Tanto pasado tiene el empresariado costeño entre los industriales de Colombia, que lo mínimo que exigía el presente era su presencia.
Si logra ese reto, sí tendría importancia la denominación de este valioso dirigente costeño. Y, ahí sí, podría calificarse de histórica la designación de Mac Master en la presidencia de Andi. Porque lograría el milagro de irrigar la economía en el país, con equidad. Incrementar el Producto Interno Bruto (PIB) en regiones muy deprimidas. En fin, hacer que las riquezas no sigan en poquitas manos y que cada día haya más población con un mejor poder adquisitivo. «La prosperidad para unos pocos es una prosperidad mezquina».
-
En ese exclusivo club, a lo más alto que ha llegado un caribeño es a la presidencia de la junta con Hernán Martínez, Antonio Celia y Juan Manuel Ruiseco; y Arturo Sarabia Better, que llegó a ser asistente del entonces todopoderoso presidente de la Andi (antioqueño de pura cepa, el más acatado pero hábil miembro del sanedrín uribista), Fabio Echeverri Correa. Cuando este señor hablaba, temblaba la economía colombiana.
En cambio su sucesor, Luis Carlos Villegas, más bien parece un ministro de relaciones exteriores. Precisamente, por ese perfil, lo envía Santos a la Embajada más importante y apetecida, la de Washington.
-
Otro industrial regional consultado dice que “de todas maneras la Costa Caribe colombiana puede darse el lujo de haber tenido dirigentes gremiales de la talla de Gastón Abello, fundador de la Confederación de Cámaras de Comercio de Colombia (Confecámaras), de la cual fue su presidente durante casi 30 años. La Costa creó la Federación Algodonera bajo el liderazgo de Francisco Dávila Riasco. Y no hay que olvidar que la Federación de Ganaderos de Colombia (Fedegán), como ahora que está en manos de José Félix Lafaurie, numerosos costeños han ocupado esa silla, entre otros los desaparecidos Gustavo Castro Guerrero, doña Paulina viuda de Castro Monsalvo y el más insigne de ellos, José Raymundo Sojo Zambrano, asesinado por un grupo guerrillero tras dejar el Ministerio de Agricultura y pasar a la presidencia de Fedegán. Esta agremiación tiene un valioso premio de reconocimiento a la ganadería, que se denomina José Raymundo Sojo Zambrano”.
El puerto se enfrió
Uno de los atractivos de los industriales para relocalizar sus factorías en la costa es que encuentren puertos naturales. Obviamente de aguas profundas. Era lo que pretendían varios industriales barranquilleros al comprar los derechos de los pioneros de ese proyecto, entre ellos el colombiano-español Manolo del Dago.
Estos jóvenes industriales, de diversas áreas (industria de la construcción de vivienda y carreteras, vidriería termo-acústica, semaforización, industria agrícola), llegaron a la conclusión que habían comprado la rifa de un tigre. Y que era mejor engavetar el famoso proyecto del puerto de aguas profundas.
Del Dago y demás deben estar muertos de la risa. Se desprendieron de una papa caliente y a cambio recibieron una enorme fortuna que les permitirá invertir en los paraísos fiscales.
Uno de los industriales barranquilleros asegura que la historia de Del Dago es muy parecida a la de otro español venido a Colombia hace muchos años, un aventurero catalán que en los tiempos previos a la revolución cubana logró el milagro de trabajar para la Unión Soviética y para Estados Unidos.
En una avioneta vieja le llevaba armas soviéticas a los barbudos de Fidel Castro en la Sierra Maestra. Así se enteraba de cuántos guerrilleros había, qué armamentos tenían, planes y estrategias. Bajaba de allá cargado de marihuana, que vendía a las agencias gringas y pagaban a precio en oro a cambio de toda la información que traía el catalán de la Sierra.
En una de esas, la vieja avioneta se le estrelló y tuvo que contratar otro aparato, cuyo piloto era un homónimo del actor y cantante mejicano Pedro Infante. La nave se estrelló en Honduras y el catalán y el mejicano estuvieron presos varias semanas. La prensa de Honduras, confundida, tituló ‘Cae avioneta de Pedro Infante con armas de contrabando para los barbudos’.
El catalán cuenta que en esa ocasión en ese presidio hediondo le tocó beberse hasta sus propios miaos y comerse los desperdicios de las ratas. En Barranquilla murió, ya viejo, asesinado por una amante conocedora de que había sacado la plata de los bancos y la tenía encaletada en un hueco debajo de su cama y en los colchones.















