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El Junior, el amor que nos complica la vida

A comienzos del siglo pasado, cada barrio de Barranquilla tenía su equipo de fútbol.

Por: Andrés Salcedo

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Andrés Salcedo, momentos en que intervenía en el lanzamiento del libro Jinior, alma y pasión Caribe

Los llamaban clubes, para que se parecieran a sus modelos ingleses. Se mantuvieron hasta los años 50, cuando el furor desatado por el béisbol profesional les dio el golpe de muerte.

El Junior es un sobreviviente de esa época. Quizá lo ayudó el haber nacido en el barrio Rebolo, un

pedazo de Curramba, que más que un barrio, es una identidad. Todos los barranquilleros queremos tener -y tenemos- algo de reboleros.

En una ciudad con más historias que historia. Rebolo es la reconocida cueva de Altamira de donde salimos.

Rebolo siempre impulsó un estilo de hablar y de caminar, de sentir la vida, la música y el fútbol.

Está separado de San Roque por la 30, una calle polvorienta donde la ciudad se vuelva fenicia y canalla. En San Roque, mi barrio, convivían puerta con puerta los ricos, los arruinados, los blancos negreados y los negros blanqueados.

Los unía la esquina. El picó. La pobreza. Y, por encima de todo, el fútbol, una de las pocas cosas parecida a la esperanza en aquellas calles donde comenzó la leyenda del Junior.

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Andrés Salcedo le echa una mirada al libro Junior,alma y pasión Caribe escrito por Ahmed Aguirre Acuña

Pero la ciudad crecía implacable hacia el norte y Rebolo y San Roque, donde el fútbol nos integraba a todos (de niño vi a curas jesuitas y salesianos dándose suela con equipos armados)  -sí, armados- en las calles mas deprimidas, que parecían más bien bandas de malhechores; esos lugares sagrados, digo, perdieron su protagonismo al llegar el fútbol profesional, que hoy ya es casi una rama de la economía.

El Junior pasó a manos de financistas y empresarios. Pero nunca perdió su arraigo popular. El Junior es símbolo de la ciudad que se fue y de la que se arma y desarma como las carpas de los gitanos. Y un símbolo de lo que somos. Gente sencillota. Sin alcurnias. Novelera. Perrateadora. Inconstante.

Según creemos, Junior nos reivindica, compensa y desagravia por la injusticias sufridas y por la tirria que nos tienen en otras partes.

A veces pienso que el Junior es nuestro último vínculo con la infancia. Con los días en que Heleno de Freitas recorría en un Pontiac verde las grises calles de mi barrio. Y a nosotros, que corríamos detrás del carro, nos hacía felices con solo mirarnos.

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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