Por: Francisco Figueroa Turcios
Hay historias que no comienzan en un quirófano ni en un aula universitaria, sino en las gradas ardientes de un estadio donde el balón dicta el pulso de la ciudad. La de Edgar Sánchez Comas nació así: entre el murmullo de los aficionados del Unión Magdalena y los pasos firmes de su padre, Adriano Sánchez, llevándolo de la mano al templo del fútbol samario el estadio Eduardo Santos.
En el Estadio Eduardo Santos, el niño Edgar Sánchez no solo aprendió a mirar un partido: aprendió a sentirlo. Allí, entre camisetas azulgranas y voces que se confundían con la brisa marina de la Capital del Magdalena, fue testigo de un hecho que aún hoy vibra en la memoria colectiva: el título de Unión Magdalena en 1968.
«Desde niño mi padre, Adriano Sánchez, me llevaba al estadio Eduardo Santos, a la tribuna de Sol. Una desde entonces mi pasión por el fútbol y el Unión Magdalena. Tuve el privilegio de ser testigo del primer y único título del Unión Magdalena en el campeonato el 15 de diciembre del año 1968 al vencer al deportivo Cali» recuerda Edgar Sánchez sobre sus vivencias con el Unión Magdalena
Aquel campeonato no fue solo una estrella en el escudo; fue una declaración de identidad para Santa Marta, y para un niño que comenzaba a entender que el fútbol también podía ser una forma de pertenecer a la capital del Magdalena.
Medicina deportiva…

Foto: Edgar Sánchez y Ricardo Caballo Márquez
Edgar Sánchez, mientras cursaba sus estudios primero en el Gimnasio de Santa Marta, y luego en el Ateneo moderno, Edgar ya llevaba dos vocaciones latiendo al mismo tiempo: la medicina y el fútbol.
No eran caminos opuestos, sino paralelos. Uno exigía disciplina científica; el otro, sensibilidad humana. Ambos, en el fondo, pedían lo mismo: vocación de servicio. Ese sueño encontró forma en las aulas de la Universidad del Norte, en Barranquilla, donde el joven samario se formó como médico gracias al esfuerzo de sus padres Adriano Sánchez Gómez y María Antonia Comas.
Edgar Sánchez Comas pudo quedarse en la comodidad de la medicina general, pero eligió otro camino: uno donde el pulso no solo se mide en latidos, sino en minutos de juego, en lesiones que duelen más por lo que significan que por lo que son.
Su vocación lo llevó más allá de las fronteras. En São Paulo, una de las capitales médicas y deportivas del continente, entendió que el fútbol también se estudia, se analiza y se cuida con rigor científico. Allí se especializó en medicina deportiva, afinando herramientas para un objetivo claro: regresar y ponerse al servicio del equipo que lo había marcado desde la infancia, el Unión Magdalena.
No era una ambición económica ni un salto de prestigio. Era, más bien, una forma de cerrar un círculo: el niño de la tribuna convertido en el médico del camerino del Unión Magdalena.
Entre la gloria esquiva y las caídas inevitables

Con el paso del tiempo, lo que empezó como una pasión se convirtió en destino. Edgar Sánchez Comas no solo regresó al entorno del fútbol: se quedó en él.
Durante 35 años, ha sido mucho más que el médico del Unión Magdalena. Ha sido testigo silencioso de victorias y derrotas, de lágrimas en camerinos cerrados y celebraciones que desbordan la ciudad.
Edgar ha estado ahí en los momentos luminosos, pero sobre todo en los días grises. Ha sido testigo —con la serenidad que exige su oficio y la herida silenciosa del hincha— de cinco descensos, cinco golpes (1999, 2005, 2019, 2023 y 2025) que no solo afectan una tabla de posiciones, sino el ánimo de toda Santa Marta.
«Para mitigar esas frustraciones lo hago con llanto y mucha tristeza» puntualiza Edgar Sánchez sobre las cinco veces que Unión Magdalena ha descendido.
En esos instantes, cuando el ruido del estadio se apaga y el camerino queda en silencio, su papel trasciende lo médico. Es consejero, es apoyo, es el primero en sostener a quienes sienten que han fallado. Porque en el fútbol, como en la vida, las caídas también necesitan quien las atienda.
Pocos pueden decir que han vivido tanto tiempo dentro de una misma historia sin abandonarla. Edgar Sánchez Comas no solo cumplió su sueño: lo sostuvo, incluso cuando dolía.
Porque hay amores que se prueban en la victoria… pero se definen, inevitablemente, en la derrota. Y en cada descenso, en cada temporada difícil, en cada regreso a empezar, ha quedado claro que su vínculo con el Unión Magdalena no es circunstancial: es una forma de vida, una lealtad que no conoce de categorías, solo de pertenencia.
Fidelidad con el Unión Magdalena

En un país donde el fútbol suele medirse en títulos, la vida de Edgar Sánchez recuerda otra forma de grandeza: la permanencia.
Él no levantó trofeos ni marcó goles decisivos, pero ha estado ahí, firme, cuando otros pasan. Como una especie de guardián del tiempo, cuidando cuerpos y también sueños.
Y quizás, en el fondo, todo sigue siendo como aquel primer día en el estadio: un niño mirando la cancha con asombro, sin saber que algún día no estaría en la tribuna, sino en el corazón mismo del equipo.
Porque hay quienes juegan el partido… y hay quienes, como él, se convierten en parte de su historia.











