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El aval envilece a los partidos políticos

Por Alfonso Camerano Fuentes/Chacharero  [caption id="attachment_106183" align="alignleft" width="292"] Alfonso Camerano Fuentes, columnista chacharero invitado.[/caption] La exigencia legal de portar aval de un partido político para inscribirse como candidato se ha convertido en lastre burocrático que los envilece. Cada 4 años refulgen personajes directivos de las grises colectividades colombianas, a hacer de este requisito de inscripción de candidatos, su importante cuarto de hora. Poco cuentan las regiones, avasalladas por el centralismo, con sede en la Capital (centralismo puro rampante y vergonzante),  a la hora de tramitar y entregar el preciado pasaporte. Para su obtención prima el “filtro”, la decisión “recomendada”, la “censura”, la “inquina”, “el sanedrín” de alguna figurita de relieve local, las “consejas”, los “intereses personales o de familia”, las “capillas”, que tanto gustan a personajes directivos, titulares de igual o más poder que sus actuales parlamentarios. En más de un caso hasta cobran el odioso peaje o se agreden. Así se “cuelan” personajes ajenos a las ideas políticas y programas pregonados, hasta ahora, por los partidos, todo por el prurito de ganar, así sea con un extraño que le cae bien al dueño de la firma del aval mercantil. Como cualquier negocio, pasa en los Partidos “de marca”, que se saturan más rápido de “recomendados” de los actuales portadores de credencial y directivos nacionales y regionales, como en los de “segunda”, también en manos de sus burocracias inflamadas de poder, dueñas del esquivo papel. La experiencia viene mostrando el fracaso de la “institucionalización” de los Partidos Políticos, convertidos en reductos sin credibilidad, tomados por burocracias parlamentarias, en su mayoría inferiores a los nuevos liderazgos que surgen en ciudades y municipios de provincia, todo lo cual afecta la democracia, a la que le impusieron por apellido “participativa”, “comunal”, “de partidos”, “directa”, entre otros, para desfigurarla. Es hora de eliminar ese negocito del aval, ni quita ni pone a esta democracia y la hace más corrupta y sectaria. No porque el mentado aval sea malo en sí, sino porque nuestro medio político es tan corrupto, que hasta la sal la convierte en cianuro.]]>

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