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‘El Mago Dávila’ el amigo de Gabo

A sus 90 años de edad Guillermo Dávila, conocido como ‘El Mago Dávila’, conserva  intacta la capacidad de asombro propia de los niños que buscan respuestas a las incógnitas de la vida cotidiana.

Por: Édgar Tatis Guerra

Guillermo  ‘El Mago´ Dávila (Foto  Sandro Da Silva)

‘El Mago Dávila’ tuvo una juventud intrépida, una imaginación desbordada y feliz que aún lo mantiene en pie. Su afición a los caballos lo animó a escribir sobre épica en los periódicos y el fascinante mundo de los deportes ecuestres. Dice que su pasión por escribir le exigía leer mucho para ser cuidadoso de la buena ortografía y no perder el sentido del humor en la escritura.

‘El Mago’ tuvo el privilegio de conocer el encanto mágico que posee Cartagena de Indias: ‘El Corralito de piedra’ o ‘La Heroica’, y fue en esta ciudad donde incursionó en el diario El Universal donde fungió como linotipista, un oficio nada fácil porque  exigía la minuciosidad certera de reunir cada letra del abecedario para armar cada palabra,  frase y oraciones, y luego fundir en lingotes en plomo caliente,  y de ahí a la imprenta tipográfica, como si el alfabeto saliera de un horno milagroso.

‘El Mago’ tiene los ojos azules y rememora con alegría al borde del delirio y las lágrimas,  el día en que conoció a Gabriel García Márquez, con quien selló una linda y genuina amistad hasta el final de sus días. Fue en 1951 cuando ambos deciden emprender el reto de fundar un periódico pequeño tamaño media carta al que bautizaron ‘Comprimido’.


Édgar Tatis Guerra, Sandro Da Silva y  Guillermo ‘El Mago’ Dávila.

‘‘Fue una aventura literaria que inició con 120 pesos y donde publicábamos notas condensadas sobre el acontecer de la ciudad, sus necesidades más apremiantes y se exaltaban los valores humanos. Circulamos entre el 18 y el 23 de septiembre de 1951’’, precisó Dávila.

‘Todos los ejemplares se agotaban muy rápido gracias a la

distribución que se hacía en sitios emblemáticos de

Cartagena como la plaza de Los Mártires, la plaza Bolívar,

entre otros. En las seis páginas de Comprimido se leían

mensajes cívicos: ‘Cartagena, emporio turístico del

Caribe’, también el horóscopo, recomendaciones

saludables en la sección ‘Consultorio sentimental’, y

mucho más.

El mago

Y precisamente fue su capacidad de asombro al conocer al mago Richardine, el mismo que encantó al niño García Márquez en Aracataca, lo que animó a don Guillermo Dávila a constituir la Asociación Colombiana de Magos que acogió a destacados artistas como Lorgia, entre otros.

Tuvo el honor de ser secretario de dicha asociación sin saber de magia, aunque la ocasión de estar rodeado por ellos le permitió aprender muchos trucos y shows. ‘‘Aprendí a manejar muy bien las cartas e inclusive a hipnotizar. Ser mago me facilitó tener muchos amigos, conocer varias ciudades de Colombia y del mundo’’, anotó Dávila.

‘El Mago Dávila’ es uno de los amigos que le sobreviven a García Márquez. Reside en la capital del país, pero tiene una conexión especial con Cartagena por ser una ciudad que fascina tanto a nacionales como extranjeros. 

Está orgulloso de haber conocido al Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez, y de aparecer en dos párrafos de sus memorias, porque él también fue un mago de la palabra escrita y un prestidigitador. Así lo siente él. 

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