Heriberto Fiorillo fue el primer sorprendido de la puesta en escena de la presentación de un libro de poemas en una variada y grata mezcla del arte escénico , libro ganador del Portafolio de Estímulos de la Secretaría de Cultura de Barranquilla
Por Canuto Espejo

Pochi Vengoechea, Marlon Peroza , Jorge Mario Sarmiento, Nataly Acosta , Shonny Rincón y Julián Sarmiento
Lo primero que sorprendió a la concurrencia fue la hojarasca, como para encender una hoguera o fabricar un nido grande para un gallinero bullicioso, en medio de un pianista con su piano de cola y su corbatín a lo Charles Chaplin; un gaitero de Montelíbano con el pelo alborotado como si tratara de imitar al maestro Cepeda -que estaba en tamaño natural a un costado del escenario-; una gaviota blanca de alas extendidas, hermoso cuello y la voz de un pájara que canta en la montaña y no se ve.
Y, de repente, encima de la hojarasca, apareció una ninfa morena como si se fuera a bañar con las hojas húmedas que caen de los árboles en otoño. Y, como un alcaraván mirando todo desde la cúspide de un peñasco gigante, estaba inmóvil el protagonista, el poeta, el cantor, el actor. Y a su lado, con un sombrero tejano y una guitarra que, sin que él la rasgara, parecía emitir los sonidos más sublimes.
Así fue la puesta en escena de la presentación del libro ‘Mi último refugio’, del periodista y escritor Jorge Mario Sarmiento Figueroa. Una obra ensilla, pequeña, bella y profunda, con el diseño mágico de Nina Marcela González Figueroa, las ilustraciones fantásticas de Turcios.
La noche pintaba para cosas hermosas e irrepetibles. En el escenario se sentía el aire puro del talento joven. Y es que, en verdad, todos los actores disfrutan de esos años de lozanía y ganas de volar. Con una directora artística, Nataly Acosta Guzmán, que recién superó los 20 abriles; un director musical, Julián Andrés Sarmiento Figueroa, quien acaba de celebrar sus primeros 35; una gaita y una voz del joven de los cabellos revueltos, Marlon Peroza; una bella danzarina, Shonny Rincón, con sus alas blancas y su voz de ese pájaro cantor, el cardenal, para el que no hay tiempo malo, al decir de un compositor vallenato; y el pianista del corbatín, Luis ‘Pochi’ Vengoechea, quien también hacía sentir su voz clara y nítida. Así, cada poema repartía sus líneas melodiosas por voces y música que se podían sentir en el aire frío artificial del escenario.
El anfitrión Heriberto Fiorillo apenas sonreía, al lado del periodista, escritor y poeta Julio Olaciregui, y la también escritora Adriana Rosas. No podía creer que aquel puñado de jóvenes talentosos presentaran un libro de una manera diferente, con un montaje impecable y, a la vez, con ese desparpajo contagioso del artista millenials. Y mientras la escena transcurría, la coordinadora editorial, Nira Figueroa Turcios estaba atenta a la abrumadora demanda del libro.

Jorge Mario, Katherine, Erick y Edgardo Altamar, con Rafael Sarmiento Figueroa y Boris Villa Barros.

Rafael Sarmiento Coley, Francisco Figueroa, María Mónica de Castro, Jairo Castro, Jorge Mario y Nira Figueroa Turcios.
La obra contó con el aporte de los prologuistas Andrés Salcedo González, Rainiero Patiño, Carlos Polo, Jorge Guebely, Rafael Sarmiento y Fabiola Acosta.














