Por: Francisco Figueroa Turcios
El Cheva soñaba con ser arquitecto, la precaria situación económica de sus padres le modificó el guion y le asignó otro papel en su vida profesional (Serie: Los rostros ocultos detrás del éxito del proyecto la Ruta del Color (1))
En San Juan de Betulia los murales de las paredes de caña con revestimiento de boñiga de vaca de las casas de techo de palma amarga ya no son silenciosos. Hablan en colores, cuentan historias y guardan memoria.
Detrás de muchos de esos trazos está Juan Sebastián Hernández Blanco, conocido como El Cheva, un pintor que cambió los planos de arquitectura por pinceles y decidió involucrarse en la construcción de la Ruta del Color..
El Cheva Hernández cursó el bachillerato en la Institución Educativa San Juan Bautista. Allí, entre cuadernos y pizarras, el sueño de la arquitectura comenzó a dialogar con la realidad.
La precaria situación económica de sus padres, Jhonny Hernández y Doris Blanco, lo obligó a replantear la hoja de ruta de su aspiración profesional. Pero la vida, que suele corregir los planos antes de levantar los cimientos, le cambió el libreto.
La pintura le ganó el pulso a la arquitectura

Juan Sebastián Hernández Blanco, el famoso El Cheva no aprendió a pintar para colgar cuadros: se especializó en elaborar excelente murales en la casas de bahareque para devolverle color a la memoria de su pueblo natal: San Juan de Betulia.
El Cheva, soñó cuando estudiaba bachillerato ser arquitecto. Quería levantar edificios, imponer líneas, cambiar el paisaje desde el concreto. Pero la vida —que suele saber más de estética que los planos— lo fue empujando hacia el dibujo, y del dibujo al mural, y del mural a la calle. Cambió los metros y las reglas por brochas, aerosoles y paredes abiertas al sol. Entendió que también se puede construir identidad sin levantar edificios, que una fachada pintada puede sostener la historia de una familia y que un barrio coloreado resiste mejor al olvido.
«Soñaba con estudiar arquitectura para crear un nuevo estilo en el diseño de vivienda, pero a raíz de la difícil situación económica de mis padres entendí que debía tomar otro rumbo en mi hoja de ruta. Entonces decidí aprovechar un talento que Dios me regaló: la pintura”, confiesa El Cheva en el cambio de libreto en su aspiración profesional..
El dibujo y la pintura siempre fueron su punto fuerte. Antes de los lienzos y los murales, su talento habitó los cuadernos escolares, donde trazaba líneas y colores como quien ensaya un destino. A los 19 años, ese impulso lo llevó a ingresar a la Escuela de Bellas Artes de Sincelejo, con la intención de pulir su don y aprender las técnicas que transformarían la intuición en oficio.
La pintura se convirtió no solo en una vocación, sino en una forma de narrar emociones.“Me gusta plasmar sentimientos, emociones y situaciones en un lienzo y convertirlos en una obra de arte que deleite la mirada”, acota El Cheva , consciente de que cada trazo también habla de él.
La Ruta del Color

En el camino de El Cheva Hernández aparece La Ruta del Color, un proyecto que le abrió espacio para mostrar su talento y, al mismo tiempo, aportar al desarrollo cultural de San Juan de Betulia. Allí, El Cheva no solo ganó reconocimiento comunitario, sino que reafirmó su compromiso con el arte público como herramienta de transformación social.
Por eso su papel dentro del proyecto La Ruta del Color no es decorativo, es fundacional. El Cheva no solo pinta muros: articula voluntades, contagia entusiasmo, convence al vecino de que su pared también puede contar una historia. Es puente entre el arte y la comunidad, entre la tradición oral y la imagen contemporánea. En cada jornada del proyecto está su huella: la brocha madrugadora, la palabra que anima, la mirada que decide qué pared necesita hablar.
La Ruta del Color le representa un espacio para demostrar su talento artístico, un don que le ha dado Dios, mientras aporta al progreso de San Juan de Betulia y lo demostró recientemente con la elaboración del mural de La Niña Tulia.
La Ruta del Color convirtió a Betulia en un museo a cielo abierto, y El Cheva en uno de sus pilares más firmes. Gracias a él, el color dejó de ser adorno para volverse lenguaje social, una forma de narrar quiénes son y de dónde vienen. Sus murales no borran el pasado: lo iluminan.
El Cheva le dio vida a la Niña Tulia

El Cheva fue pilar importante en la elaboración del mural de La Niña Tulia, obra emblemática del proyecto, en la que participó como coequipero del maestro Andrés Múnera.
«Fue una gran experiencia compartir escenario con el maestro Andrés Múnera. Su trayectoria y su metodología para explicar los conceptos que quería plasmar en el mural hicieron de esta obra algo muy especial y de gran impacto para La Ruta del Color”, reconoce El Cheva Hernández sobre la experiencia de estar en el equipo de trabajo del maestro Andrés Múnera en el mural La Niña Tulia.
Andrés Múnera, resalta el valioso apoyo de El Cheva Hernández, para hacer realidad el proyecto del mural La Niña Tulia.
«El Cheva Hernández fue quien le dio vida a la Niña Tulia. Con mucha sensibilidad trabajó el volumen, el color, las sombras y las facciones, logrando un realismo impresionante y lleno de carácter. También tuvo un aporte fundamental en el perro del mural, al que supo darle fuerza y vida hasta hacerlo sentir real, como si estuviera allí.
Más allá de su talento técnico, El Cheva, es una persona con la que da gusto trabajar: siempre dispuesto, respetuoso de las ideas, atento a las direcciones y, al mismo tiempo, generoso al aportar las suyas. Es emprendedor, humilde, tranquilo, alegre y con una energía muy bonita, de esas que hacen que el trabajo fluya y que el proceso sea tan valioso como el resultado final» destaca Andrés Múnera sobre el aporte de El Cheva al mural La Niña Tulia.
Un lienzo para la creatividad…

Hoy, El Cheva Hernández es prueba de que los sueños no siempre se abandonan: a veces solo cambian de libreto . La arquitectura que no levantó en concreto, la construye ahora en color, memoria y muro abierto en su pueblo natal: San Juan de Betulia.
En San Juan de Betulia, Sucre, el nombre de Juan Sebastián Hernández Blanco muchas veces no significa nada; cuando se hace referencia de El Cheva, automáticamente todos saben quien es, como si el apodo alcanzara mejor a decir lo que es: artista de calle, pintor de muros, sembrador de colores donde antes hubo cal. El Cheva utiliza las paredes de las casas de palma de su tierra natal como lienzo para desarrollar todo su talento artístico.

El Cheva Hernández , es un símbolo de una generación de San Juan de Betulia que pinta identidad: los murales como acto colectivo y memoria de San Juan de Betulia.
El Cheva Hernández no levantó edificios de concreto, pero levantó algo más duradero: identidad. En San Juan de Betulia, sus colores no decoran, cuentan. Y mientras haya un muro libre y una historia por decir, él seguirá pintando para que su pueblo se mire a sí mismo.
El Cheva, pinta porque sabe que el gris también es una forma de silencio. Y en San Juan de Betulia, gracias a su empeño, las paredes de las casas de bahareque ya no callan reflejan cada una historia a través de la pintura.












Que bonita pobres muchas gracias muy contento con todo, y de nuevo gracias por resaltar lo que aportado en este bonito proyecto que es la ruta del
Color
Bendiciones un abrazo
Francisco Figueroa
cuando el alma del creador eterno de lo eterno sublimemente Dota un alma noble y sensible como la del chema la Esperanza del Arte recobra su explendor del renacimiento en patrones modernos de esteticas y cosmologias…. Gracias Juan sebastian, CHEVA por conpartir tu talento extension de cultura, Paz y armonia… el Arte es la suprema mision del hombre de Paz