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Editorial.- Y todavía los magistrados no quieren cambios

Los casos de Silvia Gette vs. María Paulina Ceballos y del homicidio del estudiante Colmenares ponen sobre el tapete la necesita de unos cambios de fondo en la rama judicial. En todos sus niveles.

Los dos absurdos botones de muestra de las descomunales falencias de la Justicia colombiana son los relacionados con los homicidios del ganadero Fernando Cepeda Vargas el 22 de agosto de 2003 y del consagrado estudiante de economía el villanuevero Luis Andrés Colmenares, suceso ocurrido en la noche del 31 de octubre (Noche de Brujas) de 2010.

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Los sufrfidos padres del estudiante Luis Andrés Colmenares, durante una de las tantas audiencias.

Cepeda Vargas era miembro de dicha poderosa sala en razón de ser esposo de la hija genética única del rector-fundador de la universidad, el difunto magistrado presidente del Tribunal Administrativo del Atlántico, Mario Ceballos Araújo, sobre quien se rumora que fue envenenado en un proceso lento, como aquel Emperador romano Augusto César envenado por su propia esposa porque quería el poder para ella y para un hijo que había tenido con uno de los tantos maridos antes de tropezar con el Emperatore. Antes de ser asesinado, Cepeda Vargas, su esposa María Paulina y el vicerrector Antonio Vallejo, por poco son asesinados, y cuando no pudieron hacerlo los amenazaban con sufragios y panfletos. Que ellos oportunamente denunciaron ante la Fiscalía “sin resultados en las investigaciones”. Sin embargo, cuando apareció la primera amenaza (se asegura que fue una autoamenaza tan burda, que la escribió con marcador negro la propia Gette), contra Gette, un sufragio, la Fiscalía barranquillera actuó con la rapidez de un rayo y un juez de la república de birrete y capirote los mandó a poner preso en la Picota. Se salvaron porque apelaron, se trasladó el caso a Medellín, y se comprobó que todo era falso. Un montaje.

3 La chicas del can

Laura Moreno, exnovia de Colmenares, y su amiga Jessy Quintero.

El caso novelesco y estúpido se presenta en estos días cuando la Gette logra comprar a unos testigos que dicen que quien mandó a matar a su propio esposo fue María Paulina Ceballos. Y el CTI de la Fiscalía, un pelotón del Esmad y faltaron helicópteros llenos de soldados bajando por cuerdas, capturaron a la señora María Paulina que en esos momentos leía la Biblia tranquilamente en su casa.

Era tan ridículo todo aquello, que sucedió lo que tenía que pasar: al día siguiente María Paulina salió libre, los testigos resultaron falsos y recularon como el ovejo cuando se enfrentaron a la verdad.

El caso de Luis Andrés Colmenares no deja de ser menos escabroso, absurdo, cretino, despreciable, que genera una tremenda inseguridad jurídica en un país que está jugándosela toda por salir de la pobreza. Murió el 31 de octubre de 2010, luego de participar muy alegre y cordial en una fiesta de brujas, sale de la fiesta a la media noche y aparece muerto en el arroyo de El Virrey en Bogotá.

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Jaime Granados, pecho de cantante de ópera, estómago de asiduo visitante del ‘Palacio del Colesterol’ en Bogotá.

De una manera burlesca y ostentosa, los padres del principal sospechoso, Carlos Cárdenas, han hecho alardes de que tienen con qué pagar a abogados de la talla del samario (de Pescaito) Jaime Granados, quien en alguna ocasión declaró que en su bufete no se recibían casos que no representaran honorarios de dos mil millones de pesos hacia arriba.

Razón no le asistía. Ha sido toda la vida el abogado penalista del expresidente y hoy Senador Álvaro Uribe, de Mario Uribe Escobar, del  multimillonario exsenador Fuad Char y Supertiendas Olímpicas en todos los casos de tipo penal, incluso, es el abogado de Alex Char en varios de los chicharrones que tiene pendiente para poder ser candidato a la Alcaldía de Barranquilla.

Dilataron el proceso hasta más no poder. Se burlaron de los jueces.- Pidieron, en un caso de absoluta falta de valores y sensibilidad humana, que metieran a la cárcel a los padres de Colmenares dizque porque hablaban mucho. Sería bueno preguntarle al doctor Jaime Granados, en caso de que Dios no lo quiera, le matan a su querida y respetable progenitora  o a uno de sus hijos, en un caso tan truculento como quieren hacer aparecer el homicidio de Colmenares, ¿Usted no haría lo mismo? ¿Usted con su vozarrón de barítono gracias al amplio diafragma y gruesa barriga no gritaría a los cuatro vientos pidiendo justicia?

El caso Colmenares ha sido tan evidente lo que quieren hacer con él, que un abogado de la talla de Jaime Lombana se ofreció para hacer la defensa de las víctimas (los padres y hermanos de Colmenares), de gratis.  Porque se considera que Colombia es un país social de derecho, con unas normas claras para aplicar justicia pronta y acertada.

Que hay fallas porque se aplicó a la topa tolondra el nuevo sistema penal acusatorio oral por imposición de los gringos, no importa. Así como los mismos norteamericanos a través del Ministerio de Justicia y la Usaid capacitaron a centenares de periodistas en el país, del mismo modo capacitaron a jueces, fiscales, abogados defensores de oficio, ministerio público y demás actores que participan en un juicio oral.

De modo que aquí no estamos ante un caso por falta de competencia de las partes intervinientes en representación de la Justicia del Estado. No podemos decir que el exfiscal General Mario Iguarán, en una actitud que en su momento tuvo su tinte de falta de ética, no le sobra competencia, astucia y viveza para torcerle el cuello a la ley a favor de sus poderdantes, siendo que estuvo en la más alta dignidad de la Fiscalía hasta el 31 de julio de 2009 y casi todos los vicefiscales, fiscales seccionales, fiscales de tribunales y de muchos otros niveles son fichas suyas.

De toda esta trama, lo más sucio que surge es el famoso cartel de testigos falsos que un día acusan a Carlos Cárdenas –hijo de un potentado industrial del sector petrolero- de haberle dado un golpe en la cabeza a Colmenares con un litro lleno de Old Parr (un golpe de esos mata un burro). Y al día siguiente ese mismo testigo dice que no, que él vio fue a unos encapuchados dándole golpes a Colmenares con unos bates de beisbol.

Todo absurdo. Maquiavélico. Triste. Sucio. Rastrero. Carteles de sapos. Carteles de testigos falsos. Fiscales enriquecidos de la noche a la mañana. Jueces que se venden al mejor postor. ¿En manos de quién está la justicia colombiana, señor Presidente Santos? Ese debe ser su principal argumento para quienes se oponen tozudamente a las reformas de fondo que requiera esa importante rama del poder público, que se avergüencen y cedan. Es lo menos que les toca hacer. Lo mismo que uno que otro abogado sucio que se ha vuelto multimillonario haciendo tramoyas aliado con los exjefes narcos para elegir a un fiscal, que, según las buenas lenguas, costó  cinco millones de dólares (pero que el abogado que recogió la plata en una tula, comenzando por donde Macaco antes de irse de paseo a USA, se quedó con la mitad). Y ¿qué talito de un reyezuelo abogadito barranquillero que dicen que se quedó con más de 8 millones de dólares de comisión por adjudicar dos multimillonarios contratos? Con razón nunca quería hablar con la prensa y cuando se le insistía respondía con sorna, “no me fastidien” y se iba caminando en la punta de los pies para no ensuciar los tacones de sus zapatos, con las nalguitas paradas como pelotero de beisbol y con un pañuelo perfumado en la nariz, porque, en privado, dice que la mayoría de los periodistas huelen a mico.

Doctor Santos, todo lo tiene a la mano para que haga una reforma como Dios y el pueblo lo requieren con urgencia. No es posible que la justicia sólo sea para quienes no tienen para sobornar a los distintos actores del sector judicial. Recuerde a Benito Juarez: ‘la justicia es la paz’.

 

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