La esencia del evento sigue intacta.
Por Maria Luisa Espinosa
Llegué a Barranquilla cuatro días antes de la Batalla de Flores con la determinación de disfrutar su Carnaval, evento que siempre evité como la plaga en estos últimos 25 años. Qué alegría sentí cuando me recibió el caos causado por la remodelación de nuestro amado aeropuerto. ¡En buena hora!

En mi recorrido por La calle 30 me maravillé observando la idiosincrasia de mi gente con su bulla y la locura de la desorganización del parque automotor de Curramba. Las motos, los huecos, el polvo, los toldos, los colores vivos de la pintura pelada, las paredes quebradas, las ventanas selladas de las fachadas de los negocios, los avisos, los gritos, los pitos, los vendedores ambulantes, la mercancía en los andenes, solo me hicieron sonreír, porque, pensándolo, Barranquilla no necesita un Carnaval… ¿Para qué? El barranquillero lleva su carnaval por dentro… vive feliz en medio de ésta delirante ciudad donde cualquier cosa puede pasar… y en donde su resiliencia le permite gozar en medio de tristezas grandes o pobrezas infinitas.

La Reina de la Policía saludando a los asistentes después del sentido homenaje en la apertura de La Parada de Fantasía. Foto María Luisa Espinosa
Llegué cargada con equipos porque como fotógrafa costeña es imperdonable no tener una fotografía de mi Carnaval en mi colección. Durante cuatro días me sumergí , embobé y sorprendí, al mismo tiempo que amé, disfruté, admiré, lloré, y bailé mientras abrazaba mi cámara. Es tan fácil unirse en un sólo sentimiento con todos los participantes y confundirse entre ríos de gente alegre, hermosa, dispuesta, incansable, fuerte, jocosa, amable, motivada, pero sobre todo gente con algo en común el amor por su ciudad y su Carnaval.

El Congo Grande de Galapa incansable, ordenado, y motivado aquí los mostramos comenzando su ardua tarea de danzar por horas. Foto Maria Luisa Espinosa
Me pidieron que escribiera un artículo sobre cómo ha cambiado el Carnaval en 25 años… pero no puedo… Esta fiesta del pueblo barranquillero no ha cambiado, es su misma gente viviendo sus tradiciones, es su misma gente creando nuevos personajes, disfraces, música, y arte. Es su misma gente sufriendo, gozando y creando. El Carnaval tiene alma y está vivo en el corazón de las nuevas generaciones, está latente en la sonrisa de un niño viendo pasar Los Congos, está palpitando en la madre que corre con los tocados de plumas y polleras de sus hijas casi listas para comenzar un desfile.

Foto María Luisa Espinosa
El Carnaval de Barranquilla tiene vida espontánea, no necesita de políticos de turno, no necesita de gerentes o dirigentes con buenas o malas intenciones. Este Carnaval sólo necesita de dirigentes que amen esta maravillosa fiesta con la misma fuerza con que se sopla una flauta de millo o se sacan notas musicales de un tambor y de la misma forma en que el pueblo ama cuando asiste y participa de ésta mega fiesta que sin ellos no sería nada. Hay que apoyar al pueblo para mantener su diversidad, darle mas espacio para presenciar o participar, mejorar sus vestuarios y materiales para mas creación, pero ¿quién soy yo para criticar? Alguien que se fue pero que todavía recuerda nuestro viejo Carnaval.

Foto Maria Luisa Espinosa
Lo importante en esta fiesta es el pueblo y no se debe olvidar que es para el pueblo. Debe haber mas inclusión, aunque se ha mejorado la logística, se debería trabajar mas en presentación y ayuda para los grupos folclóricos mejorando su comodidad y bienestar física y emocional durante su trayecto.











