ActualidadAgendaLocalesMundoNacionales

Duque saca pecho: "terminé e inauguro el nuevo Pumarejo"

Por Rafael Sarmiento Coley

[caption id="attachment_112452" align="alignright" width="531"] El presidente Iván Duque, desde cuando asumió el cargo, le hizo seguimiento a las obras de esta megobra de enorme beneficio para el desarrollo de la Costa y el país.[/caption] Con todo derecho, después de tantas tormentas y tempestades que ha tenido que soportar en las últimas semanas, ya era hora que le dieran un respiro al presidente de la República, Iván Duque Márquez, y le permitieran sacar pecho anunciando a los cuatro vientos que ha terminado y este viernes inaugura el puente más portentoso e importante del país: el ‘Alberto Pumarejo Vengoechea’, una obra que une a Barranquilla con el Magdalena y el resto del país. Es una megaobra que se requería con urgencia, ante la realidad de que el viejo puente ‘Pumarejo’ le había quedado pequeño al transporte fluvial y terrestre desde la Costa Caribe hacia todo el país y viceversa. El equipo de Gobierno en masa estará este viernes en Barranquilla desde las primeras horas, encabezado Duque Márquez; Marta Lucía Ramírez, vicepresidenta; Ángela María Orozco, ministra de Transporte; Juan Esteban Gil, director de Invías; Eduardo Verano De la Rosa, gobernador del Atlántico; Rosa Cotes, gobernadora del Magdalena; Alejandro Char, alcalde de Barranquilla; y José Manuel Gómez; alcalde de Sitionuevo.

Una obra portentosa

El nuevo puente Pumarejo tuvo un costo superior a los $800 mil millones. Es de tipo mixto, atirantado en el tramo central y con viga cajón en los accesos. La estructura cuenta con tres carriles por sentido, zona peatonal a cada lado y ciclo-ruta, el ancho total del puente es de 38 metros. Asimismo, suma alrededor de 3.200 metros de vías, incluyendo los ramales, aproches y vías de acceso. Faltan algunas pequeñas obras adicionales para que no haya embotellamientos ni a la entrada en la zona de Barranquilla, ni a la salida en el corregimiento de Palermo, en especial por la presencia de un peaje muy pegado a la desembocadura del tráfico vehicular que vomitará el puente.

Un descanso para Duque

En medio de la ‘palera’ que le han dado por las torpezas de quienes dirigen el partido de Gobierno, el Centro Democrático, Duque ha asumido de manera estoica la tarea de pararrayos, poniendo en sus hombros responsabilidades de propuestas y proyectos que le han merecido una amplia antipatía de un grueso de la población, lo cual lo tiene en los niveles más bajos de popularidad. Y todo por culpa de quienes insisten en una reforma tributaria que arruinará a las clases media y baja, mientras entrega gabelas a los banqueros, comerciantes e industriales que le costarían al país cerca de 18 billones de pesos. Al respecto, un congresista atlanticense que se da ínfulas de ser el ‘defensor del pueblo’, cuando se le indagó acerca de ese dineral que la reforma tributaria pretende devolverles a los ricos –que son el 10% de la población colombiana- de manera cínica, respondió: “nadie da lo que no tiene”. Claro que es cierto. Esos cerca de $18 billones no salen del bolsillo de los congresistas, ni del Gobierno. Salen del ya de por sí exprimido bolsillo de los trabajadores, maestros y empleados, que cada día ganan menos porque cada vez les aumentan el IVA y los préstamos bancarios. También, aunque lo han tratado de negar, tienen lista una reforma laboral y pensional, para tener más plata destinada al proyecto -ya divulgado de manera profusa- de triplicar los miembros del Escuadrón Antidisturbios, con más armas, más oficiales al más alto nivel y mayor autonomía para confrontar las protestas a gases lacrimógenos y plomo físico.

Los sabios no tragan entero

En un texto escrito por la cineasta colombiana Camila Loboguerrero, queda claro que la llamada Comisión de Sabios que el Gobierno convocó para repensar un nuevo país, hubo más desencuentros que encuentros: Dice la cineasta: Cuando me llamaron para proponerme hacer parte de la «Comisión de Sabios» pensé, primero, que era un chiste y luego, que estábamos muy mal de sabios en el país, para llamarme a mí que no soy ni teórica ni intelectual, ni mucho menos una sabia, apenas una mujer tratando tozudamente de hacer películas. Acepté sin hacerme muchas ilusiones. Y ya en esas, me propuse como único objetivo fortalecer la educación cultural y artística desde la escuela primaria: aparte de unos cuantos poetas o novelistas de obligatoria lectura en las escuelas, nuestro pensum ignora por completo la historia del arte, del teatro o del cine colombianos. Tengo la firme convicción de que la construcción de una verdadera identidad nacional pasa obligatoriamente por entender cómo nos hemos representado desde el arte. El proceso fue muy interesante. Nos reuníamos una tarde cada dos semanas en la Universidad Javeriana. Discutíamos libremente con Doctores en Filosofía y en Música de la Javeriana y nosotros, los de la praxis: un pintor, un músico, una gestora cultural, un exministro de Cultura, un inventor y yo, una cineasta.  Sin olvidar, claro está, los jóvenes de Colciencias como apoyo dentro de la metodología de la investigación–creación. Propusimos poner todo el énfasis en la educación, procurar una formación primaria y secundaria en el mundo del arte, donde el estudiante conozca y se apropie de su cultura, de su patrimonio artístico local, regional, nacional y latinoamericano. Por ello, el documento «de los Sabios» busca una mejor educación con mayor inclusión y equidad, tal como quedó plasmado dentro de la propuesta de crear el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Los meses que trabajamos juntos fueron maravillosos y no tengo cómo agradecerles a mis compañeros todo lo que aprendí de ellos durante el proceso. Pero luego vino mi crisis de conciencia: qué hacía yo en una comisión (llamada pomposamente «de sabios»), de la cual se espera que pensemos qué queremos para el país dentro de 25 años.  ¿Pero para qué niños estamos soñando? ¿Si los estamos matando, si entre las desalmadas guerrillas, los militares y los paramilitares los hemos convertido en carne de cañón? ¿Si para el gobierno los niños, retenidos a la fuerza y obligados por los violentos, son sólo combatientes para aniquilar? ¿Si a los niños indígenas, los parientes de «Jaca”, mi compañero de sabios y cuota indígena, los aniquilamos a punta de metralleta o condenándolos a morir de hambre, al fumigar sus cosechas con glifosato, ese pesticida supuestamente inocuo en palabras de la vicepresidenta, ¿la misma que nos convocó a pensar en un mejor país? ¿Si vamos a acabar con los campesinos, además de los indígenas? ¿Pensamos un país mejor para quiénes? ¿Para los hijos de ese 1% que maneja el 80% de los recursos? ¿Para el 1% más rico del país? Yo quiero que oigan a los indígenas del Cauca. Que oigan a los campesinos. Que oigan a los estudiantes y a los trabajadores y a los empleados. Que oigan a las mujeres cabeza de hogar, a las madres solteras, a las adolescentes, a las mujeres violadas, a las que les impiden practicar un aborto aduciendo problemas de conciencia, a los gays y a la población LGBTI, a los que están marchando y cantando. No solamente a los empresarios, a los políticos profesionales y a los gremios de la industria y el comercio. Pienso que nuestro indeclinable compromiso como artistas es el de ser incómodos, es el de hacer preguntas más que dar respuestas. No estamos para celebrar al poderoso sino para ponernos al lado del rebelde, de la víctima, del olvidado. Afortunadamente, el arte en Colombia nunca le ha dado la espalda a nuestra realidad: todavía Obregón nos conmueve con “La Violencia” y Francisco Norden en “Cóndores no entierran todos los días” nos recuerda los tenebrosos años de la Violencia bipartidista, tan bien puestos en escena por La Candelaria en “Guadalupe años sin cuenta”, bajo la genial dirección de Santiago García. O Miguel Torres, que inmortaliza el holocausto del Palacio de Justicia con su magistral “Siempreviva”; o Ciro Guerra y Cristina Gallego, que nos muestran cómo empezó nuestra tragedia del narcotráfico en sus “Pájaros de Verano”. Para, finalmente, llegar al sin sentido y la bestialidad de la guerra con “Monos” de Alejandro Landes. Por mi parte, la modesta contribución que me correspondió fue la de contar los convulsos años veinte en Colombia, en torno a la figura trágica de María Cano, mujer rebelde, perseguida y luego olvidada. La misma que, con una claridad que bien podría aplicarse a nuestra tarea como artistas en medio de un país tan lleno de contradicciones e injusticias, dijo: «Yo era la consciencia de un deber para con la patria esclavizada. Y por ella combatimos, no con las armas, pero sí con las ideas.» Por todas estas razones no me sentí capaz de sentarme a manteles con el presidente y la vice, que solo oyen sus propios discursos. No quería dañarles la cena. Preferí, desde el silencio y la soledad de la creación artística, mantener alerta la consciencia, avivar nuestro juicio crítico en procura de esa paz tan esquiva, para ver si algún día podemos pasar la página de un conflicto que nos desangra hace ya demasiados años. CAMILA LOBOGUERRERO»

El niño que le dio sopa y seco a los congresistas

El presidente del Senado, Lidio García Turbay, oriundo del Carmen de Bolívar, cuando el niño le pidió que lo dejara saludar a los senadores desde el micrófono de la Presidencia del Congreso, recordó que, a esa edad, él cantaba vallenatos en los buses que venían de Montería, Sincelejo, Corozal, Ovejas, Carmen de Bolívar, San Jacinto, San Juan y Cartagena. Casi se le salen las lágrimas.Entre otras cosas, llegó a ser un cantante que prometía y una prestigiosa casa disquera le ofreció un contrato para grabar un larga duración con el ya desaparecido Colacho Mendoza. Por esos designios de Dios, Lidio mandó al diablo la música y se metió de cabeza a la política.Subió como la espuma. En menos de lo que sube y baja el gallo de la gallina, ya hoy está montado en el potro que apetece todo parlamentario: presidir el Congreso de la República. Pues bien, creyendo que el niño era un tontito que con voz tembloroso daría su saludo a los honorables senadores, se hizo a un lado y le dejó el micrófono y hasta la silla. https://youtu.be/W2wWDYYltks?t=4

Carrasquilla está nervioso

En los debates en el Congreso durante esta semana se le ha visto al minhacienda Alberto Carrasquilla en muy malas condiciones, como esos boxedores que están a punto de tirar la toalla. Y es que no es para menos. Por mucha cara dura que ponga, por mucho cinismo que tenga en el cerebro, no puede tapar la realidad ante los colombianos, de que le ha tocado bailar con la más fea. Unas reformas que, como con certeza lo han dicho analistas económicos neutrales, académicos y expertos en finanzas, con las reformas el partido de Gobierno pretende devolverles la plata -y la cuota para las próximas elecciones– a quienes financiaron la campaña.   https://youtu.be/eWwo0j57Dq4?t=2

Politiquería en Universidad de Medellín

Todo parece indicar que el mismo actual partido de gobierno manda a sus anchas panchas en la Universidad de Medellín, convertida en un botín de guerra. [video width="852" height="480" mp4="http://lachachara.org/wp-content/uploads/2019/12/4-Video-pokitiquería-en-UniMedellín.mp4"][/video]]]>

Noticias relacionadas
ActualidadCrónicasDeportes

Herederos del Mundial 2026: los hijos que continúan la historia

ActualidadCrónicas

La Peregrinación de la Esperanza: Abelardo de la Espriella pone a Colombia en las manos de Dios

ActualidadCrónicasDeportes

Gustavo Puerta: de promesa juvenil a figura con Colombia en el Mundial 2026

ActualidadCrónicasDeportes

De las lágrimas a la gloria: Gonzalo Plata salvó a Ecuador ante Alemania

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *