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El ‘Mochuelo’ Torres: un campeón que noqueó la vida

¡Vas perdiendo maricón! ¡Vamos, saca lo tuyo! – Fue la voz de Luis “chicanero Mendoza” que se escuchó como trueno en medio de una tempestad.

Por: Ubaldo Manuel Díaz

“Mochuelo” Torres y  norteamericano Kendall Holt

La tempestad de jabs de izquierda y derecha que estaba recibiendo la humanidad de Ricardo  “Mochuelo” Torres por manos del norteamericano Kendall Holt que lo hacía ver las praderas azules de Magangué en aquel feroz combate del 1 de septiembre del 2007 en Barranquilla. Transcurría el décimo asalto, su segunda defensa de título mundial.

En el atiborrado coliseo no se escucha el sonido de una mosca. Solo el jadeo de los dos gladiadores en el ring. El campeón del mundo estaba a punto de caer: lo salva la campana. Campana que muchas veces escuchó en la escuela
antes de desertar de los estudios.  “Pensé en mi papá que me estaba mirando desde la tribuna”- y para el siguiente
asaltosalícontodo”.Con el gancho cruzado izquierdo liquidé el combate por la  vía del sueño” relata el mochuelo torres, sentado en el patio de su casa, mira correr silencioso el río magdalena a través de una cerca desportillada. Casa verde ubicada en el barrio Girardot de Magangué con dos árboles en su antesala donde le tocó librar los más dolorosos combates contra la miseria. A su lado un hombre sentado en una mecedora con un corte al rape mira en la televisión con ojos de concupiscencia a dos mujeres ligeramente vestidas que contorsionan su cuerpo a ritmo de merengue.

” Bájale a eso canario” fue la voz tonante del ex campeón del mundo a su hermano que miraba a las bailarinas. Se hizo un silencio. El pick-up de 10 mil vatios de sonido permanece dormido en una esquina de la sala. Al otro

lado de la calle un grupo de desempleados parlanchines arreglan el país. Uno de ellos se despide vociferando: -“este país se jodió, va rumbo al desbarrancadero”-, no sin antes desbaratarlo para así tener de que hablar mañana. Una mujer sentada sobre una inmensa raíz debajo de un árbol frondoso, bate un pequeño frasco y escucha en la radio “maldita primavera” de Yuri. Tararea el ritmo de la canción y entornando los ojos aplica cuidadosamente el carmesí sobre las uñas de los pies. Hace una pausa, se encoge de hombros, suspira y sigue en su ritual indiferente a nuestra conversación. Sigue agitando el pequeño esmalte escuchándose en su interior el ruido del balín de un lado a otro. Muchas veces he pensado que en ese rito es donde las mujeres requieren mayor concentración, es ahí cuando reflexionan y urden sus planes para bien o para mal.
El ex campeón mundial está en  bermudas, su torso desnudo lleno de cadenas y el arete que le brilla en la oreja como estrella rutilante le hace ver como un reguetonero boricua.Pero no, estoy delante de Ricardo el “mochuelo” torres campeón mundial Walter junior en las 140 libras. Se para y le da de comer a unos gallos de pelea que en corrillo han iniciado su canto desafiante. -¿No le han dicho que se parece a Daddy Yankee?- pregunté – “Algunas veces” me respondió esta máquina de tirar golpes.- Observé que detrás de esos puños de acero aún se esconde aquel niño tímido y sencillo, de frases cortas y ojos asustadizos que un día le pidió a su papá que le comprara un balón.

Ricardo ´Mochuelo´Torres

– “Alístense vamos a comprar un balón”- fueron las palabras de Pedro Miguel Morales a dos niños de diez años, hace mucho tiempo en las polvorientas calles de Magangué. – “Yo salí entusiasmado porque al fin iba a tener mi primer balón”- relata el mochuelo. Cuando los dos infantes llegaron al sitio indicado, en lugar de balón, un puñado de niños como ellos corrían alrededor de un cuadrilátero; otros le pegaban enloquecidos golpes a enormes sacos de lona. “Esa primera imagen me deslumbró para siempre” El ojo clínico y el olfato de tiburón del entrenador Manuel Vargas se posó sobre el asustadizo niño que solo quería que le compraran un balón. Desde ese día jamás quiso quitarse los guantes porque quería ser grande…

Campeón del mundo. Comenzaba el año de 1978 y la fiebre del futbol hervía por todos los rincones del ¿planeta. A miles de kilómetros de distancia de Magangué en la Argentina de Borges un joven lloraba desconsolado porque no fue convocado para hacer parte de la selección albiceleste. Carlos salvador Bilardo le había apostado a la experiencia de Burruchaga, descartando a un chico poco conocido al que le apodaban el “pelusa” Maradona. Lo mismo le pasó al mochuelo Torres con escasos trece años de edad fue descartado para ir al campeonato nacional de boxeo. “Ese día fue muy duro para mí, lloré toda una noche” recuerda con nostalgia el “mochuelo”. Era cuestión de esperar, el trono estaba, solo faltaba el rey y el rey llegó… mira a su hermano que ha cambiado el canal de televisión y escucha extasiado “I Like It”, de tito Nieves. Los gallos de pelea, satisfechos se
acicalan las pocas plumas que le quedan sobre la rojiza piel.
Se escucha por potentes altavoces la voz en english de un hombre vestido de manera ridícula parecido a un pingüino anunciando la velada de esa noche. Afuera los copos de nieve caen perpetuamente, el coliseo de las Vegas Nevada, la ciudad que nunca duerme hierve, miles de voces corean a Mike Arnautis el campeón del mundo, la algarabía es semejante al rugido de un monstruo enfurecido. Las apuestas están diez contra uno en contra del mochuelo. La noche cae, en un pequeño camerino de 4x 4 parecido al de un gran artista. El entrenador, hombre macilento hace las veces de un embalsamador egipcio, le envuelve con una venda blanca las manos a su pupilo que en silencio ya no escucha las palabras de aliento de su maestro, porque tiene grabado en su mente el cinturón dorado de las 140. A esa hora en un pequeño rancho de tabla en la calurosa Magangué doña Rosa María Tafur rezaba por su hijo. Y ese hijo también se arrodillaba antes de salir al enloquecido coliseo de nevada. Suena la campana… Fue una batalla pactada a doce asaltos, al final, el pingüino le alzó el brazo derecho al hijo de la niña Rosa María declarándolo campeón mundial súper ligero por unanimidad.

Los cables de televisión, internet, radio, vomitaron la información que en las 140 libras había un nuevo monarca. Después del combate vio pasar en la distancia al venerado Don King con la nieve de los años sobre sus eléctricos cabellos, convertido en una especie de figura totémica para cualquier boxeador, el rey midas del boxeo que todo lo que tocaba lo convertía en oro. – ¿Qué sensación tuviste al verlo? – “Algo raro que no se definir” puntualizó el hijo

de Magangué. Que ahora observa a la improvisada manicurista de la enorme raíz cambiar el dial en la chicharra.
– ¿Que sientes en un momento de esos, en tierra extraña, con el público en contra? Fue mi pregunta. Esbozóunasonrisa:““sesiente unpocodenervios”,“danganasde ir albañoa cada rato” la ansiedad es mucha” pero cuando tienes el público en contra, te haces sentir más grande” remata el hijo de Pedro Miguel Morales.
Las vegas EEUU. Donde siempre es de día, en sus calles se ven celebridades del cine, televisión, Magnates, despampanantes rubias saliendo de lujosas limusinas, Todas esa pléyades de famosos y anónimos que parasitan en los casinos. Ahí puso los pies el humilde niño de Magangué y dijo: – “ahora quien me va a decir que no estuve en las vegas”-. Miraba extasiado las enloquecidas y eternas luces de neón, pensó en aquel televisor a blanco y negro donde miraba con sus hermanos la guerra de las galaxias.
Sobre un improvisado cuadrilátero un par de boxeadores aficionados intercambian golpes, sus brazos parecen demoledoras aspas de molinos. En una silla, mochuelo torres los observa, una lágrima le corre por su atezada mejilla. Fue uno de los momentos más doloroso de su vida.
Una delicada operación al menisco izquierdo lo deja por fuera del rin 8 meses. “Pensé que mi carrera se acababa”” hoy gracias a Dios todo salió bien” En aquellos tiempos en Sincelejo en una improvisada lona se reunía un entrenador con varios muchachos al que les colocaba un apodo. – “a memin Julio porque había sido gamincito”- al pegoño Mendoza porque tenía dos dedos del pie pegados. Cuando irrumpió Ricardo Torres el entrenador lo quedó mirando y preguntó: -¿a este como le llamamos?- Memin respondió: llamémoslo “el mocho”. Lo dijo porque el dedo índice derecho de Ricardo torres se lo había cortado y tragado una iguana en una de esas cacerías furtivas. Llamémoslo el mochuelo porque viene de mocho – mochuelo.
Sentenció el pegoño Mendoza. Ricardo levantó lo que quedaba de su pulgar y remató: llámeme “el mochuelo” porque voy a volar muy alto. Y así quedó para siempre. El mochuelo Torres. Va terminando la entrevista con el ex campeón y su hermano el “canario” que siguió sus pasos me muestra un jab de izquierda. Por su teléfono suena la cavernosa voz de su apoderado para saber cómo andaba su pupilo.
– ¿A qué boxeador admira más?:- fue mi pregunta-.
– Su respuesta después de un largo silencio sonó de aquí a Méjico, – a Oscar de la hoya-.
Ubaldo Manuel Díaz,*sacerdote. Premio nacional de cuento y poesía ciudad Floridablanca.
Email:sinuano1817@yahoo.es
Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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