que dimitiera para permitir nombrar una junta plural con algunos líderes de la revuelta en esa directiva. “Jamás. Más vale un Presidente muerto, que un Presidente prófugo”.
Laureano, el discurso incendiario
Después ganó Laureano Gómez Castro. A medio camino sufrió un síncope cardíaco y tuvo que encargar a Roberto Urdaneta Arbeláez. Y el 13 de junio de 1953, el general Gustavo rojas Pinilla da el golpe de estado a Laureano Gómez, quien tiene que asilarse en Nueva York.
Vino el pacto entre liberales y conservadores para 20 años de paz, alternándose en el poder. Cuatro años para los liberales (Alberto Lleras fue el primero, elegido en 1958 tras la derrota aplastante por las juventudes de la dictadura de Rojas). En 1970, siendo Presidente de la República Carlos Lleras Restrepo, cuando se va elegir al último Presidente del Frente Nacional, el candidato oficial conservador fue Misael Pastrana Borrero. Pero entonces surge el movimiento Alianza Nacional Popular (Anapo) que respalda la candidatura del general Rojas Pinilla, quien aspira inútilmente retornar al poder.
En esa elección ocurrieron episodios vergonzantes. La registraduría, en varios municipios, alteró la votación a favor de Pastrana y sacó los de Rojas, según contaron años después altos dignatarios de las instituciones del Estado. Ese fraude dio paso al nacimiento del M-19, cuyos miembros provenían, en su mayoría, de las Juventudes Comunistas (Juco).
Carlos Lleras, el primer adicto
En 1973, empieza el ambiente para que los partidos, ya en plena libertad para competir abiertamente entre sí con sus respectivos candidatos, seleccionaran a su aspirante. Había terminado el Frente Nacional. El expresidente Carlos Lleras, cascarrabias, con su eterno cigarrillo en la boca, resultó también adicto – además de a la nicotina-, a la reelección presidencial. Con gran fuerza e imagen en el país, se inventó el Consenso de San Carlos, para que, en reunión de jefes liberales, se escogiera entre él y Alfonso López Michelsen, “el pollo”, según lo bautizaron sus amigos vallenatos.
Y ganó “El Pollo”. Fue Presidente en el período 1974-1978, en reemplazo de Misael Pastrana Borrero (1970-194). López Michelsen le quitó a Lleras Restrepo su ambición de repetir. Pero el propio López sufrió de la misma enfermedad. Para el período 1978-1982 ganó el liberal Julio César Turbay Ayala.
Para las elecciones de 1982, López Michelsen, de manera terca luchó, y obtuvo, el aval del Partido Liberal para ser candidato reeleccionista, enfrentado al conservador Belisario Betancur, derrotado en otras ocasiones en que había sido candidato. Esta vez ganó. Y, fundamentalmente, porque Colombia rechazó la reelección. Fue una voz de alerta. Por eso los 70 Constituyentes de 1991, con voz y voto, atendiendo una sugerencia del propio Presidente de la República de ese momento, César Gaviria Trujillo, aprobaron el artículito 197, el mismo que Fabio Echeverría Correa, con su voz de tahúr paisa, dijo que “yo no le veo nada malo a esa pendejada”.
El ‘articulito’ de Fabio
El 197 decía: “No podrá ser elegido Presidente de la República el ciudadano que a cualquier título hubiera ejercido la Presidencia. Esta prohibición no cobija al Vicepresidente cuando la ha ejercido por menos de tres meses, en forma continua o discontinúa, durante el cuatrienio”.
Más claro no canta un gallo. Pero la ambición desmedida de Uribe y sus sobachaquetas asesores impulsaron y lograron hacer aprobar en el Congreso con unas mayorías en donde hubo congresistas que recibieron tanta plata, que no necesitarán trabajar de por vida.
El “articulito” de don Fabio quedó así: “Artículo 2_. El artículo 197 de la Constitución Política quedará así: Artículo 197. Nadie podrá ser elegido para ocupar la Presidencia de la República por más de dos períodos.
“No podrá ser elegido Presidente de la República o Vicepresidente quien hubiere incurrido en alguna de las causales de inhabilidad consagradas en los numerales 1, 4 y 7 del artículo 179, ni el ciudadano que un año antes de la elección haya ejercido cualquiera de los siguientes cargos: Ministro, Director de Departamento Administrativo, Magistrado de la Corte Suprema de Justicia, de la Corte Constitucional, del Consejo de Estado, o del Consejo Superior de la Judicatura, Magistrado del Consejo Nacional Electoral, Procurador General de la Nación, Defensor del Pueblo, Contralor General de la República, Fiscal General de la Nación, Registrador Nacional del Estado Civil, Comandantes de las Fuerzas Militares y Director General de la Policía, Gobernador de Departamento o Alcalde Mayor de Bogotá, y demás Alcaldes del país”.
Con esa reforma abrieron las puertas a la primera reelección de Uribe. Pero, no contento con haber sido Presidente dos veces torciéndole el cuello a la Carta Magna de 1991, quiso reformar otro “articulito” para seguir cuatro años más. A pesar de toda la popularidad que tenía en ese momento, y tiene, se desprestigió él y todos sus adláteres y compinches. Repartieron casi todas las Notarías del país a congresistas inmorales e indignos de la investidura que el pueblo les había dado. Hubo dinero a montones para contratos de obras que nunca se hicieron porque la plata fue a parar a los bolsillos de quienes apoyaban “el gustico” de Uribe para seguir en la Casa de Nariño.
En 2010 asumió Juan Manuel Santos Calderón. Y nadie pensaba que sufriría de la fiebre reeleccionista. Pero, nada. También se enfermó de lo mismo y fue reelegido. Ojalá haga una administración eficiente y honesta para eliminar ese estigma de que las reelecciones en Colombia son una desgracia. Y es de muy buen recibido, lo cual habla bien de su talante, que el propio presidente de la República Juan Manuel Santos haya confirmado este miércoles que entre las reformas que presentará al Congreso de la República, una vez reanude sesiones el próximo 20 de julio, estará la que elimina la figura de la reelección y amplía el período del primer mandatario a cinco o seis años. Un asunto que venía dando vueltas desde hace un buen tiempo en las altas esferas del Estado, quizá desde el mismo momento en que el presidente Álvaro Uribe, durante su primer mandato, lograra modificar la Constitución —con el famoso “articulito”— para permitir la reelección inmediata, lo que generó un desbalance en el equilibrio de poderes del Estado que, a la luz de los entendidos, se hace necesario subsanar.
Hay que recordar que también fue el mismo presidente Santos quien en abril de 2013 —en una cumbre de municipios realizada en Cartagena— habló de la posibilidad de buscar la continuidad de su gobierno, pero sólo por dos años, es decir, hasta 2016, incluyendo la extensión del período de alcaldes y gobernadores en la misma medida. “Apoyo la prolongación del período a seis años para alcaldes. Pero en el caso del presidente, estaría dispuesto a que si yo me llego a presentar a la reelección, que el nuevo período sea sólo de dos años y a partir de ese momento de seis, sin reelección. O sea, si me presento yo a la reelección que sea sólo por dos años y de allí en adelante seis para todos. Hay que ver las implicaciones constitucionales y conveniencias”, dijo.














